domingo, 24 de marzo de 2013

Círculos de Piedra, Círculos de Fuego.



Círculos de Piedra, Círculos de Fuego. Vida y Muerte de doña Urraca de Covarrubias.
Luis Alonso Tejada. Editorial SGEL. 327 páginas. Primera edición 2010.

Conocí la existencia de este libro a través de un artículo que se publicó en Historia 16, el verano pasado. Mi interés era doble. Por un lado mi madre nació en Covarrubias, y yo he veraneado allí muchos años, desde mi infancia. He oído hablar de doña Urraca y he pasado por delante de su torreón desde niño. Sin embargo, todo lo que allí se conoce, lo que la gente cuenta, es una leyenda sin mucho rigor. Por otro lado, soy aficionado a la historia, siempre he tenido curiosidad por la alta edad media, y me ha sido difícil encontrar una información no ya profunda, sino levemente desarrollada de la Castilla de esa época. Me gustó el artículo, y decidí comprarme el libro. Su lectura fue a la vez muy placentera y didáctica, y consiguió hacerme comprender muchas cosas de la época que ni la educación pública ni los diversos libros y revistas de historia que había leído me habían proporcionado.

Tiene un título sugerente, buena presentación, y contenido que demuestra una muy extensa documentación de buen historiador, que acude a las fuentes originales, y de buen divulgador, que explica no sólo el contexto histórico y los acontecimientos que se van sucediendo, sino también qué documentos nos hacen saber o suponer ciertas cosas, y qué le hace pensar al autor que cierto acontecimiento pudo suceder de una manera, y no de otra. Es un libro de historia y no una novela histórica. Esto ya indica mucho, ahora que la novela histórica se vende tan bien. Como amante de la historia no habría perdonado supuestos diálogos entre doña Urraca y su padre, o su sobrino. Tampoco tufillos heroicos o sentimentales.

El libro se estructura en una introducción que nos sitúa en el marco histórico del comienzo del relato (la Castilla de 912), un cuerpo central de 33 capítulos que desarrolla la historia del condado de Castilla durante el siglo X y primera mitad del XI, un epílogo sobre la memoria histórica actual de aquella época, y un anexo final en el que se adjuntan tres cuadros genealógicos, para que el lector no se pierda en la maraña de nombres y relaciones familiares de los distintos linajes de la primitiva Castilla. En el interior del libro se presenta un conjunto de cuatro hojas con planos históricos de la Castilla condal y del alfoz de Lara, y fotografías del Torreón de doña Urraca, de la iglesia de Quintanilla de las Viñas y del Panteón de la Colegiata de Covarrubias.

El Capítulo I se titula La Condesa Muniadonna en el balcón del Arlanza y, tras una cita del apocalipsis de San Juan, comienza así:
"En algún momento de finales del siglo IX, por iniciativa de Gonzalo Fernández, conde de Burgos al menos desde el año 899, el territorio de Lara se integró como alfoz en el condado de cstilla. Sobre un cerro llamado El Picón, en el extremo sur de Peñalara, en un hermoso enclave entre la sierra de Mamblas  y la del Mencilla (Demanda Occidental), levantó Gonzalo Fernández su castillo fortaleza, del que aún quedan vestigios visibles. A sus pies, la ciudad de Lara -conocida como Nova Augusta por los romanos- con su círculo de aldeas ejercía desde tiempos ancestrales -Edad del Hierro- una posición dominante sobre el espacio serrano y sobre el Arlanza medio y alto."

Vista de Picón de Lara desde Peñalara
Ruinas de la fortaleza de Picón de Lara
En el mismo capítulo, más adelante, nos presenta así a la esposa de Gonzalo Fernández:
"Muniadonna había llegado a Castilla procedente de la corte de Oviedo. Sus padres eran el infante Ramiro -hijo del rey Alfonso III el Magno- y Urraca, dama navarra avecinada en Asturias en el séquito de la reina, también pamplonesa. Varias escrituras, relacionadas tanto con Ramiro, régulo unos años en Asturias, como con su hija, nuestra Muniadonna, están suscritas por esta Urraca "regina".

En otra parte del mismo capítulo, tras el temprano fallecimiento de Gonzalo, se nos cuenta lo siguiente:
"En las inmediaciones de la capital del alfoz (...) también se divisaban las ruinas de un templo semiabandonado de factura visigótica. Se trataba de un monasterio, Santa María de Lara -hoy Quintanilla de las Viñas-, construido en los últimos años del reino de Toledo por algún poderoso magnate godo. La decoración esculpida en sus muros mostraba un escenario de fascinante simbolismo, con señales evidentes  de estar inconcluso y de haberse interrumpido la obra abruptamente, probablemente por la fatídica invasión árabe del 711.
(...)
Muniadonna tuvo el acierto de recuperar aquella joya rehabilitando el ya vetusto caserón y dotándolo de nueva funcionalidad. Reunió bajo su techo una comunidad monástica femenina, capaz de dar vida al antiguo santuario y de servir de acogida a las damas del linaje que permanecieran solteras o quedaran viudas. Consciente, además, del significado apocalíptico de la iconografía de sus relieves, dio al templo carácter de panteón condal y lo vinculó a perpetuidad al señorío de su familia sobre Lara."


Quintanilla de las Viñas desde Peñalara
Ermita de Quintanilla de las Viñas, primer panteón condal de Castilla
Friso de relieves visigodos de la ermita de Quintanilla de las Viñas.
Los círculos de piedra a los que se alude en el título
A lo largo del capítulo II el autor nos describe la estrategia de los castros o torres que protegían los vados y puentes del Arlanza. El que mejor se conserva es el llamado Torreón de doña Urraca, en Covarrubias, aunque muy transformado. Torre de vigilancia con puerta elevada, arco mozárabe, porte airoso y ligeramente piramidal. Tras la colocación de una gran techumbre en su cubierta, en una antigua restauración, más que una fortaleza defensiva semeja un enorme y alto caserón, con miradores.

Torreón de doña Urraca en un día de nieve, junto al río Arlanza
Más adelante, en el mismo capítulo, se nos habla de una sociedad estructurada en infanzones, caballeros, monjes y campesinos:
"Pronto se hizo evidente que a las grandes masas de ejército del califato sólo se les podía oponer la rapidez y movilidad de combatientes montados. Para conseguir una buena caballería ligera, el conde potenció la clase social de los infanzones, profesionales de la milicia que gozaban de un status jurídico provilegiado y del usufructo de tierras fiscales (públicas); debían acudir a la llamada siempre que eran requeridos. Paralelamente y con el mismo fin, promocionó al grupo de caballeros villanos, salidos del campesinado rural acomodado, como un escalón intermedio entre la nobleza infanzona y los simples hombres libres.
Como no hay caballero, ni infanzón sin caballo, el precio de estos animales se disparó desde un mínimo de cien sueldos de plata hasta los trescientos en algunos casos. (Una oveja valía un sueldo, y un buey, diez) En consecuencia, la cría y compra-venta de caballos se convirtió en el negocio del siglo."

El capítulo continúa contando la delicada situación política de aquella Castilla, "atrapada" entre leoneses y navarros. Finaliza diciendo cómo, tras la muerte de Fernán González, tras casi 40 años de mandato, nadie discutió el carácter hereditario del condado de Castilla y Álava, que pasó sin obstáculo a su hijo García Fernández.

El tercero nos habla de la impresionante atracción monástica de aquel momento, de los monasterios familiares y dúplices (cuya existencia yo desconocía por completo), del modelo eremítico en la sierra de la demanda castellana, y del desarrollo cenobítico en la cuenca del Arlanza:
"Precisamente la autonomía patrimonial y la exención de cargas fueron uno de los factores determinantes de la proliferación de monasterios. Al no existir una estructura eclesiástica "secular" -red de parroquias no monásticas-, las mismas aldeas y villas organizaban para su servicio pequeños cenobios cuya iglesia y hacienda eran propiedad colectiva, al menos inicialmente. Lo mismo hacían ciertos particulares, nobles o simplemente ricos, para beneficio de su familia."

Estos fragmentos son sólo unos pequeños aperitivos. Los 30 capítulos restantes no disminuyen de interés.

Como figura de fondo de todo el panorama histórico que irá desarrollando el libro, el autor se centra en doña Urraca García, primera titular del señorío-infantado de Covarrubias (creado para ella por su padre el conde García Fernández), abadesa de su monasterio dúplice, cabeza de familia tras la traición de su madre Ava y su hermano Sancho, señora de Lara, y regente del condado de Castilla durante los 10 años que duró la minoría de edad del infante García.

Caída en desgracia del nuevo conde de la dinastía navarra, Fernando I, fue asesinada en su torreón de Covarrubias a los 68 años. El autor nos desentraña los oscuros intereses señoriales y patrimoniales que motivaron su final.

Torreón de doña Urraca, de noche.



lunes, 11 de marzo de 2013

Planes Generales de Madrid. Directores de teatro y profesores de esgrima.




El pasado miércoles 27 de febrero asistí a la charla de Madrid Think Tank en el Colegio de Arquitectos de Madrid, Pasado, Presente y Futuro de Madrid desde el Planeamiento. Los ponentes eran los siguientes:

Eduardo Leira / Director PGOUM 1985 
Luis Rodríguez-Avial / Director PGOUM 1997 
José Luis Infanzón / Director Revisión del PGOUM, Horizonte 2015 
José Antonio Granero / Decano del COAM 
Carlos Lahoz / Arquitecto Urbanista, Director/Ideador MTT 
Bernardo Ynzenga / Arquitecto Urbanista 
Joaquín Mañoso / Arquitecto Urbanista


Transcribo aquí algunas notas que tomé. Creo que explican unos cuantos aspectos del pasado de esta ciudad, y plantean algunas claves de su futuro.

Eduardo Leira comienza la ponencia argumentando que en 1985 Madrid perdía población. El objetivo de aquel plan general era contener esa pérdida, y por ello se propuso rodear la ciudad con un anillo verde que acotaba las áreas urbanas. Se quería rematar la ciudad existente. Para ello, entre otras cosas, se apoyó el transporte público, algo que no mucha gente compartía entonces, y se idearon los intercambiadores, cuya terminología hizo fortuna.


En aquel momento la única demanda de vivienda que había en Madrid era la de aquellos ciudadanos que ya tenían una y querían otra mejor, debido al aumento de su poder adquisitivo. En 1975 los hogares españoles se mudaban de vivienda 1,1 veces a lo largo de su vida. En los Estados Unidos esta cifra llegaba a 7 veces. Parece ser que aquí no se previó un cambio en ese sentido. Además, entonces la vivienda usada no era un bien hipotecable en España. A finales de los 80 sí que lo sería. Esto haría cambiar muchas cosas.


Sucedió que a finales de los 80 hubo un fuerte crecimiento económico, y no había suelo para edificar. Entonces se criticó mucho que este plan no hubiera sacado suelo urbanizable. Leira contrapone esto al excesivo suelo urbanizable que sacó el plan del 97. Según él estuvo bien que su plan no sacara nada de suelo y muy mal que el del 97 sacara tanto. La consecuencia directa de esto último habría sido, en última instancia, la crisis que aún soportamos.


Después Leira realiza algunas propuestas para el nuevo plan, cuyo avance se está redactando actualmente. Estas son algunas: Rematar la ciudad del 85. Crear unas áreas de oportunidad en la ciudad, que sean más dinámicas. La operación campamento le parece algo descabellado (la mejor manera de desarrollar esa área sería protegiéndola de la A5). Rehabilitar y mejorar lo existente. Remodelar la periferia de los "Sanchinarros". Crear lugares de actividad en las estaciones del metro. Dar más incentivos e imponer menos prohibiciones. Favorecer las actividades 24/7, ya que hay mucha demanda. Reducir el número de edificios vacíos, y transformarlos en edificios de apartamentos. Peatonalizar la Gran Vía. Remodelar las líneas de la EMT, de manera que haya unas líneas secundarias que abastezcan otras principales, con nuevos intercambiadores, más amables.


El siguiente ponente es Luis Rodríguez-Avial. Dice que en el Plan del 97 se propusieron llevar al límite la edificabilidad del municipio. Por eso se sacó todo el suelo urbanizable que no se había sacado en el 85. Mucho suelo para edificar, puesto que había mucha demanda. También se propusieron operaciones estructurales con criterio de centralidad, es decir, de manera que no se volvieran a crear más barrios dormitorio dependientes de los servicios del centro. Se continuó la tarea de protección del patrimonio iniciada en el 85, pero individualizándola. Para ello se catalogaron todos los elementos susceptibles de ser protegidos. Se trataron de incorporar los criterios de medio ambiente y sostenibilidad.


Como aciertos de su plan, Rodríguez-Avial cita las instalaciones deportivas de alto nivel para los Juegos Olímpicos, la recuperación del casco antiguo, y la protección del área cultural Recoletos-Prado. Como errores, el primero, e involuntario, confiesa, el exceso de documentación y legislaciones. El resultado final fueron 4.500 planos y 35.000 hojas DIN A4. Además, esta documentación está siendo sometida a una revisión constante, como se puede ver en la última edición del compendio de las normas urbanísticas. En algunas páginas de éstas las notas a pie de página ocupan casi toda la página. Otro error que confiesa es el criterio de que los miradores no consuman edificabilidad, que ha generalizado su uso, con unos resultados estéticos bastante dudosos. Otro, la poca efectividad de la liberalización de los patios de manzana, los conocidos como patios azules.


Rodríguez-Avial hace algunos comentarios más. Dice que el planeamiento es hijo de las circunstancias políticas, legislativas y económicas del momento en que se redactan. Dice que en el 97 se acababa de pasar una crisis y que había optimismo de cara al futuro, por eso fue más desarrollista y liberal que el del 85. Sin embargo, ninguno de los dos fue efectivo contra la especulación del suelo. Lamenta la carencia de un plan regional de estrategia territorial en el momento de redactarse el plan, que hubiera dado unas directrices básicas a seguir.


Finalmente propone, para el plan de 2015, la mejora de lo existente. El planeamiento debería ser más abierto y flexible.

José Luis Infanzón está de acuerdo en que cada plan es producto de su tiempo. Las limitaciones que él encuentra en la redacción de su plan son las siguientes: La legislación, con origen en el año 56, es de carácter desarrollista (no es lo más operativo para la regeneración de la ciudad existente). La ausencia de planeamiento territorial, con directrices, por ejemplo de movilidad (tampoco debería excederse en sus competencias). Los planes generales son instrumentos poco flexibles (deberían serlo más, pero una norma tampoco puede ser un instrumento flexible). Lo fundamental es regular los usos del suelo y su intensidad.



En los próximos meses se presentará el avance del plan, donde se determinarán sólo elementos estructurales.

En un preavance de este próximo plan se realizó un diagnóstico, que consistió en un análisis del plan del 97, un diagnóstico de la ciudad existente, y unas propuestas estratégicas de la ciudad, en las que se proponen oportunidades económicas, una ciudad sostenible, y cohesionada social y territorialmente.



Se propone una mezcla de usos en la ciudad, con la idea de flexibilidad de usos, en función del impacto de la actividad, no de la actividad en sí. Unos indicadores dinámicos, que serán un sistema de indicadores de vulnerabilidad, en las zonas de crecimiento de los años 50, 60 y 70, las más desfavorecidas, que cubren un total de 146 ámbitos, 80.000 habitantes. Se buscará en ellas un equilibrio entre actividad y residencia, y una búsqueda de centralidad potencial.

También se proponen unos corredores urbanos, que formen conexiones entre espacios libres. Un posible plan director de bulevares, con presencia de arbolado y movilidad sostenible.



En la cuestión del Patrimonio, considera que ha habido un movimiento pendular. Es muy importante cambiar de visión. Ahora se pretende valorar todo de acuerdo a su valor dentro de la ciudad. En lugar de varios catálogos se hará uno único, de edificios y estructuras urbanas. Se completará con arquitectura contemporánea. La mejor manera de conservar estos edificios y estructuras es que se integren en la ciudad. La pregunta será ¿cuáles son los valores a proteger? Por ello se va a revisar todo el catálogo.



Como nota que puede dar una idea de la evolución en la redacción de los planes, Infanzón comenta que el plan del 85 se redactó en papel, el del 97 prácticamente en Autocad, y el del 2015 se está redactando con sistema GIS de cartografía.

Ahora pasamos a los comentarios y preguntas.


Bernardo Ynzenga dice que los planes generales tienen fechas de caducidad muy tempranas, para el trabajo tan ingente que suponen. Tienen contenidos excesivos y fecha de caducidad rápida. Creo que todos estamos de acuerdo.


Se comenta que un plan general debería ir a lo esencial.


Rodriguez-Avial vuelve a comentar la importancia de un plan director territorial, de nivel regional, algo con lo que Leira no está muy de acuerdo. Con un instrumento así un político no puede improvisar, como suele suceder lamentablemente, y debería ceñirse a unas directrices que se conocen. Por eso a los políticos no les gustan estos planes. Un ejemplo actual: la improvisación de Eurovegas.


Ante las críticas recibidas por la cantidad de suelo urbanizable de su plan, Rodríguez-Avial argumenta que la demanda de suelo era muy grande, y que el problema real es que la legislación obliga a urbanizar y edificar en plazos de 4 años. Admite, sin embargo, que no estuvieron finos en el tamaño de aquellos PAU. La existencia de un plan director territorial entonces probablemente le habría servido para tomar otros criterios. En cuanto a su resultado estético, no fue el responsable de la redacción de los planes parciales que los desarrollaron.


Infanzón habla de la diferencia entre un director de teatro y un profesor de esgrima, y compara ambas actitudes con la de un plan general, que se debería parecer más a la figura de un profesor de esgrima, menos controlador de todas las situaciones, más flexible y capaz de adaptarse a las circunstancias.

Se habla de la legislación. Realmente no se sabe cuál es el contenido que deberían tener los planes generales.


Ante la pregunta de cómo se debe elegir al director de un plan general, Leira comenta que tiene que ser una persona de confianza del político. Rodriguez-Avial no lo sabe, pues a él lo eligió Álvarez del Manzano sin siquiera haberlo conocido antes. Le hizo mucha ilusión, y recuerda que entonces invitó a comer a Leira para que le contara su experiencia y sus criterios. Infanzón comenta que este plan no se ha externalizado, pues lo están desarrollando desde el ayuntamiento. Comenta que su responsable político les iba haciendo preguntas, de vez en cuando, que ellos tenían que responder en un plazo determinado. Así acabaron eligiéndolo finalmente a él. Parece ser que la respuesta a una de las preguntas, que fue la que le dijeron que terminó por hacerle ser elegido como director, fue que consideraba que el planeamiento tenía que ser más flexible y su gestión más sofisticada.


Cuando salgo de la charla voy pensando que los planes generales son enormes paquidermos a los que les cuesta moverse y adaptarse, que tienen enormes consecuencias en la vida cotidiana de todos. La responsabilidad es inmensa.




domingo, 24 de febrero de 2013

Antonio Miró Valverde. Arquitectura y Cine

Debió ser hacia el año 96. Yo ya llevaba tiempo quedándome en casa los lunes por la noche a ver Qué grande es el cine, el programa de José Luis Garci, la película y el coloquio, ante las protestas de mi madre, que todos los lunes me volvía a preguntar ¿esta noche también te vas a quedar? y, al día siguiente, cuando volvía de la escuela, abatido, me repetía que tenía que dormir más.

Yo aprendí el lenguaje cinematográfico viendo este programa: qué era un primer plano, una secuencia, un plano secuencia, un travelling, una puesta en escena...  Con aquellos míticos coloquios aprendí a fijarme en cómo se construían las películas.

Aquel año yo estudiaba Elementos de Composición, en la Escuela de Arquitectura de Madrid, en la cátedra de Proyectos que compartían Julián Laguna y Antonio Miró. Mi profesor era éste último, uno de los mejores y más atípicos profesores de proyectos que tuve en la escuela. Humilde, educado, amable, serio, y una excelente persona. Sin duda, el que recuerdo con más cariño.

Antonio Miró Valverde, arquitecto y profesor
Miró era ya mayor cuando asistí a sus clases. De hecho, se había incorporado a la docencia en los 80. Nacido en Madrid en 1931, había estudiado arquitectura en la escuela de Barcelona, donde comenzó su carrera profesional colaborando con otros arquitectos, como Ricardo Bofill. Luego se trasladó a Madrid, debido a su amistad con Fernando Higueras, con quien inició una relación profesional extraordinariamente creativa. Sus obras más conocidas han sido las realizadas por este tándem de personalidades tan distintas como complementarias. Los analistas de su obra coinciden en señalar que, a la excesiva y desbordante capacidad creativa de Higueras, Miró contrapuso su equilibrio, mesura y pragmatismo constructivo. Juntos construyeron la Unidad Vecinal de Absorción (UVA) de Hortaleza (1963), el Centro de Restauraciones Artísticas, actual Instituto de Patrimonio Cultural Español (IPCE), en la Ciudad Universitaria (1965), esa corona de espinas que puede verse desde la M-30, cerca de la Moncloa, y las viviendas para el Patronato de Casas Militares en la calle Alberto Aguilera de Madrid (1967-1975). Su arquitectura es orgánica, geométrica, precisa, potente y de tremenda plasticidad.


 “Centro de Restauración” (1969-70)
Dibujo de Antonio López. Lápiz sobre papel

Cubierta del IPCE. La corona de espinas.
Fernando Higueras y Antonio Miró, 1965

Viviendas para militares en C/ Alberto Aguilera
Fernando Higueras y Antonio Miró (1967-1975)

El Miró, como lo llamábamos, comenzó aquél curso haciéndonos ir a una galería de arte donde exponía un pintor moderno, joven, sudamericano y prácticamente desconocido, del que no recuerdo el nombre, y redactar un comentario crítico. Eran pinturas de formato grande, empastadas y muy alejadas del concepto clásico de belleza o composición. No entendí muy bien en aquél momento cuál era el fin de aquello. Otro día nos llevó con él a visitar el Centro de Restauraciones Artísticas, algo que sólo se podía hacer con una autorización especial. Algunos de los que trabajaban allí y hablaron con nosotros nos confesaron que estaban encantados de trabajar en un lugar así. Otro, fuimos con él a visitar el estudio de Fernando Higueras. Hablamos con él, con su jefe de taller, y vimos sus planos, sus maquetas, sus dibujos y acuarelas. Otro día visitamos el casino de Torrelodones. Vimos todas las instalaciones, hasta las cocinas. Otro, la piscina climatizada de Hortaleza, con el responsable de mantenimiento. Le hicimos un montón de preguntas, y aprendimos mucho de él. Otro, solicitó el alquiler de un autobús a la escuela, y fuimos a visitar algunas viviendas construidas por él en la sierra de Madrid, como la de Lucio Muñoz o la de Villaseñor. Otro se trajo un libro sobre las tiendas de pueblos nómadas. Recuerdo fotografías de las yurtas de los mongoles. Otros días nos daba charlas con diapositivas. Una fue sobre Le Corbusier, donde se mostraba un tanto escéptico con algunos aspectos de su obra. Era un profesor que no cuadraba para nada con la actitud general de los profesores de la escuela, ni con sus grupos de influencia. Iba por libre.


Proyecto para edificio polivalente en Montecarlo
Fernando Higueras y Antonio Miró, 1969.

Un día se trajo unos rollos de película en súper 8. Nos contó que eran dos películas documentales, breves, filmadas por él, y que nos las iba a proyectar. Ese día Laguna y sus alumnos vinieron a nuestra aula, y las vieron con nosotros.

La primera se llamaba La blanca Paloma, y era una película de la romería del Rocío, filmada en los años 60. Nos contó que aquél año unos amigos le habían invitado, y aprovechó para irse allí con su súper 8. La película comenzaba con la preparación y la salida de las cofradías. Luego iba contando, con voz en off, el día a día, las paradas, los bailes, la alegría, el camino. En una de las escenas aparecía él, bailando o tratando de conversar con una joven, no recuerdo bien. Nos contó luego que había intentado hacer algo con ella pero que finalmente no consiguió nada. La segunda era una película sobre Amsterdam, también de los 60. Aprovechó un viaje que hizo allí para filmar. Recuerdo los canales, las calles armoniosas, los piñones de las fachadas, los tejados inclinados y, sobre todo, cómo la cámara se volvía cuando una joven con minifalda pasaba cerca de él. Él mismo se reía cuando todos le mirábamos en esos momentos. Nos explicó después que la minifalda, ese año, aún no había llegado a España.



A las películas quizá les faltaba dinamismo, pero estaban bien filmadas. Los planos y las escenas estaban pensados y bien escogidos. Miró nos contó que después de filmarlas había que dedicar mucho tiempo a montar las imágenes, añadirle la voz en off y la música  Nos dijo que la película de súper 8 costaba cara y que, por eso, no podía filmar como un loco. Tenía que pensar bien los planos antes de filmar. Escoger un momento, una iluminación, montar el trípode, y mover la cámara. Como contraposición, habló del tipo de vídeos que se solían filmar entonces en los viajes, totalmente infumables.

Después Laguna habló del programa de Garci. No sólo nos lo recomendó, sino que nos dijo que teníamos que verlo, porque se aprendía mucho con él. Y no sólo de cine. En aquel programa también se aprendía arquitectura. Miró asentía.

Tenía razón. En ese programa se aprendían muchos conceptos que también se aplican a la arquitectura, igual que a todas las artes: idea, estructura, ritmo, composición, estética, desarrollo, orden, sucesión, luz, color... Era una cuestión de madurez intelectual, de poder analizar una obra y emitir juicios de valor. Se lo dije a mi madre, pero creo que no le convenció.

Como la escuela recomendaba ir cambiando de cátedra de proyectos cada año, para una formación más compleja, al siguiente me matriculé en otra diferente. Fue un gran error. Unos meses después me lo encontré. Yo salía de la escuela cuando él llegaba del metro. Creo que era el único profesor de proyectos que venía en metro. Me saludó amablemente, y me preguntó en qué cátedra estaba y qué tal me iba. Me quedé cortado, y le dije qué cátedra era y que me iba bien. Me deseó un buen año y se despidió. Luego vi cómo se alejaba, con su andar un tanto tambaleante. No le dije, sin embargo, que le echaba de menos, a él y a sus clases alternativas, que me hacían querer ser mejor arquitecto y mejor persona.


No le volví a ver, aunque me he acordado mucho de él. Me enteré tarde de su muerte, apenas sin repercusión mediática. No le pude hacer un homenaje, porque no disponía del modo. Por eso le dedico esta humilde entrada, más de dos años después.


domingo, 17 de febrero de 2013

Habitar el bosque


En la localidad sueca de Harads, cerca del río Lule, han construido un curioso hotel con vistas al valle, a sus bosques de altos pinos, y a su caudaloso río. Se llama Treehotel, el hotel de los árboles, porque sus habitaciones están situadas entre las copas de los pinos, colgadas en mitad del bosque.

No hay duda de que es una buena idea. ¿Quién no ha deseado hacerse una cabaña en lo alto de un árbol cuando era niño? ¿O retirarse unos días a un bosque, solo o con pareja? Pero como estos son suecos, no sólo se permiten construir habitaciones entre las copas de los árboles, sino que además lo hacen con diseño moderno, escandinavo. Tenía que ser así. Como podéis ver en las fotografías más abajo, las habitaciones no son cabañas de tablas de madera, al estilo Tom Sawyer, sino verdaderos habitáculos modernos, pequeños y de formas sencillas. Tienen diseños diferentes, para gustos variados:

The Cabin (Cyrén & Cyrén)

The Mirrorcube (Tham & Videgard)

The Bird's Nest (Inredningsgruppen)

The UFO (Inredningsgruppen)

La pagina web del hotel ofrece lo que ellos llaman una experiencia única: habitaciones en los árboles con diseño contemporáneo, en medio de una naturaleza inmaculada, construidas entre 2010 y 2012 por algunos de los más destacados arquitectos escandinavos. Además de las habitaciones, disponen de una sauna para doce personas situada entre pinos centenarios. Todas las habitaciones están suspendidas entre 4 y 6 metros por encima del suelo, y accesibles por rampas, puentes o escaleras eléctricas. Cada habitación es única. No sólo su arquitectura, sino también su mobiliario, lámparas y telas, han sido diseñadas expresamente. El tamaño de las habitaciones varía entre los 15 y los 30 m2, siendo las de mayor tamaño para 4 personas. Las necesidades diarias, así como la construcción, son respetuosas con el medio ambiente. Por eso utilizan aseos de combustión y lavabos eficientes. ¿Algo que objetar?

Retorno a la naturaleza. El mito del buen salvaje. Los bosques. Retiro espiritual. Diseño moderno. Respeto al medio ambiente. Son muchas buenas ideas para promocionar el hotel.

Vamos a echar un vistazo a los interiores:


The Cabin (Cyrén & Cyrén)

The Cabin (Cyrén & Cyrén)

The Mirrorcube (Tham & Videgard)

The Mirrorcube (Tham & Videgard)

The Brid's Nest (Inredningsgruppen)

The Brid's Nest (Inredningsgruppen)

Podéis ver más fotografías y consultar todo lo que deseéis, precios incluidos, en su pagina web, que podéis abrir aquí.

Parece una manera sensible y con gusto de habitar un bosque, y de explotar de manera sostenible un entorno natural, de modo que revierta en riqueza para la zona y para el país. ¿Qué diría la normativa medioambiental en nuestras Comunidades Autónomas? ¿Nos permitiría habitar entornos naturales de esta manera? Me parece que no, y puede que sea para bien. Aquí tenemos otra tradición de poblamiento

Sin embargo, a mi, personalmente, me parece fascinante la idea de proyectar habitáculos respetuosos con el medio ambiente, como los del Treehotel, en los bosques de montaña españoles, en las dehesas manchegas o extremeñas, en los acantilados de las rías altas gallegas, o en el desierto de Tabernas, por poner unos ejemplos. ¿Colgados de los árboles? ¿De los acantilados? ¿Semienterrados en el subsuelo? ¿Qué forma tendrían? ¿Con qué materiales se construirían? El ejercicio creativo puede dar mucho juego. La imagen puede ser muy poética.

¿Quién no pagaría un plus por un retiro mínimo, hermoso y moderno, en unos entornos semejantes?



domingo, 10 de febrero de 2013

Django desencadenado

Homenaje del excesivo Tarantino, apellido de origen italiano, a ese subgénero llamado Spaghetti Western, que inventó el gran Sergio Leone, que siguieron desarrollando los italianos, y en el que los españoles pusimos paisajes y mano de obra muy digna. Un subgénero mucho más cercano al gusto de masas actual que el del western clásico de los 40 y 50.

El nombre de Django hace referencia a un personaje mítico del género, solitario, callado, sin pasado, noble y con afán justiciero, creado por Sergio Corbucci en 1966 en la película Django, interpretado por Franco Nero. Rodada en Madrid y alrededores, tiene uno de los comienzos más potentes de la historia del cine, con unos planos de Franco Nero de espaldas, cubierto con una vieja casaca y un sombrero yankee, con bultos a la espalda, caminando bajo la lluvia y arrastrando un ataúd por el barro de un desierto, a través de una cuerda atada a la cintura, mientras suena la potente canción sesentera Django, del argentino Luis Enríquez Bacalov, autor de la banda sonora.




Parece que el nombre del personaje era un homenaje al gran Django Reinhardt, ese genial guitarrista gitano al que también homenajeó Woody Allen en Acordes y Desacuerdos (1999)Reinhardt tenía algunos dedos de su mano izquierda paralizados por causa de un incendio ocurrido en su casa-caravana, a los 18 años. Aún así, aprendió a tocar la guitarra usando únicamente los dedos índice y corazón. Ese fue uno de los motivos de la inmensa originalidad de su estilo. El personaje de Corbucci también sufría un percance con sus manos a lo largo de la película, algo a lo que debía sobreponerse después. Por otro lado, el protagonista también hacía referencia al personaje de Rio the Kid interpretado por Marlon Brando en El rostro impenetrable (Marlon Brando, 1961). A Río le rompían los huesos de la mano derecha para que no pudiera volver a disparar. Igual que él, Django debe disparar con las manos destrozadas al final de la película.

Prohibida originalmente en el Reino Unido por su violencia, Quentin Tarantino hace tiempo que se proclamó fan de este film. Se había basado en una de sus escenas, en la que un general le corta la oreja a un traidor, para su memorable secuencia de Reservoir Dogs (1992), mucho más pausada y elegante, al ritmo de Stuck in the middle with you. En 2007 colaboró en un remake japonés de esa película, Suriyaki Western Django, dirigido por Takashi Miike. En sus películas Kill Bill hay dos temas de Bacalov.

Su Django desencadenado no toma de esta película más que el nombre del personaje. El protagonista no tiene nada que ver con el de Corbucci, salvo su carácter reservado, noble y justiciero. Sin embargo Tarantino demuestra su maestría haciendo algunos guiños a la película italiana. La suya comienza con el mismo tema musical, Django, de Bacalov, y más adelante nos saca un estupendo cameo de Franco Nero, muy bien traído.



Western original, como todas las películas de Tarantino, que no inventa, pero que se sale de caminos trillados. Este hombre sabe hacer guiones nuevos, divertidos y frescos. Tiene buena estructura, ritmo, mantiene la tensión, es ágil y, aunque puede que le sobren unos minutos, se sigue sin perder interés. La película mezcla, entre otros elementos, la esclavitud, unos cazarrecompensas, una leyenda germánica, luchas mandingas, algo de música rap, el habitual diálogo absurdo y cómico (quizá más estúpido de lo que habría sido necesario, supongo que con intención), planos con profundidad de campo, rápidos zooms, lentos movimientos de cámara, secuencias rápidas, tiros y violencia en las dosis esperadas, momentos de amor, las Montañas Rocosas nevadas, los obligados paisajes áridos, y plantaciones y haciendas sureñas.

Los paisajes nevados de una parte del comienzo me recordaron la escenografía de El Gran Silencio (1.968), otro buen spaghetti de Corbucci, y lo entiendo como otro guiño de Tarantino a sus referencias. Por lo poco habitual en el género, esos paisajes nevados también me recordaron imágenes de Las Aventuras de Jeremiah Johnson (Sydney Pollak, 1972), donde también había un maestro que enseñaba su sabiduría a un joven.

Por último, la película es una dura crítica al racismo y a la esclavitud.

Estupendo Christopher Waltz, en el extraño papel de King Schultz, alemán en el Oeste, dentista cazarrecompensas, y Hércules liberador de Prometeo (el esclavo Django), a la vez que su maestro y protector, con impecables valores éticos. No está muy claro si el protagonista es Django o él mismo. Muy bien Leonardo Dicaprio como el malcriado hacendado y sin escrúpulos Calvin Candy, y genial Samuel L. Jackson, irreconocible, como esclavo faldero que ha asimilado los valores de sus amos, en un papel estupendo.

Muy buena fotografía. Secuencias logradas y, como no, estupenda música que acompaña como un guante, como sólo Tarantino y alguno más (Sofía Coppola, Wong Kar Wai) saben hacer.

Pero, a pesar de todas estas notas positivas, encuentro fallos. Los personajes están bien construidos, pero son un tanto planos y estereotipados. Muy buenos, muy malos, o muy tontos. Les falta complejidad. Como excepción, los papeles más interesantes de Samuel L. Jackson y de Laura Cayouette como hermana de Candy. La dirección artística no me convence en algunas escenas, donde le falta veracidad, suciedad, realismo. Los diálogos son buenos, pero más numerosos y explicativos de lo que hubiera deseado, y no tan escasos, certeros y concisos como cabía esperar de un buen spaghetti. Explica demasiadas cosas que se podrían haber resuelto con un buen plano, con elipsis, con pocas palabras. Algunos planos (pocos) son reiterativos (ya me había dado cuenta, Quentin). El final es convencional, y se alarga más de lo necesario.




domingo, 3 de febrero de 2013

Carlos Hurtado Casanova

Cuenta la leyenda que cuando Cristóbal Colón volvió de su primer viaje a lo que él creía las Indias, cargado de plantas y animales exóticos y hablando de las nuevas tierras descubiertas, los aristócratas españoles, envidiosos de su hazaña, comentaban entre ellos que no había sido para tanto. Tan sólo había que haber navegado hacia el oeste para conseguirlo, decían. Una vez uno de ellos se lo echó en cara delante de un grupo de personas. Colón, tranquilamente, le retó a que consiguiera poner de pie un huevo encima de la mesa. El aristócrata lo intentó, pero no fue capaz. Entonces Colón cogió el huevo y, apoyándolo suavemente de pie, le dio un ligero golpecito contra la superficie, de manera que el huevo permaneció de pie ante la vista de todos. ¡Eh!, exclamó el aristócrata, así yo también lo puedo hacer. Claro, respondió Colón, Pero lo importante no es hacerlo, sino ser el primero.




Parece ser que esta leyenda no tiene mucho que ver con la historia, salvo el fondo. La metáfora del huevo de pie encima de la mesa, como algo que aparenta tener mucha dificultad, pero que resulta fácil al conocer su artificio, como lo define la RAE, hacía mucho tiempo que se conocía cuando se le atribuyó a Colón. Simplemente se ajustó como un guante a la hazaña del genovés y se asimiló a su biografía.

Viene esto a cuento por un artículo del diario El País que leí por casualidad el pasado miércoles 30 de enero, y que recoge también este artículo de su edición digital, sobre la cubierta textil y retráctil patentada en 1999 por el arquitecto español Carlos Hurtado Casanova, para cubrir la plaza de toros de Las Ventas.

La imagen de la cubierta de 16 toneladas caída sobre la arena de la plaza tras una prueba de carga había dado la vuelta al mundo unos días atrás. Como se podía leer en este otro artículo de la edición digital de El Mundo, la cubierta diseñada por la empresa francesa Cedetti estaba formada por una estructura de 60 vigas de celosía de aluminio de 55 metros, pesaba 160 toneladas, se había fabricado en Estrasburgo y traído a Madrid en 30 camiones. Como no era retráctil, su idea era desmontarla cuando llegara el buen tiempo, y volverla a montar el próximo invierno.

Cubrir un espacio circular siempre ha sido una tarea difícil en el mundo de la arquitectura, que se ha venido resolviendo con cúpulas más o menos pesadas desde tiempos de los romanos, o con grandes carpas de lona desmontables como la de los circos ambulantes, con un gran mástil central. 

La idea patentada por Hurtado Casanova para cubrir la plaza de las Ventas se basaba sin embargo en un mecanismo tan sencillo como el de la bolsa de pan, un elemento tradicional de las cocinas españolas hasta que fueron sustituidas por bolsas de plástico y paneras. Consistía en una bolsa de tela con una boca por donde se hacían pasar dos cuerdas, que salían por extremos opuestos. Cuando la bolsa se abría las cuerdas se embebían en la boca. Cuando las cuerdas se estiraban la bolsa se cerraba.




Mi abuela tenía siempre una bolsa como esa en su cocina. Yo también tengo una desde hace unos años, que uso a diario para meter y sacar las barras. Y nunca se me había pasado por la cabeza que un mecanismo tan sencillo pudiera utilizarse para cubrir una plaza de toros.

En este video el arquitecto expone su maqueta en funcionamiento, y explica la idea de la bolsa de pan que le sirvió de inspiración. Me pregunto, después de haberlo visionado y haberme convencido totalmente, qué tipo de elemento textil usa, si es impermeable, si puede disponer algún elemento que permita un aceptable aislamiento térmico, si recoge el agua de lluvia en el perímetro, y qué tipo de acabado puede tener, tanto superior como inferior. Supongo que esto ya estaba resuelto en una mente que ha realizado una maqueta así, y que puede haber unas cuantas soluciones óptimas a estas preguntas.

Qué sencillo, ¿no? Y qué cotidiano. Parece ser que no había que haberse ido muy lejos, ni haberse gastado tanto dinero, ni pensado en montar y desmontar 160 toneladas de material cada temporada. Ahora parece muy simple, como demostrar que a las Indias se llega antes por el oeste.

Desde aquí mi más sincero homenaje a este arquitecto, heredero de los grandes hombres del renacimiento.



domingo, 27 de enero de 2013

Rayos-C brillando en la oscuridad

Como todos los aficionados al cine debéis saber, en la película Blade Runner (Ridley Scott, 1982), el nexus 6 Roy (Rutger Hauer), perteneciente a la última y más perfecta generación de replicantes, programada por ello para una corta vida (Padre, ¿Cuánto tiempo me queda?), pronuncia las siguientes palabras antes de morir: 

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como... lágrimas en la lluvia. Es hora de morir. 



Estas frases son unas de las más famosas de la historia del cine.

El título de este blog pretende hacer  un homenaje a esta película, a la capacidad de evocación de las palabras, y a la memoria perdida de los hombres. Y de los replicantes.

Yo no he visto cosas tan maravillosas como el nexus 6. Sin embargo, sí que he disfrutado de imágenes, espacios, textos, artes y arquitecturas que me gustaría compartir en este blog, junto con algunas reflexiones sobre ellas. Espero que le puedan interesar a alguien, y que así no se pierdan en el tiempo.




¿Rayos-C brillando en la oscuridad? ¿La Puerta de Tannhäuser? Como dirían en mi escuela: eso también es Arquitectura.