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domingo, 26 de julio de 2015

Francis Chapelet y el Órgano de Covarrubias.


Al final de mi entrada de febrero pasado, Francis Chapelet, el Organista (ver aquí), planteé algunas preguntas sobre la relación de Francis Chapelet con el Órgano de Covarrubias, el más antiguo de Castilla que sigue sonando, sobre cómo lo descubrió, si lo restauró entonces, y sobre lo que pudo pasar después, con el paso del tiempo y el sucesivo desprendimiento de Francis Chapelet respecto del órgano, y su alejamiento de Covarrubias. Las planteaba porque, entre otras cosa, yo mismo desconocía las respuestas.


Órgano de la Colegiata de Covarrubias


Recurrí entonces a unas revistas que se estuvieron editando en el pueblo durante varios años, "Ecos de la Villa", se llamaban, que publicaban todo tipo de temas relacionados con Covarrubias y sus gentes, que recibían mis padres por correo cada tres meses, y que guardaban amontonadas en casa. Las estuve revisando, y cogí tres que tenían la información que buscaba. Esta es la transcripción de las intervenciones que cuentan la historia que andaba buscando.


Rejería de acceso al pórtico de la Colegiata.


En una de las cartas de alguien del pueblo que firma como Lucas, y en la que parece que contesta a una polémica sobre el supuesto "descubrimiento" del órgano por parte de Francis Chapelet, se cuenta que el órgano siempre había estado en uso. Dice que en 1.936, poco antes de la guerra, Miguel Fleta cantó la Salve en la Colegiata, acompañado al órgano por el entonces organista Isidoro Alonso. Que muchas otras veces, Santiago Juarros también cantó la Salve acompañado por Isidoro al órgano. Que los colegiales, entonces, se peleaban por dar a la palanca del fuelle para que Isidoro pudiera interpretar, entre otras, la "Alborada Gallega", que gustaba mucho en el pueblo.


Entrada a la iglesia


Cuenta que los del pueblo siempre fueron conscientes del valor del órgano y que en el año 1.942 se incendió la Colegiata, y las grandes campanas del lado norte del campanario se desprendieron. Una cayó en el centro de la iglesia y hundió la bóveda. La otra quedó sobre el coro, y todos dieron gracias a Dios porque se hubiera salvado el órgano.


Pasarela de acceso al órgano, sobre la entrada


En otro número de la revista, Antonio Mediavilla Ruiz, natural de Quintanar de la Sierra, escribe que el verdadero "redescubrimiento" del órgano de Covarrubias tuvo lugar en agosto de 1.958 por Francis Chapelet y él mismo, y que ese año se hizo la primera afinación.


Interior de la Colegiata de San Cosme y San Damián, Covarrubias, siglo XV


Dice también que el primer disco de Francis Chapelet en el órgano se grabó en 1.963, y dio a conocer el pueblo a muchos aficionados que acudieron a Covarrubias para ver el órgano y el pueblo.


Capilla del Santísimo, atribuida a Juan de Colonia


Cuenta que en la primera mitad del siglo XX se habían hecho algunas reformas poco afortunadas, como la del teclado, que era de armonio de 4 octavas completas, y que los tirantes de los juegos tenían botones de cerámica, que eran muy feos. Parece ser que todos los órganos pequeños de Castilla anteriores al siglo XIX son de octava corta y de 45 teclas y por eso, cuando a principios del siglo XX se puso el teclado de armonio al de Covarrubias, los 4 primeros sostenidos estaban acoplados a los sostenidos de la octava superior.


Vista de las naves, desde el lado del evangelio


También cuenta que en 1.965 Francis Chapelet compró, con su propio dinero, un ventilador eléctrico de órgano que aún funciona, con su caja de regulación y los dos primeros grandes tubos Do y Re de la trompeta real bajo que faltaban de dicho juego.


Capilla del Carmen


Luego, en 1.967, el párroco de entonces, don Rufino Vargas, decidió hacer una restauración parcial del órgano: tubería y teclado. Se puso en contacto con Francis Chapelet y ambos decidieron que fuesen los organeros Pierre Cheron y Patrice Bellet los que realizarían las obras.


Pila bautismal, románica, siglos XI-XII


También se restauraron todos los tubos interiores y los de la fachada, flautado y trompetería exterior, se añadieron tubos nuevos para completar los desaparecidos de la címbala izquierda, y se restableció la fila de tercera de corneta, la que da el sonido propio de una corneta.


Sepulcros, estilos gótico y plateresco.


Acaba contando que el órgano de Covarrubias se había construido a mediados del siglo XVII. En 1.700 el organero Diego de Orio Tejada restauró el instrumento, añadió 3 canales más al secreto, que constaba sólo de 42 notas, y colocó la trompetería horizontal, una de las más completas de Castilla en su época, y tal vez la más completa.


Detalle: Anunciación, estilo plateresco


El secreto, con sus 350 años, nunca ha sido restaurado y está muy deteriorado. La restauración siempre ha estado prevista y anunciada, pero siempre ha sido diferida. 


Leyenda del sepulcro


Cuya ánima esté en gloria.


Finaliza su escrito diciendo que durante el período que transcurre entre 1.959 y 1.995, Francis Chapelet mantuvo él solo este órgano: mecánica y afinación general, llenos y trompetería, al menos una vez al año, y a veces dos. Su tono parece de enfado.


Sepulcro gótico 


El último escrito de interés sobre el órgano es de 2.008, lleva la firma de Venancio Díaz, y cuenta lo siguiente:


Detalle.


Dice que el órgano de Covarrubias había ido languideciendo lentamente desde el siglo XVIII, pero en 1.963 comenzó una segunda vida. Cuenta que fue entonces cuando Fracis Chapelet visitó Covarrubias y se dio cuenta de que estaba ante una obra maestra de la organería. Sólo le faltaba una reparación a fondo para que sonara casi como en los viejos tiempos. Fue él quien acometió la reparación, que no una restauración, ayudado por amigos y vecinos, y por don Rufino, el párroco de entonces. Deja claro que no fue una restauración, ni tampoco supuso un gran coste.


Leyenda del sepulcro


Cuyas ánimas estén en gloria.


La reparación consistió básicamente en la eliminación de las fugas de aire, ajustes mecánicos, armonización y afinado, y retoques en el mueble. Esto fue suficiente para que Chapelet pudiera grabar un disco con música de autores españoles de la época en la que fue construido el órgano, como Antonio de Cabezón. La calidad del disco fue tan alta que ganó el Gran Premio Europeo de la Academia Charles Cros de 1.964. Fue el primero que se realizó con un Órgano Ibérico Castellano, y supuso un gran empujón para el conocimiento de la historia de nuestra música.


Sepulcro plateresco


Poco a poco, en casi una década, se fueron añadiendo pequeños retoques, como un nuevo teclado, hasta que quedó el órgano en muy buena forma.


Detalle


El campanazo del disco y del premio hizo que muchos músicos, técnicos y entendidos del órgano de muchos países acudieran a Covarrubias a partir de esos años a los conciertos de Chapelet y de otros muchos organistas. Hubo un gran ambiente en aquellos conciertos, que se prolongaron durante muchos años, y que se llenaban siempre de un público entusiasta.


Detalle


Pero hace ya bastantes años, cuando aún era párroco don Javier Gómez Oña, al finalizar un concierto, Chapelet dijo que el órgano estaba comenzando su declive, y que de no restaurarlo agonizaría lentamente.


Leyenda del sepulcro


Cuya ánima Dios tenga en la gloria.


La Junta de Castilla y León intentó incluirlo dentro de las restauraciones del año 2.000, pero no lo terminó haciendo entonces, ni tampoco después. La enorme flojedad del órgano quedó reflejada para el articulista de un concierto, el 7 de Julio de 2.006, donde el pobre órgano aguantó muy mal un tema a cuatro manos, porque al parecer ya no podía casi ni con dos. 


Vista de las naves desde el lado de la epístola


De todas formas nuestro organista, Nicolás, que tan bien conoce el órgano, no se ha rendido, y ha podido, salvando todos los obstáculos, seguir tocando en las misas mayores.


Sepulcro de Fernán González, primer Conde independiente de Castilla, en el lado del evangelio del presbiterio.
El de su esposa doña Sancha se dispone simétrico, en el lado de la epístola.


En mayo de 2.006 el párroco de entonces, don Emiliano García Esteban, se hizo eco de la inquietud de muchos aficionados a la música de órgano, y escribió una carta al Director Social de Caja Burgos, reclamando su ayuda para que la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León programara una restauración completa del órgano. En esa carta hablaba de los graves problemas técnicos del instrumento, de su importancia en el mundo de la música y de la repercusión social que su restauración tendría en el pueblo.


Vista del coro desde el presbiterio


El 12 de abril de 2.007 la Comisión Ejecutiva de la Fundación del Patrimonio dio luz verde a la restauración del órgano, con un convenio previsto con la Colegiata en la que ésta correría con un porcentaje de los gastos.


Coro y órgano


En su artículo, Venancio Díaz llamaba a los vecinos a hacer un esfuerzo económico para recaudar entre todos parte del dinero. Esperaba la reinauguración del órgano con un magnífico concierto lleno de gente, con Francis Chapelet, con Nicolás Renes y con Patxi García, todos felices con el resultado de la restauración. Proponía también conseguir que Chapelet grabara otro disco una vez estuviera restaurado.


Órgano y rosetón


Finalizaba el artículo contando que el 13 de julio de 2.008, en Misa Mayor, se volvieron a escuchar las notas, sonidos y registros del magnífico y maltrecho órgano, mantenido gracias a los desvelos de Nicolás y Patxi, y que a pesar de los siglos transcurridos, aun se esforzaba por complacerle en agradecimiento a quien hace 50 años le rescatara del olvido, consiguiendo que este excepcional instrumento recuperase el esplendor que tuvo en tiempos pasados; mostrando sus virtudes por todo el mundo, y consiguiendo con él varios discos de oro.


Nicolás Renes al órgano. Aún lo toca, y lo mantiene.


Era Francis Chapelet, que había venido a recoger la cereza de oro que le había concedido ese año el Centro de Iniciativas Turísticas de Covarrubias. Chapelet agradeció la distinción que recibía con orgullo, y que admitió que no se lo esperaba, por lo que le supuso una grata sorpresa, y anunció que en breve se procedería a la total restauración del órgano. Ese era el final del artículo.


Esperando al organista


Todas esas esperanzas que planteaba Venancio en su artículo se fueron al traste con la crisis, y no volvieron. El órgano sigue languideciendo lentamente.


Cassette de un disco de Francis Chapelet grabado en el órgano de Covarrubias, copyright de 1966, que tenían en su casa de Barcelona los padres de mi pareja,
y que amenizó nuestra cena de Navidad el año pasado, a petición mía.


Y ahora, por fin, me explico aquel tono de enfado de Chapelet en el concierto del 12 de octubre del año pasado.


No me digan que los títulos de los temas no resultan evocadores.


Y también me explico ahora por qué en Covarrubias todos los mayores saben cantar, y lo hacen tan bien, y les gusta tanto la música, y el baile. Es algo que viene de lejos, de muy atrás, seguramente, pero también de ese órgano del siglo XVII y de toda su trompetería, de los conciertos y coros que se celebraron con él, de todos los que lo han tocado desde entonces, y de su descubridor al resto del mundo, el que le dio su fama moderna, el maestro organista Francis Chapelet.


¿Dónde se ha ido?


Finalizo esta entrada con el comienzo de la leyenda de Maese Pérez, el Organista, de Gustavo Adolfo Bécquer, que ya comenté que había leído a los veinte años, deseando que sus palabras no lleguen nunca a pronunciarse a la salida de la Colegiata de Covarrubias, refiriéndose a su órgano, y a su organista:


Atrio de la Colegiata de San Cosme y San Damián


(...)
Nada menos prodigioso, sin embargo, que el órgano de Santa Inés, ni nada más vulgar que los insulsos motetes que nos regaló su organista aquella noche.
Al salir de la Misa, no pude por menos de decirle a la demandadera, con aire de burla:
–¿En qué consiste que el órgano de Maese Pérez suene ahora tan mal?
–¡Toma! –Me contestó la vieja–, en que ese no es el suyo.
–¿No es el suyo? ¿Pues qué ha sido de él?
–Se cayó a pedazos de puro viejo, hace una porción de años.
–¿Y el alma del organista?
–No ha vuelto a aparecer desde que colocaron el que ahora le sustituye.


¿Y el alma del organista?






domingo, 1 de febrero de 2015

Francis Chapelet, el Organista


Desde pequeño he oído hablar, en Covarrubias, Burgos, de lo bien que tocaba el órgano de la Colegiata Francis Chapelet. Toda mi familia lo había oído menos yo, que era el más pequeño, y contaban maravillas de él.

Durante mucho tiempo sólo supe que esta persona era un organista francés que había ido por allí hacía tiempo, que le había gustado mucho el órgano, y que llegó a grabar varios discos con él.


Covarrubias, un día de verano.

Preparando esta entrada he encontrado esta corta publicación del diario El País, de 1.982, que hace referencia al concierto que dio aquel año en la Colegiata del pueblo, con motivo de lo que ahí llaman el 25 aniversario de la restauración del órgano, lo que no es tan cierto, como ya explicaré. Yo entonces tenía 8 años, y no me enteré de nada.

Hasta los veinte años yo sólo oía el órgano los domingos de verano, semana santa o navidad, cuando estábamos en Covarrubias y la asistencia a misa era prácticamente obligatoria. Lo tocaba, y lo sigue tocando, un músico del pueblo, Nicolás Renes. Me gustaba especialmente el aire solemne, místico y colorido que le daba a la misa. Era algo que echaba en falta cuando alguna vez tenía que escuchar misa en otra iglesia.

Pueden hacerse una idea de la complejidad del instrumento que aún toca en las misas mayores don Nicolás en este repotaje de minuto y medio de Televisión Española.


Colegiata de Covarrubias, un día de Semana Santa, nevando.

De adolescente pasaba todos los meses de julio con mi abuela, en el pueblo. Ella me cuidaba y yo la ayudaba en algunas tareas, y la hacía algo de compañía, hasta que mis padres y tíos venían en agosto. Recuerdo que un día, al subir a la cocina de su casa a comer, me dijo:

 —¿No has visto al Chapelet?
 —¿Al Francis Chapelet? ¿Dónde?
 —Por el puente, iba hacia el pueblo mientras tú venías.
 —Pero si no sé ni cómo es, nunca lo he visto...
 —¿Nunca lo has visto? Con lo bien que toca el órgano... ¿Cómo te digo yo?

No recuerdo la manera en que me lo describió, pero sí, y perfectamente todavía, cómo era uno de los hombres que me había cruzado por el puente, de entre los que pude hacer memoria en ese momento, y que quise pensar que podría haber sido él, hasta que comprobé que la descripción que me estaba haciendo no coincidía para nada con su aspecto.


Me había cruzado al maestro Chapelet caminando por el puente, un día de julio, y no supe quién era.

La verdad es que entonces yo no tenía ningún interés por el órgano. Me gustaba el sonido de la trompetería, pero la música me resultaba aburrida. Lo que realmente me gustaba hacer en Covarrubias era jugar en las eras, bañarme en el río, ir a todas partes en bici, hacer excursiones por los alrededores, y pasar las horas muertas con mis amigos del arrabal de san Roque. Eso, y ayudar a mi familia en recados y en tareas del campo, era todo lo que hacía aquellos largos veranos.

Unos años después dejé de ir a misa los domingos, ante la resignación de mi abuela, que no entendía que me gustara más irme con la bici a cualquier lugar. Ella murió cuando yo tenía diecinueve, un día de agosto, en un banco del arrabal de san Roque, enfrente de su casa, mientras mi madre y ella me esperaban para comer.


Cielo de Covarrubias, una noche de agosto.

Después de los veinte, más o menos, empecé a asistir a los conciertos de órgano que organizaban en la colegiata los fines de semana de agosto. De entrada libre, eran una manera de hacer algo más elevado que la fiesta nocturna continua en la que había acabado derivando nuestra intensa actividad veraniega. Recuerdo dejar una tarde a mis amigos hablando en un bar del pueblo para irme solo a escuchar el órgano. En ninguno de aquellos conciertos tocó Chapelet.

En este vídeo podéis escuchar un fragmento de concierto en el órgano de Covarrubias, como los que solía escuchar entonces, a cargo en este caso de Alberto Iglesias González, organista de Cantalapiedra, en Salamanca.




También por esa época leí Rimas y Leyendas, de Bécquer. Una de éstas se llamaba Maese Pérez, el Organista, y contaba la historia de un hombre muy mayor y místico al que lo más selecto de la sociedad de Sevilla iba a oír tocar el órgano en la misa del Gallo, en una pequeña iglesia de la ciudad, para escuchar su música compuesta para la ocasión, que describía con frases y metáforas exaltadas, como de "mil himnos celestiales a la vez, que al confundirse formaban torrentes de arrolladora armonía". La unión mística del organista con la divinidad provocaba unos hechos prodigiosos, que contrastaban con la realidad ruinosa del lugar que había presenciado Bécquer.

Pero pasó el tiempo, comencé a trabajar, dejé de pasar aquellos larguísimos veranos en Covarrubias, y no volví a saber nada de Francis Chapelet durante muchos años. Me llegué a olvidar completamente de él, hasta hace unos meses.

Como todos los años, fui un fin de semana de octubre a Covarrubias a ayudar a mis tíos y mis padres a vendimiar, y hacer vino. Ese sábado mi tío Pablo, buen cantante y de buen oído musical, nos dijo que no podíamos acabar tarde, porque Chapelet daba un concierto a las ocho. Al principio pensé que estaba bromeando, como suele, pero luego nos lo confirmó, totalmente en serio. Muchos recuerdos se agolparon en mi cabeza.


Vendimias, en Covarrubias, un día de Octubre.

Esa tarde teníamos poco que vendimiar y llegamos pronto a casa. Me duché, me cambié de ropa, cogí mi vieja cámara compacta, la única manejable para tirar alguna foto mientras se vendimia, y me fui a la Colegiata. Este era el cartel que colgaba en la puerta:


Era él

El concierto no era a las ocho, sino después de la misa de siete, y ya había comenzado cuando llegué. No pude escuchar la obertura improvisada, ni hacerme con el programa, que tenía un apunte biográfico, pero lo encontré días después, en internet:


"Uno de los primeros protagonistas del renacimiento del órgano histórico español,
especialmente en Castilla y León, iniciando su andadura en Covarrubias."

Había mucha gente para ser un sábado de octubre que no era puente. Mi tío Pablo ya estaba allí, sentado cerca del coro. No había sitio ahí, pero sí en los bancos de la nave. Yo no me quise sentar. Me acerqué al coro, y miré hacia el órgano.




Era la mejor música que había oído nunca sonar en él. Me pareció de un gran virtuosismo.


Francis Chapelet, el 11 de octubre de 2015, tocando el viejo órgano de la Colegiata de Covarrubias

Anduve un poco por la Colegiata, quería captar algo de ese momento de exaltación mística. Realmente era tan bueno como había oído decir desde pequeño.


Bóvedas góticas, música barroca

Después de cada tema había muchos aplausos. Yo aplaudía como el que más.




Al finalizar uno de los últimos temas, después de los aplausos, Chapelet se levantó, caminó por la tribuna, y se asomó hacia la nave. Se hizo un silencio, y comenzó a pronunciar, en perfecto castellano con acento francés, y con un tono serio, incluso de enfado, más o menos, según puedo recordar, estas palabras:

Este órgano fue construido en el 1.600 (siglo XVII). Luego, en el 1.700 se adaptó al gusto barroco, y se añadió toda la trompetería horizontal, ésta que ven aquí. Es una pieza única. Desde entonces no ha sido restaurado. Su estado de conservación es crítico, está muy deteriorado. Hago, desde aquí, un llamamiento a los políticos, a la iglesia, a los consejeros, a cualquiera que pueda hacer algo... para que se restaure de una vez, y no dejen echar a perder, por favor, esta gran obra.

Le faltó añadir un maldita sea, por no decir un juramento. Luego se volvió a sentar, y nos deleitó con un par de temas más. Al acabar el concierto entré al coro y le hice una foto al órgano maltrecho. Sabía que no estaba en buen estado, pero las palabras de Chapelet me habían impresionado.


Madera, metal y viento

Luego me acerqué a la salida. Mi tío ya se había marchado, pero aún había mucha gente arremolinada. Yo me quedé por allí unos segundos hasta que Chapelet bajó las escaleras, y le vi de cerca, a un par de metros. No le dije nada. Sólo lo miré durante unos segundos, mientras se hacía sitio entre el gentío.

Al día siguiente mi tío Pablo bajó a casa para hacer el mosto y prensar la uva, y me preguntó qué me había parecido el concierto.

—Muy bueno —dije.
—Es el que mejor toca el órgano, de todos los que vienen.
—¿Y lo que dijo de que está tan mal, que necesita que lo restauren?
—Eso hace mucho que lo vienen diciendo, y no hacen nada. Y eso que el Nicolás lo sigue tocando, y lo afina, y lo mantiene... Eso hace mucho. Si no es por eso, igual ni se podría tocar ya.


Paseo de la colegiata, el domingo, después del concierto.

El domingo por la tarde volví a Madrid, y a la noche busqué información de Francis Chapelet en internet.

Me enteré así de que había nacido en París en 1934, así que ya tiene 80 años. De que es hijo del pintor de escenas marinas Roger Chapelet, y de que actualmente vive entre el Perigord, en el sudoeste de Francia, el lugar de procedencia de su familia, y Abarca de Campos, en Palencia, su tierra de adopción.

Que está considerado el gran Maestro Organista de Europa de los últimos cincuenta años. No sólo como intérprete, sino también como impulsor, constructor y conservador de este instrumento en Europa y América.

Que fue, durante muchos años, titular del órgano de San Severin, el mejor de todo París, y del de San Giovanni dei Fiorentini, en Roma, de los que sigue siendo organista honorario. Y que fue también, durante 20 años, catedrático de órgano en el Conservatorio Nacional de Burdeos.


Órgano de la Iglesia de San Severin, París. No sabía, cuando la visité hace 4 años y le hice esta foto, que Chapelet había sido su organista titular.

Me enteré de que ha sido el verdadero descubridor del órgano ibérico, y el principal impulsor del renacimiento de su estudio e interpretación. De que creó, en 1978, la Academia Internacional de Órgano Ibérico de Castilla, de la que sigue siendo su director, y con la que ha recuperado numerosos órganos por toda la geografía española, sobre todo en Castilla y León, Aragón y Murcia. Pueden visitar la web de su fundación aquí.

También es miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y de la Comisión del Ministerio de Cultura Francés para la construcción de órganos nuevos, así como para la restauración de órganos considerados como monumentos históricos, cargo que dejó para dedicarse con más tiempo a su nueva pasión: la restauración y construcción de órganos nuevos en Bolivia.

El año pasado ofreció su último concierto en los grandes circuitos mundiales, en la Iglesia de la Ascención de Nueva York, en un órgano francés construido en 2011 y considerado ahora uno de los mejores del mundo. En el programa del concierto fue citado como uno de los legendarios intérpretes de su generación todavía en activo. Pueden leer la noticia de ese concierto en este enlace.


La figura más relevante del último medio siglo

En septiembre del año pasado le entrevistaron en el diario digital El Confidencial, pueden leerlo en este enlace. Allí se muestra satisfecho de cómo en los últimos años España ha recuperado la cultura del órgano, habiendo mantenido, además, los instrumentos intactos desde el momento de su construcción, mientras que en países como en Francia o Alemania los órganos se han ido reformando y han perdido antigüedad.

¿Y del órgano de Covarrubias? La única página que decía algo era la de la Asociación de Empresarios de Covarrubias, que pueden ver aquí, en la que dicen algo de lo que contaba el maestro. Que es del siglo XVI, reformado en 1.700 por Diego de Oriol y Tejada, que le añadió la trompetería horizontal. Dicen también que necesita una profunda restauración, que las bajas temperaturas del invierno castellano le afectan especialmente, lo desafinan y agravan su estado. Que tiene el secreto apolillado y numerosas fugas de aire pero que, pese a todo, tiene una altísima calidad sonora. También dicen que en los años 80 el organista francés lo redescubre al mundo, como la joya que es. En la Wikipedia dan un dato más, que no he contrastado. Afirman que es el órgano más antiguo de Castilla que sigue sonando.

¿Y de la relación del maestro con el órgano? ¿Cuándo y cómo lo descubrió? ¿Cuándo grabó aquellos discos? ¿Lo restauró o no? ¿Qué pasó después? ¿Por qué dejó de actuar allí? No es otra historia, pero sí es larga, por lo que tendrá que ser contada en otra ocasión.




¿Saben una cosa? Estoy seguro de que, si me vuelvo a cruzar ahora con el maestro, sabría reconocerlo.

(Pueden leer la siguiente entrada sobre Francis Chapelet y el Órgano de Covarrubias pinchando aquí)