sábado, 6 de julio de 2013

La Montaña más alta, la primavera tardía, y el cambio de escala

El pasado domingo 30 de junio me levanté a las 7:30 de la mañana en Covarrubias, Burgos. Desayuné, cogí mi cámara, mi sombrero de paja, las gafas de sol, saqué la cantimplora de la nevera, y salí por el camino de Mamblas, dispuesto a subir a la Muela, la montaña más alta de esa sierra. Hacía más de 10 años que no subía allí.

La Muela. La montaña más alta de la Sierra de las Mamblas. Covarrubias. Burgos.
A menos de 100 metros me encontré con algo inesperado: las lluvias y el frío de los últimos meses habían provocado el retraso de la primavera. Las cunetas del camino estaban llenas de arbustos verdes, nuevos brotes, hierba y flores. Saqué la cámara, que no había pensado usar hasta llegar a la cumbre, y empecé a hacer fotografías.






No recordaba bien la ruta y, en la primera bifurcación, giré a la derecha. Me adentré por un camino cada vez más rodeado de vegetación. La primavera estaba exultante. Seguí haciendo fotos.







Hacía muchos años que no disfrutaba de un paseo por el campo en primavera, en Covarrubias. Recordaba que la última vez que la había visto en todo su esplendor fue a finales de mayo. ¿Cómo podía haberse demorado tanto este año?




Avanzaba la mañana. Cada vez había más insectos. Me gustaba que aparecieran en las fotos, con las flores.





Cuando me di cuenta de que había cogido el camino equivocado ya eran las diez y media. Pensé que se me había hecho tarde para subir a la Muela y volver a comer con mi familia. ¿O quizá no? Volví sobre mis pasos. Traté de caminar rápido, pero no podía evitar seguir haciendo fotos.



Perseguí algunas mariposas. ¿O se dejaban perseguir ellas? Me daba la impresión de que esperaban a que me acercara y las apuntara con la cámara para revolotear otra vez y posarse unos metros más adelante, en el camino, y volverme a esperar. ¿Estaban coqueteando conmigo?



Tiré muchas fotos. Todo me parecía precioso. No me importaba no subir esa mañana a la Muela. Ya subiría otro día, a lo largo del verano, cuando sólo floreciera el tomillo y el espliego.



Llegué al camino de Mamblas de nuevo. Ya eran más de las doce. Me parecía muy pronto para volver a casa, y continué subiendo hacia la Muela durante un rato. Una máquina había pasado recientemente para ensanchar el camino y eliminar los baches habituales. Esto hacía que no tuviese apenas hierbas verdes, arbustos ni flores en los márgenes. A pesar de eso aún hice alguna foto más.




Volviendo a casa, pensé que algunas veces es más interesante el camino que la meta que nos habíamos fijado, sobre todo cuando ésta nos puede esperar durante más tiempo. 

También pensé que a veces es bonito desviarse del camino que llevamos en nuestra vida, de los planes que hacemos, aunque al principio nos pueda parecer un error, o que hayamos perdido la buena dirección. 


Y otra cosa más: que de vez en cuando es bueno alzarse sobre lo cotidiano, y mirar nuestra vida con perspectiva, desde un plano superior, como desde lo alto de una montaña, y preguntarse ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy? ¿cuánto tiempo me queda? Eso es lo que hace el replicante de Blade Runner cuando sube a la Tyrell Corporation (forma de pirámide, idea de montaña) a preguntárselo a su creador. Pero que otras veces conviene cambiar este enfoque a la escala exactamente contraria, la más pequeña. Mirar las cosas a la altura de la hierba, de los insectos, y disfrutar de los pequeños detalles, del mundo cotidiano, del día a día.

lunes, 3 de junio de 2013

Armaduras de lazo. Estructura, Geometría, Estrellas de muchas puntas y Lazos que se entrecruzan indefinidamente


Siempre me ha atraído el arte y la arquitectura de culturas desaparecidas o que no tuvieron continuidad histórica. Suelen tener el aroma de algo que quedó perdido en el tiempo, como los recuerdos del nexus 6 Roy en Blade Runner. En España tenemos algo de esto, original de este país, que me interesa especialmente. Hablo en concreto del arte visigodo, del prerrománico asturiano, del hispano-musulmán y del mudéjar. El más sorprendente, el más original, el más mestizo y el más exportado de éstos es el mudéjar, que se puede definir como un mestizaje español de corrientes artísticas cristianas (románicas, góticas y renacentistas) y musulmanas.

Armadura de la Iglesia del Convento de San Antonio el Real, Segovia.

En esta entrada voy a hablar de uno de los elementos más característicos del arte mudéjar: las armaduras de lazo, esas techumbres de madera que forman geometrías con estrellas y lazos que se cruzan. Para quienes no lo sepan, les diré que estas techumbres no son meramente ornamentales, sino que tienen función estructural, que sólo se encuentran en la Península Ibérica y en Iberoamérica, que el conocimiento del oficio se perdió en el siglo XVII debido al gusto renacentista que venía de Italia, y que ha sido necesario que pasaran casi cuatro siglos para que un arquitecto español descifrara un manuscrito de aquella época, descubierto por casualidad a principios del siglo XX e incapaz de ser comprendido completamente hasta que lo hizo él, a primeros de los años 80, y que de esta manera se ha podido recuperar el oficio y realizar la rehabilitación de cientos de armaduras de lazo que aún cubren muchos edificios antiguos. Ese arquitecto se llama Enrique Nuere Matauco, y la historia del manuscrito y de su descifrado es propia de una erudita trama novelesca.

Misma Armadura anterior. Detalle.

Conocí a este maestro hace más de 3 años. Tuve la suerte de coincidir con él en la asistencia técnica de una obra para rehabilitar una antigua corrala de Madrid. Cuando me dijeron en la oficina que íbamos a trabajar con él, y que asistiría en la obra como experto en madera, ni siquiera me sonaba su nombre. Luego mi jefe me dijo que salía en Google. Me lo enseñó. El buscador hacía referencia al ingreso del maestro Nuere en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y a su lectura de un discurso titulado Dibujo, geometría y carpinteros en la arquitectura.

No tuve mucho tiempo para charlar con él durante la obra, aunque sí de aprender mucho de sus criterios y enseñanzas sobre la madera estructural. Un día salimos los dos de la obra al mismo tiempo, y nos fuimos en metro. Le comenté que había leído en internet que tenía un par de libros publicados. Me habló de ellos lo poco que duró nuestro trayecto juntos, y me pareció interesante lo que me contó. A la semana siguiente me hice con uno de ellos y comencé a leerlo. Era éste:

Nuevo Tratado de la Carpintería de lo Blanco.
Enrique Nuere Matauco. Editorial Munilla-Lería. 309 páginas. Primera edición 2001.
Se llamaba carpintería de lo blanco a toda la relacionada con la construcción de edificios, desde el simple mobiliario a las más complejas armaduras de lacería. El libro se estructura en un prólogo introductorio que habla del manuscrito, de cómo llegó a las manos del autor y de cómo pudo descifrarlo, sigue con una historia inventada que narra las peripecias de un aprendiz de carpintero, álter ego del autor, en el siglo XVII, a modo de novela histórica didáctica, y después introduce un facsímil del manuscrito y una transcripción del mismo, con comentarios y dibujos. El libro acaba con la historia del aprendiz, que finalmente se hace maestro. Entre los capítulos de la historia inventada, Nuere introduce numerosos comentarios y dibujos, que ayudan a comprender muchos aspectos de este oficio y de algunas de sus obras más emblemáticas.

Armadura de la Sinagoga del Tránsito, Toledo.

La historia del manuscrito, que se cuenta en el prólogo, es la siguiente:

Diego López de Arenas fue un carpintero de lo blanco sevillano que escribió, a principios del siglo XVII, un manuscrito destinado a la formación de aprendices carpinteros para tratar de que no se perdiera el oficio, pues ya presagiaba su posible desaparición. Este manuscrito se titulaba "Primera y segunda parte de las reglas de la carpintería hecho por Diego López de Arenas en este año de 1619", y nunca fue publicado. Sí que llegó a publicar, sin embargo, otro segundo manuscrito, titulado "Compendio de la Carpinería de lo blanco y Tratado de alarifes", en Sevilla, en 1633. Este segundo recogía la información de los papeles que todos los carpinteros tenían en los talleres para que sirvieran de guía a los oficiales, pero que nadie había reunido aún en un compendio para que fuera difundido. Llegó a publicarse cuatro veces hasta el siglo XX, pero aún así no pudo evitar que el conocimiento del oficio se perdiera, entre otras causas por las escasas dotes didácticas del autor.

Diego López de Arenas, tal y como aparece retratado
en la edición impresa de su segundo manuscrito

Hubo también un arquitecto español, llamado fray Andrés de San Miguel, natural de Medina Sidonia, que escribió otro importante manuscrito en Nuevo México (entonces virreinato de la Nueva España), por la misma época, con el título general de "Tratados de Arquitectura", que además de la carpintería incluía otras varias disciplinas. Al parecer se conserva en Austin, está ilustrado con bellos dibujos, y tampoco fue capaz de conseguir que no se perdiera el oficio, no sé si por el mismo motivo que el de López de Arenas, por su escasa difusión o por otra razón.

Mucho tiempo después, no sé si a finales del XIX o principios del XX, un vecino de Granada fue a comprar a una tocinería, y le envolvieron los embutidos en unos papeles manuscritos. Esta persona conocía el interés del arqueólogo e historiador granadino Manuel Gómez-Moreno Martínez por los documentos antiguos, y se los enseñó. Gracias a eso Gómez-Moreno pudo recuperar el documento casi completo. Era el primer manuscrito de Diego López de Arenas, del que nadie conocía su existencia.

Armadura del presbiterio de la Iglesia de Santiago, Baza.

Gómez-Moreno era catedrático de arqueología árabe en la Universidad Central, y estudió durante muchos años el manuscrito en compañía de Antonio Prieto y Vives, con quien se encerraba en el cuarto de trabajo de su casa madrileña todos los domingos por la tarde. Gómez-Moreno trataba de encontrar en el documento los secretos del oficio, el modo por el que el carpintero era capaz de realizar las complejas armaduras de lazo, pero necesitaba un buen matemático que a la vez se interesase por el tema. Prieto, además de ingeniero de caminos, era un consumado matemático. Era sobrino de Antonio Vives, arabista y compañero de Gómez-Moreno en la Universidad como catedrático de numismática, lo que explica las aficiones del sobrino, que llegó a ser miembro de la Real Academia de Historia por sus estudios sobre numismática e historia musulmanas. Así se inició una relación que se mantuvo hasta la muerte de Prieto, poco después de la guerra civil.

A pesar de todo el tiempo que le dedicaron, el manuscrito permaneció incomprendido. El exacto conocimiento matemático de Prieto le hizo poner en duda su valor, al contener construcciones geométricas cuya inexactitud las invalidaría. Gómez-Moreno creía que tales errores podían no tener importancia para la práctica del oficio y seguía pensando que el manuscrito podía ser válido, por lo que terminaron riñendo, interrumpieron su trabajo, y suspendieron sus reuniones. El trabajo de Gomez-Moreno quedó abandonado durante mucho tiempo, y sólo poco antes de su muerte, en 1970, se decidió a publicarlo.

Armadura del Salón de Comares. La Alhambra. Granada.

Unos años más tarde Natividad, hija de Manuel Gómez-Moreno, regala a Enrique Nuere el trabajo publicado por su padre, "Breve compendio de la carpinería de lo blanco, hecho por Diego López de Arenas en el año de 1619", que incluía el facsímil del primer manuscrito. Más tarde, a principios de los 80, Nuere recibe un encargo profesional por el que se ve en la necesidad de aprender algo sobre la carpintería de lo blanco. Lee  el manuscrito y no entiende absolutamente nada. Luego lee las obras de Gómez-Moreno y de Prieto y ve la luz. La del primero le aporta una transcripción del manuscrito que facilita su lectura, y un amplio glosario de términos. La del segundo, que había publicado una obra sobre la carpintería hispano musulmana en el que describía estos trabajos, tenía la precisión suficiente como para poder entender de qué hablaba el manuscrito. Ambos trabajos fueron fundamentales para Nuere. Ya sólo quedaba resolver el final del enigma de las inexactitudes matemáticas.

Las armaduras de lazo se realizaban construyendo primero unos cartabones de madera que servían de base para la formación de las complicadas geometrías. El manuscrito da instrucciones para la construcción de todos los cartabones necesarios, pero dos de ellas, las del cartabon de 5 y el de 4,5, desarrollan cartabones con ángulos inexactos para el fin al que estaban destinados. Nuere decidió probar a construir uno él mismo y, después de hacerlo, probó qué pasaba con el resultado, y comprendíó el porqué de esa inexactitud y la escasa relevancia que realmente tenía para la práctica de un oficial de la carpintería de lo blanco.

¿Cómo lo hizo? ¿Cómo se construyen estas endiabladas geometrías? Lo siento, pero os tenéis que leer el libro.

Armadura del Mexuar. La Alhambra. Granada.

A partir de ese momento Nuere prescinde de los pasos de sus predecesores, Gómez-Moreno y Prieto. Vuelve al manuscrito original y descubre pasajes omitidos por Gómez-Moreno en su trascripción, por no haberle parecido relevantes, pero que le resultan claves para el correcto entendimiento del texto. También desecha el farragoso estudio geométrico de Prieto, que llegaba a plantearse el uso de unos cartabones cuyo manejo habría requerido en los carpinteros una capacidad matemática y trigonométrica difícil de imaginar.

El resultado de aquella investigación fue su obra "La carpinería de lo blanco, lectura dibujada del primer manuscrito de Diego López de Arenas". Después de aquello, Nuere afrontó un amplio estudio de las armaduras como aprendiz, hasta que ejecutó la prueba más exigente que se pedía en los exámenes de geométrico, el más alto nivel del carpintero de lo blanco: realizar una media naranja de grado lefe, como la del Salón de Embajadores de los Reales Alcázares de Sevilla. Bueno, no hizo la media naranja entera, sino uno de sus gajos, porque el resto son iguales, hasta completar la cúpula. De esta manera Enrique Nuere Matauco se convirtió en el primer maestro moderno de la carpintería de lo blanco, casi cuatro siglos después del último conocido. Diego López de Arenas podía descansar tranquilo en su tumba.

Armadura de media naranja del Salón de Embajadores de los Reales Alcázares de Sevilla.

En 1981 Enrique Nuere recibió el Premio Nacional de Artesanía Marqués de Lozoya por su investigación en el manuscrito. Acto seguido recibió el encargo de restaurar un conjunto de artesonados en los museos de la Alhambra. La constructora que ganó el concurso de esa obra fue la del ingeniero José Luis Aranzadi. De aquella colaboración surgió la empresa Taujel en 1984. En su página web podéis ver muchos de los trabajos de restauración y rehabilitación de estructuras de madera que ha realizado durante este tiempo.


Armadura de la Sala Capitular, Convento de San Antonio el Real, Segovia.

A las pocas semanas de empezar a leer su libro mi empresa me requirió para reforzar otra línea de negocio donde yo formaba parte importante. Tuve que dejar de asistir a aquella obra y un compañero me sustituyó. Llevé el libro allí las dos últimas semanas para pedir al maestro Nuere que me lo firmara, cada vez más interesado en ello a medida que avanzaba en su lectura, pero no volví a coincidir con él.

Unos meses después me lo encontré en un ciclo de ponencias sobre madera en el Instituto Torroja. Una de ellas la impartía él, y fue un placer escucharle, pero estaba siempre rodeado de personalidades, y no me atreví a saludarlo.

La última vez que lo escuché fue en esta charla que impartíó, titulada Intervención en Armaduras de Lazo, un Patrimonio Arquitectónico Desconocido, y compartida por los Seminarios del Instituto Torroja. En ella el maestro Nuere dice, entre otras cosas, que tras haber investigado durante mucho tiempo la tradición carpintera en Europa y en el mundo islámico, puede afirmar que la tradición de las armaduras de lazo no tiene raíz islámica, como todos pensábamos, sino visigoda, aunque adaptada el gusto islámico. Sorprendente, pero con argumentos irrebatibles, como podréis comprobar en esa charla. La arquitectura islámica no tiene esta tradición carpintera medieval en ningún lugar que no tenga influencia hispana. Sin embargo, sí que hay ejemplos en los que se puede intuir esta tradición común en otros países europeos que también fueron invadidos por otros pueblos germánicos.

Hospital de la Santa Cruz, Toledo.

Pasó el tiempo y, hace ya varios meses, me registré en la red profesional Linkedin. Al poco encontré allí el perfil del maestro Nuere, y le envié una invitación para poder tenerlo como contacto. No recibí respuesta, y pensé que quizá ya no se acordaría de mi. Sin embargo, hace un par de semanas me aceptó la invitación. Me alegré mucho, y pensé que ya tenía un buen final para esta entrada.


lunes, 29 de abril de 2013

Imagen de Madrid. Del pueblo manchego al contenedor oficial de arte, pasando por El Paso y La Movida





El pasado jueves 18 de abril asistí a la charla del Madrid Think Tank en el Colegio de Arquitectos de Madrid, Presente, Pasado y Futuro de la Imagen de Madrid. Los intervinientes eran los siguientes artistas:

Rafael Canogar.

Albert Corbí. 


Javier de Juan. 


Ouka Leele.



Se habló del Madrid del franquismo, del grupo El Paso, de La Movida, del adormecimiento actual ¿Qué se hacía antes aquí en el mundo del arte? ¿Qué hacemos ahora? ¿Por qué? ¿Hacia dónde vamos? Transcribo aquí las notas que tomé: 

Tras la presentación de José Antonio Granero, decano del COAM, comienza hablando Rafael Canogar. Es el mayor de los intervinientes, y por eso va a hablar del Madrid de antes, el que él conoció.

Cuenta que es famosa la frase de un político manchego que dijo que Madrid era un pueblo grande de la Mancha. Esa podía ser la imagen de Madrid entonces, porque había dejado de tener importancia en las artes plásticas hacía décadas. 

Recuerda que en el 51 se produjo la famosa visita de Salvador Dalí a Madrid. El teatro María Guerrero se llenó hasta la bandera. Canogar cita las célebres palabras que dijo: "Picasso es un genio. Yo también (...) Picasso es comunista. Yo tampoco". Entonces Picasso estaba proscrito en España, pero a los artistas sí les facilitaban sus libros en librerías especializadas.

En los 50 se crea el Museo de Arte Contemporáneo, con sede en el edificio de la Biblioteca Nacional. En el 55 se inaugura la galería Fernando Fe, la primera galería que expone arte abstracto en Madrid. Allí surgió el grupo El Paso. Más que la defensa de una estética aquél fue un grupo de acción. Expusieron por primera vez como grupo en la galería de la librería Buchholz. Por todos los lados se daban importantes pasos.

La Bienal de Venecia del 58 fue la consagración del grupo. Allí se reconoció a una gran generación de artistas. No sólo a los de El Paso. También a Chillida, o Tàpies. Todo el mundo se interesó por los artistas españoles. El MOMA y el Guggenheim de Nueva York se pisaban por exponer sus obras. En cualquier cita internacional de arte había un artista español. Luego llegaron las nuevas generaciones, que tenían que matar al padre para buscar su propia identidad.


Ese metal, que resplandece ardiente (Rafael Canogar, 1963)
Barcelona, en los años 50 y 60 era muy cosmopolita. En los 80 eso cambió. Tras la llegada del nacionalismo a Cataluña, Madrid la pasó por encima. 

Todo fue creciendo. Llegaron los centros culturales, fundaciones... Madrid se hace una cita obligada del mundo cultural. También llega ARCO, que es un éxito, en parte debido a las compras institucionales. Madrid se ha hecho un hueco. No le afecta el nacionalismo, pero ya no tiene la importancia que tuvo en los 60. Canogar recuerda un paseo con un personaje internacional, que se sorprendió de la cantidad de instituciones artísticas que había en la ciudad.

Ahora vivimos en un mundo globalizado, que plantea nuevos retos. Esta globalización no es entendida por ciertos políticos. Madrid ha sido una ciudad fantástica, pero últimamente han ocurrido cosas que le alarman, y que pueden dinamitar el espacio de convivencia.

Ahora es el turno de Ouka Leele. Nos dice que va a exponer un vídeo de lo que se hacía antes en Madrid, en concreto en el año 87.

Luego nos cuenta un cuento, que habla de un indio que pide la lluvia, y para ello realiza sus ritos habituales. Sin embargo, alguien se le acerca, y le dice que eso no funciona, porque pide algo que no tiene. Que desea, pero que no puede percibir. Y le dice que pruebe a hacerlo al revés: que cierre los ojos y se imagine el sonido de la lluvia cayendo, el suelo embarrado, su cuerpo empapado, su pelo mojado, el agua resbalándole por la cara, el olor a tierra mojada... El indio lo hace, y al día siguiente llueve.

Este cuento le sirve para realizar una propuesta: dar por sentado que las cosas pueden suceder, y de esta manera sucederán. Ella vive cerca de la Castellana, y se imagina que es un gran parque. Le parece un lugar espantoso, con constante ruido de coches. Le gustaría que cruzar la Castellana deje de ser como cruzar el Amazonas. ¿Por qué no humanizamos las ciudades y las hacemos más naturales?

Se construyen colegios con aspecto carcelario. ¿Alguien puede pensar que es lo mismo educar a un alumno en uno de estos colegios que hacerlo en el Instituto Italiano, por ejemplo?

A ella se la identifica con la época de la Movida. Aquél fue un movimiento sin conciencia política. Todo consistía en proponer arte. El mundo de la cultura miraba a Madrid. ¿Por qué lo hacían? Se escribieron tesis universitarias, vinieron periodistas internacionales... Les decían: qué envidia que estáis en Madrid. Hoy nadie nos envidia.

Se queja de los políticos: deberían dejar hacer a los artistas.

En el Museo del Prado hay un cuadro de Guido Reni que representa el mito de Atalanta e Hipómenes. Leyendo este mito, Ouka Leele conoció cómo aquella pareja de enamorados provocó la ira de Cibeles, que los transformó en leones, y los unció en su carro. 

Atalanta e Hipómenes, Museo del Prado (Guido Reni, 1618-19)
Para difundir el origen de los leones de la fuente de Madrid, Ouka Leele se presentó en el 87 en el despacho del alcalde, Juan Barranco, con un cesto de manzanas de bronce dorado y unos bocetos. Barranco se entusiasmó con el proyecto, y llegó a ofrecer parar el tráfico la Cibeles, algo que al final no fue necesario. La fotografía obtenida fue una de las imágenes más impactantes de su carrera, y forma parte de la historia de la fotografía.

Cuenta que los telediarios se interesaron por aquello, y que algunos periodistas se acercaron para retransmitirlo en directo.

Rapelle-toi, Bárbara (Ouka Leele, 1987)
El vídeo que nos exhibe muestra cómo se elaboraba la escenografía, el maquillaje, la puesta en escena, junto a la fuente de Cibeles, con música ochentera de la Movida, y finaliza con la imagen de Ouka Leele con un pincel, junto a la fotografía finalizada.

El siguiente ponente es Javier de Juan. Comienza hablando del Madrid de los cafés, del Comercial, del Viena, del Gijón. El arte que ellos conocían era el de Camón Aznar, hasta que llegó la generación de Canogar. Las referencias culturales en Madrid eran de los años 30. Luego vino la gauche divine, que todo lo decía en francés. Hasta se llamaba boutique a lo que realmente era una tienda. Después recuerda las salas de billares, donde se reunía con amigos, y las galerías del barrio de Salamanca: Rayuela, que fue muy importante para él, y Juana Mordó.

Cuando llegó su generación, la de la Movida, la sociedad estaba muy politizada. Corrías el riesgo de que se metieran contigo por la calle sólo por la manera en que ibas vestido. Todo eran señas de identidad  (el pelo largo, la corbata...) que te incluían dentro de un grupo político. Su generación estaba cansada, y quería romper con todo, liberarse. Querían reaccionar contra esa España tan politizada.


Era la época del Rockola. No sólo era la sala, también estaban los carteles, que inundaban toda la ciudad. También había conciertos en los colegios mayores. Se editaban revistas culturales: La Luna, Madrid de mata, Madriz.


Cartel de Alaska para el Rock-ola (Alberto Carbonero)
Él vivía en un séptimo piso sin ascensor de la calle Velázquez, porque era lo único que se podía pagar. Un día llamó alguien a su puerta. Esto no solía pasar, porque pocos se atrevían a subir 7 las plantas a pie. Cuando abrió la puerta se encontró con un hombre francés, que le dijo que le había enviado el ministro de cultura de Francia, para se informara de primera mano de lo que estaba pasando en Madrid. Este hombre había llegado a la ciudad, había apuntado los domicilios de los artistas más destacados de la Movida, y los estaba visitando casa por casa.

A mediados de los 90 Madrid se desdibuja. Se le da la espalda a la sociedad civil. Crece la administración. El dinero público entra en todo, y ellos deciden lo que se hace y lo que no se hace. Tenemos muchos contenedores oficiales de cultura. A veces es más importante el contenedor que el contenido. En España tenemos el MUSAC, el MACBA, el Reina Sofía... Hay mucho arte internacional, pero no han contribuido en nada a prestigiar el arte español para que salga afuera. 

Menos mal que ha llegado la crisis del siglo. 

Con todo esto tenemos artistas al servicio de, en lugar de creadores. Ya no quedan billares. Quedan otros Madrid. 

El problema que plantea este encuentro es el imaginario de Madrid. No sólo el nuestro, sino también el de fuera. Lo que salva a Madrid es el tejido social. Un dato: Madrid es la ciudad con más universitarios que en cualquier otro sitio del mundo. Las calles y la vida la hace quien vive en la ciudad. En Madrid tenemos varios ejemplos de revitalización de barrios llevados a cabo por los propios ciudadanos:

- Chueca. Estaba deprimido. Han sido los propios ciudadanos los que llegaron allí, montaron establecimientos y dieron vida al barrio.
- Lavapiés. Ha sido otro perfil de gente, pero tampoco viene de la administración.
En ambos casos se ha permitido que la gente tomara la iniciativa, y no se han puesto impedimentos.
- Barrio de las letras. Esto ha sido artificial, para promover el turismo.
- Fuencarral. Ha funcionado. Se comenzó a crear una calle comercial, y ha habido buenos gestores que han visto lo que estaba pasando y lo han potenciado.

De Juan piensa que cada establecimiento bien diseñado, bien llevado, es Marca Madrid.

La administración debería volver a la mentalidad de los 80: seguir las cosas que se hacen en la calle y dar los medios para que sigan funcionando. Sin embargo no es así. Nos rodean los técnicos de salón, que aportan muchos folios de estudios y de planes estratégicos que se quedan en el cajón. No hay Marca Madrid, hay normas administrativas.

Comenta que a él le han llegado multas a casa porque sus hijos patinaban en la calle. Lo compara con lo que han hecho otras ciudades que han entendido que la gente joven no debe salir de la calle. Que eso es parte de su cultura.

Habla de las naves del Matadero. Son miles de metros cuadrados. Hablaban de que se iba a fomentar en ellas la cultura de aquí, pero la gestión ha sido muy distinta. Lo que se hace realmente es alquilar las naves para que el ayuntamiento gane dinero. Las buenas intenciones se han quedado en nada.

Siempre nos quedará La Castellana. Sin embargo, la han rematado con dos nuevos hitos, uno de Jean Nouvel y otro de Santiago Calatrava. Nouvel ha realizado una acción demoledora, que ha creado un espacio residual junto al Reina Sofia. Calatrava ha hecho un obelisco fuera de escala, muy alto, finito, que parece un quiero y no puedo, un ay... Pero no se queda ahí, sino que tiene un mecanismo que hace que las barras larguísimas se muevan lentamente. El problema es que ese mecanismo es carísimo y, entonces, es casi mejor no ponerlo en marcha. La imagen es penosa.

Madrid es un criadero de políticos. Es la capital, por lo que es lógico. Pero es que hay gestores políticos que no conocen Madrid. No hace mucho estuvo en una reunión en el ayuntamiento. Allí un catalán dijo que Madrid no existía como imagen, que había que inventarla. Se levantó indignado, y se fue. 

En el año 89 estuvo en Nueva York, y alguien le preguntó cuánto ganaba. Tuvo que pararse a pensar lo que había vendido el año pasado. Pero es así, allí es lo que te preguntan. Cuando ha estado en Barcelona le han preguntado de dónde es. Y en Madrid, lo que la gente pregunta es ¿qué bebes? Y es verdad, es lo que la gente aquí suele preguntar. Él entiende que es de Madrid todo el que bebe y vive en Madrid.

Se pregunta si alguien ha buscado en Goggle las palabras Marca Madrid. Si nadie lo ha hecho, él nos va a decir lo que sale: sale el Marca, y el Real Madrid. 

Habla del Plan Estratégico de Posicionamiento Internacional de la Ciudad de Madrid 2012-2015, o lo que podríamos llamar "Marca Madrid". Dice que está colgado en internet, y tiene que repetir el título para que podamos tomar nota. Dice que casi es más largo el título que las propuestas. Son 5 líneas:
1- Innovación. La administración no entiende que la hacen los ciudadanos.
2- Incrementar la presencia de Madrid en el entorno internacional
3- Competitividad económica. Que bajen el IVA, ¿no?
4- Hacer un Madrid internacional
5- Mejorar la conectividad. Es decir, Aeropuerto. Pero si no se habla inglés, y no hay conexión con Asia.

Y la verdadera pregunta es ¿A qué va a venir la gente a Madrid?

Recuerda una exposición en el Reina Sofía sobre diseño español. No se ha tirado de ese hilo.

Habla de la revista Madriz. Se comenzó a editar en el 84-85. A él le dijeron que la revista se iba a llamar Guay, y que sería gratis. Él dijo que no iba a colaborar con una revista que se llamara así, y propuso el nombre de Madriz. Funcionó. El hombre caminando simboliza un viaje hacia el futuro. Con estas cosas sencillas se generó ciudad, tejido, a partir de cosas que hacían los que estaban aquí, los particulares.

 Pisando Fuerte. Revista Madriz (Javier de Juan, 1984)
No se está poniendo en valor lo que tenemos. Los poderes locales han de buscar lo que se está haciendo en todos los campos. Tienen que poner en valor a los grandes profesionales. Una ciudad son sus costumbres. La administración no debe regular en contra de las costumbres. Por el contrario, tiene que potenciar lo que ya existe.

Finaliza su intervención mostrando trabajos recientes sobre imágenes de la ciudad.

El último interviniente es Albert Corbí. Él no es de Madrid, vino hace muy poco. Pertenece al tipo de gente que no es de ningún sitio. Eso para él es una putada, porque carece de referencias.

Habla de la vida de mercado. De una identidad diluida. Cuando piensa en Amsterdam o en Berlín no piensa en su imagen. Existe una generación de artistas para los que la imagen es su fin. Pero para él generar una imagen es perderse en un barullo de imágenes. Él prefiere una idea vieja: trabajar por analogías. Ver cosas a través de otras cosas. Sin transparencias. Parte de principios que probablemente están equivocados. No quiere competir con la imagen de Love NY, que por otra parte le parece malísima.

El Madrid que pretendía crear una imagen de si mismo ha resultado fallido. No ha creado una imagen como residuo de lo que pasa en la ciudad. Por otra parte a veces, para crear una imagen de una ciudad, hay que levantar una arquitectura monstruosa.

Él propone, como imagen de una ciudad, la idea del libro. Cree que la ciudad, todas las ciudades, deberían configurarse como un libro que se va escribiendo. Lo contrapone con las urbanizaciones de la costa, que no tienen nada dentro, porque son meras imágenes.

Acumulación (Albert Corbí, 2013)

Finalizadas las intervenciones, José Antonio Granero hace un elogio del encuentro. Propone que este evento no se quede en un evento, sino que seamos activistas, como los activistas de la Thermomix, que van haciendo publicidad de ese aparato siempre que tienen oportunidad. Madrid sí que necesita activistas de Madrid. Hablamos mal de Madrid. No nos gusta Madrid. Sin embargo el vídeo que hemos visto hoy de la Cibeles ha sido estupendo. Sin embargo, hoy sólo puede acceder a ella el Real Madrid.

Ouka Leele dice que no hay que fabricar ninguna marca. La verdadera marca nacería de la pasión. La idea no es fabricar una marca, sino vivir. No hay que esperar la subvención. Hay que devolverle al artista su lugar. Ahora en su lugar está el comisario. Está de acuerdo con Albert en que estamos arrasados por la imagen, y propone crear una imagen de ensoñación.

Javier de Juan dice que hay que poner en valor lo que se hace aquí. La sociedad civil tiene que asumir una responsabilidad que ha dejado en manos de otros.

Rafael Canogar opina que esta ciudad no tiene nada que envidiar. Hay mucha creatividad. La oferta artística estará a la altura de lo que la sociedad necesite.

Albert Corbí dice que quizá hay que rehabilitar. Las ciudades están en un movimiento bestial. El reto que tiene Madrid es cómo superar ese nuevo espacio donde la identidad es líquida, y donde es tan difícil construir esquemas ordenados. Cree que la oferta cultural es preciosa. Que es una ciudad muy fresca. Lo que a él le parece interesante es fomentar espacios de sinergia, donde los habitantes se reúnan. Hay que evitar la soledad. Habla del origen de la democracia en el ejército griego, donde las clases sociales se reunían, charlaban y contrastaban opiniones. Le gustan unos locales que frecuentó en Berlín, en Amsterdam o en Basilea, donde se sentaba en mesas corridas y otras personas desconocidas se podían sentar con él, y establecer una conversación. En Bilbao también encontró espacios de sinergia, cuando acababa su jornada e iba a tomar algo después con sus compañeros. Esa idea de ciudad, como lugares de encuentro, es la que le seduce.


domingo, 24 de marzo de 2013

Círculos de Piedra, Círculos de Fuego.



Círculos de Piedra, Círculos de Fuego. Vida y Muerte de doña Urraca de Covarrubias.
Luis Alonso Tejada. Editorial SGEL. 327 páginas. Primera edición 2010.

Conocí la existencia de este libro a través de un artículo que se publicó en Historia 16, el verano pasado. Mi interés era doble. Por un lado mi madre nació en Covarrubias, y yo he veraneado allí muchos años, desde mi infancia. He oído hablar de doña Urraca y he pasado por delante de su torreón desde niño. Sin embargo, todo lo que allí se conoce, lo que la gente cuenta, es una leyenda sin mucho rigor. Por otro lado, soy aficionado a la historia, siempre he tenido curiosidad por la alta edad media, y me ha sido difícil encontrar una información no ya profunda, sino levemente desarrollada de la Castilla de esa época. Me gustó el artículo, y decidí comprarme el libro. Su lectura fue a la vez muy placentera y didáctica, y consiguió hacerme comprender muchas cosas de la época que ni la educación pública ni los diversos libros y revistas de historia que había leído me habían proporcionado.

Tiene un título sugerente, buena presentación, y contenido que demuestra una muy extensa documentación de buen historiador, que acude a las fuentes originales, y de buen divulgador, que explica no sólo el contexto histórico y los acontecimientos que se van sucediendo, sino también qué documentos nos hacen saber o suponer ciertas cosas, y qué le hace pensar al autor que cierto acontecimiento pudo suceder de una manera, y no de otra. Es un libro de historia y no una novela histórica. Esto ya indica mucho, ahora que la novela histórica se vende tan bien. Como amante de la historia no habría perdonado supuestos diálogos entre doña Urraca y su padre, o su sobrino. Tampoco tufillos heroicos o sentimentales.

El libro se estructura en una introducción que nos sitúa en el marco histórico del comienzo del relato (la Castilla de 912), un cuerpo central de 33 capítulos que desarrolla la historia del condado de Castilla durante el siglo X y primera mitad del XI, un epílogo sobre la memoria histórica actual de aquella época, y un anexo final en el que se adjuntan tres cuadros genealógicos, para que el lector no se pierda en la maraña de nombres y relaciones familiares de los distintos linajes de la primitiva Castilla. En el interior del libro se presenta un conjunto de cuatro hojas con planos históricos de la Castilla condal y del alfoz de Lara, y fotografías del Torreón de doña Urraca, de la iglesia de Quintanilla de las Viñas y del Panteón de la Colegiata de Covarrubias.

El Capítulo I se titula La Condesa Muniadonna en el balcón del Arlanza y, tras una cita del apocalipsis de San Juan, comienza así:
"En algún momento de finales del siglo IX, por iniciativa de Gonzalo Fernández, conde de Burgos al menos desde el año 899, el territorio de Lara se integró como alfoz en el condado de cstilla. Sobre un cerro llamado El Picón, en el extremo sur de Peñalara, en un hermoso enclave entre la sierra de Mamblas  y la del Mencilla (Demanda Occidental), levantó Gonzalo Fernández su castillo fortaleza, del que aún quedan vestigios visibles. A sus pies, la ciudad de Lara -conocida como Nova Augusta por los romanos- con su círculo de aldeas ejercía desde tiempos ancestrales -Edad del Hierro- una posición dominante sobre el espacio serrano y sobre el Arlanza medio y alto."

Vista de Picón de Lara desde Peñalara
Ruinas de la fortaleza de Picón de Lara
En el mismo capítulo, más adelante, nos presenta así a la esposa de Gonzalo Fernández:
"Muniadonna había llegado a Castilla procedente de la corte de Oviedo. Sus padres eran el infante Ramiro -hijo del rey Alfonso III el Magno- y Urraca, dama navarra avecinada en Asturias en el séquito de la reina, también pamplonesa. Varias escrituras, relacionadas tanto con Ramiro, régulo unos años en Asturias, como con su hija, nuestra Muniadonna, están suscritas por esta Urraca "regina".

En otra parte del mismo capítulo, tras el temprano fallecimiento de Gonzalo, se nos cuenta lo siguiente:
"En las inmediaciones de la capital del alfoz (...) también se divisaban las ruinas de un templo semiabandonado de factura visigótica. Se trataba de un monasterio, Santa María de Lara -hoy Quintanilla de las Viñas-, construido en los últimos años del reino de Toledo por algún poderoso magnate godo. La decoración esculpida en sus muros mostraba un escenario de fascinante simbolismo, con señales evidentes  de estar inconcluso y de haberse interrumpido la obra abruptamente, probablemente por la fatídica invasión árabe del 711.
(...)
Muniadonna tuvo el acierto de recuperar aquella joya rehabilitando el ya vetusto caserón y dotándolo de nueva funcionalidad. Reunió bajo su techo una comunidad monástica femenina, capaz de dar vida al antiguo santuario y de servir de acogida a las damas del linaje que permanecieran solteras o quedaran viudas. Consciente, además, del significado apocalíptico de la iconografía de sus relieves, dio al templo carácter de panteón condal y lo vinculó a perpetuidad al señorío de su familia sobre Lara."


Quintanilla de las Viñas desde Peñalara
Ermita de Quintanilla de las Viñas, primer panteón condal de Castilla
Friso de relieves visigodos de la ermita de Quintanilla de las Viñas.
Los círculos de piedra a los que se alude en el título
A lo largo del capítulo II el autor nos describe la estrategia de los castros o torres que protegían los vados y puentes del Arlanza. El que mejor se conserva es el llamado Torreón de doña Urraca, en Covarrubias, aunque muy transformado. Torre de vigilancia con puerta elevada, arco mozárabe, porte airoso y ligeramente piramidal. Tras la colocación de una gran techumbre en su cubierta, en una antigua restauración, más que una fortaleza defensiva semeja un enorme y alto caserón, con miradores.

Torreón de doña Urraca en un día de nieve, junto al río Arlanza
Más adelante, en el mismo capítulo, se nos habla de una sociedad estructurada en infanzones, caballeros, monjes y campesinos:
"Pronto se hizo evidente que a las grandes masas de ejército del califato sólo se les podía oponer la rapidez y movilidad de combatientes montados. Para conseguir una buena caballería ligera, el conde potenció la clase social de los infanzones, profesionales de la milicia que gozaban de un status jurídico provilegiado y del usufructo de tierras fiscales (públicas); debían acudir a la llamada siempre que eran requeridos. Paralelamente y con el mismo fin, promocionó al grupo de caballeros villanos, salidos del campesinado rural acomodado, como un escalón intermedio entre la nobleza infanzona y los simples hombres libres.
Como no hay caballero, ni infanzón sin caballo, el precio de estos animales se disparó desde un mínimo de cien sueldos de plata hasta los trescientos en algunos casos. (Una oveja valía un sueldo, y un buey, diez) En consecuencia, la cría y compra-venta de caballos se convirtió en el negocio del siglo."

El capítulo continúa contando la delicada situación política de aquella Castilla, "atrapada" entre leoneses y navarros. Finaliza diciendo cómo, tras la muerte de Fernán González, tras casi 40 años de mandato, nadie discutió el carácter hereditario del condado de Castilla y Álava, que pasó sin obstáculo a su hijo García Fernández.

El tercero nos habla de la impresionante atracción monástica de aquel momento, de los monasterios familiares y dúplices (cuya existencia yo desconocía por completo), del modelo eremítico en la sierra de la demanda castellana, y del desarrollo cenobítico en la cuenca del Arlanza:
"Precisamente la autonomía patrimonial y la exención de cargas fueron uno de los factores determinantes de la proliferación de monasterios. Al no existir una estructura eclesiástica "secular" -red de parroquias no monásticas-, las mismas aldeas y villas organizaban para su servicio pequeños cenobios cuya iglesia y hacienda eran propiedad colectiva, al menos inicialmente. Lo mismo hacían ciertos particulares, nobles o simplemente ricos, para beneficio de su familia."

Estos fragmentos son sólo unos pequeños aperitivos. Los 30 capítulos restantes no disminuyen de interés.

Como figura de fondo de todo el panorama histórico que irá desarrollando el libro, el autor se centra en doña Urraca García, primera titular del señorío-infantado de Covarrubias (creado para ella por su padre el conde García Fernández), abadesa de su monasterio dúplice, cabeza de familia tras la traición de su madre Ava y su hermano Sancho, señora de Lara, y regente del condado de Castilla durante los 10 años que duró la minoría de edad del infante García.

Caída en desgracia del nuevo conde de la dinastía navarra, Fernando I, fue asesinada en su torreón de Covarrubias a los 68 años. El autor nos desentraña los oscuros intereses señoriales y patrimoniales que motivaron su final.

Torreón de doña Urraca, de noche.



lunes, 11 de marzo de 2013

Planes Generales de Madrid. Directores de teatro y profesores de esgrima.




El pasado miércoles 27 de febrero asistí a la charla de Madrid Think Tank en el Colegio de Arquitectos de Madrid, Pasado, Presente y Futuro de Madrid desde el Planeamiento. Los ponentes eran los siguientes:

Eduardo Leira / Director PGOUM 1985 
Luis Rodríguez-Avial / Director PGOUM 1997 
José Luis Infanzón / Director Revisión del PGOUM, Horizonte 2015 
José Antonio Granero / Decano del COAM 
Carlos Lahoz / Arquitecto Urbanista, Director/Ideador MTT 
Bernardo Ynzenga / Arquitecto Urbanista 
Joaquín Mañoso / Arquitecto Urbanista


Transcribo aquí algunas notas que tomé. Creo que explican unos cuantos aspectos del pasado de esta ciudad, y plantean algunas claves de su futuro.

Eduardo Leira comienza la ponencia argumentando que en 1985 Madrid perdía población. El objetivo de aquel plan general era contener esa pérdida, y por ello se propuso rodear la ciudad con un anillo verde que acotaba las áreas urbanas. Se quería rematar la ciudad existente. Para ello, entre otras cosas, se apoyó el transporte público, algo que no mucha gente compartía entonces, y se idearon los intercambiadores, cuya terminología hizo fortuna.


En aquel momento la única demanda de vivienda que había en Madrid era la de aquellos ciudadanos que ya tenían una y querían otra mejor, debido al aumento de su poder adquisitivo. En 1975 los hogares españoles se mudaban de vivienda 1,1 veces a lo largo de su vida. En los Estados Unidos esta cifra llegaba a 7 veces. Parece ser que aquí no se previó un cambio en ese sentido. Además, entonces la vivienda usada no era un bien hipotecable en España. A finales de los 80 sí que lo sería. Esto haría cambiar muchas cosas.


Sucedió que a finales de los 80 hubo un fuerte crecimiento económico, y no había suelo para edificar. Entonces se criticó mucho que este plan no hubiera sacado suelo urbanizable. Leira contrapone esto al excesivo suelo urbanizable que sacó el plan del 97. Según él estuvo bien que su plan no sacara nada de suelo y muy mal que el del 97 sacara tanto. La consecuencia directa de esto último habría sido, en última instancia, la crisis que aún soportamos.


Después Leira realiza algunas propuestas para el nuevo plan, cuyo avance se está redactando actualmente. Estas son algunas: Rematar la ciudad del 85. Crear unas áreas de oportunidad en la ciudad, que sean más dinámicas. La operación campamento le parece algo descabellado (la mejor manera de desarrollar esa área sería protegiéndola de la A5). Rehabilitar y mejorar lo existente. Remodelar la periferia de los "Sanchinarros". Crear lugares de actividad en las estaciones del metro. Dar más incentivos e imponer menos prohibiciones. Favorecer las actividades 24/7, ya que hay mucha demanda. Reducir el número de edificios vacíos, y transformarlos en edificios de apartamentos. Peatonalizar la Gran Vía. Remodelar las líneas de la EMT, de manera que haya unas líneas secundarias que abastezcan otras principales, con nuevos intercambiadores, más amables.


El siguiente ponente es Luis Rodríguez-Avial. Dice que en el Plan del 97 se propusieron llevar al límite la edificabilidad del municipio. Por eso se sacó todo el suelo urbanizable que no se había sacado en el 85. Mucho suelo para edificar, puesto que había mucha demanda. También se propusieron operaciones estructurales con criterio de centralidad, es decir, de manera que no se volvieran a crear más barrios dormitorio dependientes de los servicios del centro. Se continuó la tarea de protección del patrimonio iniciada en el 85, pero individualizándola. Para ello se catalogaron todos los elementos susceptibles de ser protegidos. Se trataron de incorporar los criterios de medio ambiente y sostenibilidad.


Como aciertos de su plan, Rodríguez-Avial cita las instalaciones deportivas de alto nivel para los Juegos Olímpicos, la recuperación del casco antiguo, y la protección del área cultural Recoletos-Prado. Como errores, el primero, e involuntario, confiesa, el exceso de documentación y legislaciones. El resultado final fueron 4.500 planos y 35.000 hojas DIN A4. Además, esta documentación está siendo sometida a una revisión constante, como se puede ver en la última edición del compendio de las normas urbanísticas. En algunas páginas de éstas las notas a pie de página ocupan casi toda la página. Otro error que confiesa es el criterio de que los miradores no consuman edificabilidad, que ha generalizado su uso, con unos resultados estéticos bastante dudosos. Otro, la poca efectividad de la liberalización de los patios de manzana, los conocidos como patios azules.


Rodríguez-Avial hace algunos comentarios más. Dice que el planeamiento es hijo de las circunstancias políticas, legislativas y económicas del momento en que se redactan. Dice que en el 97 se acababa de pasar una crisis y que había optimismo de cara al futuro, por eso fue más desarrollista y liberal que el del 85. Sin embargo, ninguno de los dos fue efectivo contra la especulación del suelo. Lamenta la carencia de un plan regional de estrategia territorial en el momento de redactarse el plan, que hubiera dado unas directrices básicas a seguir.


Finalmente propone, para el plan de 2015, la mejora de lo existente. El planeamiento debería ser más abierto y flexible.

José Luis Infanzón está de acuerdo en que cada plan es producto de su tiempo. Las limitaciones que él encuentra en la redacción de su plan son las siguientes: La legislación, con origen en el año 56, es de carácter desarrollista (no es lo más operativo para la regeneración de la ciudad existente). La ausencia de planeamiento territorial, con directrices, por ejemplo de movilidad (tampoco debería excederse en sus competencias). Los planes generales son instrumentos poco flexibles (deberían serlo más, pero una norma tampoco puede ser un instrumento flexible). Lo fundamental es regular los usos del suelo y su intensidad.



En los próximos meses se presentará el avance del plan, donde se determinarán sólo elementos estructurales.

En un preavance de este próximo plan se realizó un diagnóstico, que consistió en un análisis del plan del 97, un diagnóstico de la ciudad existente, y unas propuestas estratégicas de la ciudad, en las que se proponen oportunidades económicas, una ciudad sostenible, y cohesionada social y territorialmente.



Se propone una mezcla de usos en la ciudad, con la idea de flexibilidad de usos, en función del impacto de la actividad, no de la actividad en sí. Unos indicadores dinámicos, que serán un sistema de indicadores de vulnerabilidad, en las zonas de crecimiento de los años 50, 60 y 70, las más desfavorecidas, que cubren un total de 146 ámbitos, 80.000 habitantes. Se buscará en ellas un equilibrio entre actividad y residencia, y una búsqueda de centralidad potencial.

También se proponen unos corredores urbanos, que formen conexiones entre espacios libres. Un posible plan director de bulevares, con presencia de arbolado y movilidad sostenible.



En la cuestión del Patrimonio, considera que ha habido un movimiento pendular. Es muy importante cambiar de visión. Ahora se pretende valorar todo de acuerdo a su valor dentro de la ciudad. En lugar de varios catálogos se hará uno único, de edificios y estructuras urbanas. Se completará con arquitectura contemporánea. La mejor manera de conservar estos edificios y estructuras es que se integren en la ciudad. La pregunta será ¿cuáles son los valores a proteger? Por ello se va a revisar todo el catálogo.



Como nota que puede dar una idea de la evolución en la redacción de los planes, Infanzón comenta que el plan del 85 se redactó en papel, el del 97 prácticamente en Autocad, y el del 2015 se está redactando con sistema GIS de cartografía.

Ahora pasamos a los comentarios y preguntas.


Bernardo Ynzenga dice que los planes generales tienen fechas de caducidad muy tempranas, para el trabajo tan ingente que suponen. Tienen contenidos excesivos y fecha de caducidad rápida. Creo que todos estamos de acuerdo.


Se comenta que un plan general debería ir a lo esencial.


Rodriguez-Avial vuelve a comentar la importancia de un plan director territorial, de nivel regional, algo con lo que Leira no está muy de acuerdo. Con un instrumento así un político no puede improvisar, como suele suceder lamentablemente, y debería ceñirse a unas directrices que se conocen. Por eso a los políticos no les gustan estos planes. Un ejemplo actual: la improvisación de Eurovegas.


Ante las críticas recibidas por la cantidad de suelo urbanizable de su plan, Rodríguez-Avial argumenta que la demanda de suelo era muy grande, y que el problema real es que la legislación obliga a urbanizar y edificar en plazos de 4 años. Admite, sin embargo, que no estuvieron finos en el tamaño de aquellos PAU. La existencia de un plan director territorial entonces probablemente le habría servido para tomar otros criterios. En cuanto a su resultado estético, no fue el responsable de la redacción de los planes parciales que los desarrollaron.


Infanzón habla de la diferencia entre un director de teatro y un profesor de esgrima, y compara ambas actitudes con la de un plan general, que se debería parecer más a la figura de un profesor de esgrima, menos controlador de todas las situaciones, más flexible y capaz de adaptarse a las circunstancias.

Se habla de la legislación. Realmente no se sabe cuál es el contenido que deberían tener los planes generales.


Ante la pregunta de cómo se debe elegir al director de un plan general, Leira comenta que tiene que ser una persona de confianza del político. Rodriguez-Avial no lo sabe, pues a él lo eligió Álvarez del Manzano sin siquiera haberlo conocido antes. Le hizo mucha ilusión, y recuerda que entonces invitó a comer a Leira para que le contara su experiencia y sus criterios. Infanzón comenta que este plan no se ha externalizado, pues lo están desarrollando desde el ayuntamiento. Comenta que su responsable político les iba haciendo preguntas, de vez en cuando, que ellos tenían que responder en un plazo determinado. Así acabaron eligiéndolo finalmente a él. Parece ser que la respuesta a una de las preguntas, que fue la que le dijeron que terminó por hacerle ser elegido como director, fue que consideraba que el planeamiento tenía que ser más flexible y su gestión más sofisticada.


Cuando salgo de la charla voy pensando que los planes generales son enormes paquidermos a los que les cuesta moverse y adaptarse, que tienen enormes consecuencias en la vida cotidiana de todos. La responsabilidad es inmensa.