miércoles, 7 de octubre de 2015

Porcellinos por el mundo


El "Porcellino" (pronuncien porchelino en español, por favor) es un simpático jabalí de bronce que hay en la ciudad de Florencia, junto al mercado nuevo. El animalillo vierte agua por la boca, y forma así una discreta y original fuente urbana, conocida como Fontana del Porcellino.


El Porcellino, junto al Mercado Nuevo, Florencia


La primera vez que supe de él fue cuando visité la ciudad, en 2.007. La "Guía de arte y arquitectura" que me llevé en el viaje, un libro de pastas duras con muchas imágenes y comentarios de la ciudad, decía que se llamaba Fuente del Porcellino, que era una obra de Pietro Tacca, que la realizó en 1.612 a imitación de un original romano en mármol que se encuentra en la Galería degli Uffizi, y que se le atribuían unos poderes mágicos que hacían que quien arrojara una moneda a la fuente y le acariciara el hocico regresaría algún día a la ciudad del Arno.

No decía, sin embargo, que era uno de los monumentos más populares de Florencia, ni que el supuesto original romano también era una copia de otra helenística, ni que el que ahora podemos ver en la calle tampoco es el de Pietro Tacca sino una réplica, y que el original se conserva en el museo Bardini de la misma ciudad, ni que existen muchas copias de él en el mundo, repartidas por distintos países de Europa, América y Oceanía, ni que no representa realmente un porcellino, que significa cochinillo, una especie de apelativo cariñoso, sino un cinghiale, es decir, un jabalí.


Vista de Florencia, desde la basílica románica de San Miniato al Monte


Tampoco contaba esa guía que Hans Christian Andersen lo describió en uno de sus muchos viajes por Europa, en el siglo XIX, y que lo hizo de esta manera:

"En la ciudad de Florencia, no lejos de la Piazza del Granducca, corre una calle transversal que, si mal no recuerdo, se llama Porta Rossa. En ella, frente a una especie de mercado de hortalizas, se levanta la curiosa figura de un jabalí de bronce, esculpido con mucho arte. Agua límpida y fresca fluye de la boca del animal, que con el tiempo ha tomado un color verde oscuro. Sólo el hocico brilla, como si lo hubiesen pulimentado -y así es en efecto- por la acción de los muchos centenares de chiquillos y pobres que, cogiéndose a él con las manos, acercan la boca a la del animal para beber. Es un bonito cuadro el de la bien dibujada fiera abrazada por un gracioso rapaz medio desnudo, que aplica su fresca boca al hocico de bronce.
A cualquier forastero que llegue a Florencia le es fácil encontrar el lugar; no tiene más que preguntar por el jabalí de bronce al primer mendigo que encuentre, seguro que lo guiarán a él."

A pesar de desconocer todo esto, le hice una foto, nos hicimos otra con él, y le acaricié el hocico, pero me pareció de mal gusto arrojar la moneda, demasiado "tourist". Todavía no he vuelto a Florencia.




Yo había estado ya antes en Florencia, en el viaje de fin de Bachillerato, a los 17 años, pero no vi al Porcellino entonces, o quizá sí pero no lo recordaba. Fue un viaje alocado, de esos en los que visitas media Italia en autobús en una semana. Estuvimos apenas dos días en Florencia, y yo a esa edad tenía poco conocimiento y otras inquietudes.

Cuando me encontré con él en las calles de Florencia, en este segundo viaje, hacía ya un par de días que había visitado la Galería degli Uffizi, y no recuerdo haberme fijado en la copia romana, supongo que estuve más pendiente de las obras de los grandes artistas que había visto en mi guía: Botticeli, Leonardo, Miguel Ángel, Tiziano, Rafael... Después no visité el museo Bardini.


El Porcellino de El Capricho, Madrid


Tampoco me di cuenta entonces de que aquella no había sido la primera vez que había visto un Porcellino. Me enteré unos años después, en la primavera de 2.010, cuando visité de nuevo El Capricho, un jardín romántico en las afueras de Madrid que construyeron los duques de Osuna a finales del XVIII y primeros del XIX. Me fijé esa vez en que a los pies de la escalinata que subía al Casino de Baile había otro Porcellino, exactamente igual al que había visto y fotografiado en Florencia pero de mármol, y que servía de remate a la ría que discurría por el jardín, diseñada para que los alegres aristócratas llegaran hasta el pabellón en sus barcas de recreo.

Yo había estado en aquel jardín muchos años atrás, en 1.998, cuando estaba en quinto de carrera y estudiaba, entre otras asignaturas, Jardinería y Paisaje, una de las que más me gustaron, y nuestra profesora nos habló de ese jardín aristócrata que estaban restaurando, heredero del pintoresquismo británico, y convencí a mi madre y a mi hermana mayor para ir a verlo, un domingo de invierno. Recuerdo que había muchas zonas acotadas con cintas de obra, otras embarradas, y varias construcciones a las que no se podía acceder ni tampoco acercarse. Es posible que no lo viera entonces, y si lo vi tampoco lo recuerdo.


Sobre un manantial


Pero también estuve en El Capricho el mismo año de mi segundo viaje a Florencia, en primavera, con el jardín totalmente restaurado y en pleno esplendor, y lo recorrí entero, y sé que entonces sí que vi al Porcellino, porque aparece en una foto que tomé aquel día de ese pabellón. No le debí prestar mucha atención, porque unos meses después no recordaba que estaba viendo y fotografiando una copia en Florencia.

Un tiempo después, en 2.011, me volví a encontrar con otro Porcellino en el jardín de otro palacio de Madrid, esta vez el del Marqués de Cerralbo, ahora museo. Era ya el tercer Porcellino en el que me fijaba, por lo que tuve que hacerle una foto y, después, en casa, recurrir a Google, y así empecé a adentrarme en el curioso mundo de los Porcellinos.




Supe así que el origen de la escultura del jabalí debió de ser una obra en bronce del periodo helenístico que no ha llegado a nuestros días, y que representaba a un jabalí con las patas traseras en el suelo, y el cuerpo superior incorporado sobre las delanteras, con la boca entreabierta y las orejas levantadas, y de esa manera parece representar el momento en el que el jabalí, tras haber estado tumbado, se incorpora repentinamente por alguna posible amenaza.

Parece ser que la escultura haría alusión al jabalí de Calidón, uno de los monstruos ctónicos o telúricos de la mitología griega, un tipo de monstruos que representan a las fuerzas o espíritus del inframundo, por oposición a las deidades celestes. Cada uno de esos monstruos ctónicos griegos se sitúa en un emplazamiento diferente, y debe ser derrotado por héroes de la época olímpica. Este jabalí fue enviado por Artemisa para devastar la región de Calidón en Etolia, y encontró su final en la cacería de Calidón, en la que participaron numerosos héroes míticos de la época. Igual que sucede en la gesta del Vellocino de Oro, o en la Guerra de Troya, la cacería de Calidón es uno de los nodos en los que se unen muchos héroes y mitos griegos.


El Porcellino del Museo Cerralbo


La copia romana que se conserva en la Galería degli Uffizi es del siglo III a.C. y se encuentra ya en Roma en 1.560 cuando Cosme I de Medici, segundo Duque Florencia, visita al Papa Pío IV, que le regala la escultura. El nieto de aquél, Cosme II de Medici, ya Gran Duque de la Toscana (los sucesivos favores a los Papas de su abuelo pudieron conseguir este cambio de título), encarga una copia en bronce a Pietro Tacca en 1.612, para decorar los jardines del Palacio Pitti en Florencia. A pesar de ser una copia, los virtuosos detalles naturalistas como el pelo del animal revelan la gran capacidad como broncista de Tacca, que fue el mejor discípulo de Gianbologna.

Años después el hijo de Cosme II, Fernando II, decide transformar la escultura en una fuente, para lo que Tacca tiene que realizar la base ancha y octogonal con la que cuenta ahora para recoger el agua. Está documentada su situación bajo la logia del mercado nuevo en 1.640, y tenía una función decorativa y también práctica, porque proveía de agua a los mercaderes, que entonces comerciaban allí con telas preciadas como sedas, brocados y paños de lana.




Del Porcellino de El Capricho no se sabe mucho, salvo que el pabellón donde se encuentra se levanta sobre una gran cámara cubierta con bóveda de ladrillo que cubre un pozo y que, con ayuda de una bomba, extraía el agua para abastecer a la finca y a la ría que desemboca en el estanque. En 1.815 el arquitecto López Aguado levantó sobre la cámara el Casino de Baile, que se convirtió en el centro de las fiestas que celebraba la duquesa de Osuna. El agua salía a la ría por el arco de ladrillo que sirve de base a la escalinata, que se decoró con rocalla y con el Porcellino de piedra de Colmenar.  

El Porcellino del Museo Cerralbo tiene una historia más antigua. Su origen está en los jardines del Palacio de los Duques de Medinaceli, mandado construir por el duque de Lerma, valido de Felipe III y el hombre más poderoso del reino entonces, en la primera década del siglo XVII, en el Paseo del Prado, y heredado después por sus descendientes, que emparentaron con la Casa de Medinaceli, y que fue demolido para construir el actual Hotel Palace en 1.912. 

El Marqués de Cerralbo fue un aristócrata con sensibilidad por el arte, coleccionista y arqueólogo, que a su muerte cedió al estado su palacio y sus colecciones, lo que hoy es el Museo Cerralbo. Probablemente adquirió el Porcellino antes de la venta y demolición del Palacio de Medinaceli. El catálogo del museo dice que el origen de ese jabalí está en Florencia, que es del siglo XVI, que procede del Palacio madrileño de Medinaceli, que perteneció a la colección de esculturas clásicas de Per Afán de Ribera, virrey de Nápoles muerto en 1.571, y que es una copia del jabalí romano de la galería florentina de los Uffizi.




Los de la Wikipedia, sólo en sus versiones en inglés y en francés (en español no tiene entrada, y en italiano apenas enumeran unas pocas), afirman que existen las siguientes copias del Porcellino en estos 12 países: 

Una en Australia (Sydney), otra en Bélgica (Enghien), dos en Canadá (Victoria y Waterloo), una en Dinamarca (Holstebro), dos en Francia (París y Aix-en-Provence), una en Alemania (Munich), cuatro en el Reino Unido (dos en Derbyshire, una en Dorset y otra en North Yorkshire), una en Italia (Grosseto), otra en Noruega (Oslo), otra en España (en el Parque de El Capricho de Madrid), otra en Suecia (Estocolmo), y once en Estados Unidos (Arkansas, California, Colorado, Kentucky, Lousiana, Missouri, Nueva York, Queensbury, Carolina del Sur, dos en Dallas, una en Houston y otra en Vermont). En total, 27.

¿No les parece curioso que todas estas naciones estén entre las occidentales más prósperas del mundo? Todas forman parte del G12 actual, salvo Noruega y Dinamarca, que no se puede decir que no sean prósperas. Se me ocurren muchas teorías absurdas para explicar esta relación, y otras no tanto.

Como pueden ver, los de la Wikipedia desconocen la copia del Museo Cerralbo de Madrid, probablemente la segunda más antigua de todas después de la romana de los Uffizi. Quizá esto se debe a que durante un tiempo fue considerada una obra falsificada, por lo que he podido leer en una publicación digital del diario El País (ver aquí). 

Por lo tanto, tenemos 28 copias fuera de Florencia. Si sumamos la del museo Bardini y la del mercado nuevo, son 30. Si añadimos la de los Uffizi, 31, en todo el mundo. 


Bajo las arquerías del Museo Arqueológico de Venecia, en la Plaza San Marco


Así quedó saciado mi interés durante un tiempo, hasta que el año pasado viajé a Venecia, y visité allí el Museo Arqueológico, en la Plaza San Marcos, entre el Museo Carrer y la Biblioteca Marciana. Con el mismo billete podías visitar el Palacio Ducal y esos tres edificios, así que no era cuestión de dejarlo pasar.

Tras una hora recorriendo el Museo Carrer, antiguo palacio de Napoleón y después de Sisí y Francisco José, y después de hora y media más deambulando por los pasillos del Museo Arqueológico atestados de objetos antiguos, me fijé en una vitrina donde descansaba un animalillo, de unos 20 cm. de altura, éste que pueden ver aquí:


¿No es él?


Totalmente noqueado, le hice una foto, y a continuación otra a su leyenda. Juzguen ustedes mismos.


Es él


Es un Cinghiale de bronce, pero nosotros sabemos ya que le podemos llamar cariñosamente Porcellino. Primer siglo después de Cristo, eso significa que es tres siglos posterior a la copia romana de mármol de los Uffizi, así que me temo que el del museo Cerralbo tendrá que conformarse con el tercer puesto en el ranking de antigüedad, por el momento. Interpreto que la encontraron en 1.913 en la población de la zona metropolitana de Venecia que se llama Campagna Lupia, pero no me queda del todo claro. No he podido encontrar más información de este pequeño Porcellino en ningún otro lugar.

Ya tenemos 32 Porcellinos por el mundo. Con el original helenístico perdido en algún lugar de la historia sumarían 33. Este sí que me parece ya un buen número.







"Para educar la atención y el criterio necesitamos conocimientos. El interés no es el motor del conocimiento, sino que el conocimiento es el motor del interés. El ignorante no tiene interés por lo que ignora porque no sabe ni lo que ignora, mientras que cuanto más sabemos de algo más interés le descubrimos, más fácil aprendemos cosas nuevas y con más placer lo comunicamos."  Gregorio Luri, en una entrevista al diario El Mundo (ver aquí).







domingo, 26 de julio de 2015

Francis Chapelet y el Órgano de Covarrubias.


Al final de mi entrada de febrero pasado, Francis Chapelet, el Organista (ver aquí), planteé algunas preguntas sobre la relación de Francis Chapelet con el Órgano de Covarrubias, el más antiguo de Castilla que sigue sonando, sobre cómo lo descubrió, si lo restauró entonces, y sobre lo que pudo pasar después, con el paso del tiempo y el sucesivo desprendimiento de Francis Chapelet respecto del órgano, y su alejamiento de Covarrubias. Las planteaba porque, entre otras cosa, yo mismo desconocía las respuestas.


Órgano de la Colegiata de Covarrubias


Recurrí entonces a unas revistas que se estuvieron editando en el pueblo durante varios años, "Ecos de la Villa", se llamaban, que publicaban todo tipo de temas relacionados con Covarrubias y sus gentes, que recibían mis padres por correo cada tres meses, y que guardaban amontonadas en casa. Las estuve revisando, y cogí tres que tenían la información que buscaba. Esta es la transcripción de las intervenciones que cuentan la historia que andaba buscando.


Rejería de acceso al pórtico de la Colegiata.


En una de las cartas de alguien del pueblo que firma como Lucas, y en la que parece que contesta a una polémica sobre el supuesto "descubrimiento" del órgano por parte de Francis Chapelet, se cuenta que el órgano siempre había estado en uso. Dice que en 1.936, poco antes de la guerra, Miguel Fleta cantó la Salve en la Colegiata, acompañado al órgano por el entonces organista Isidoro Alonso. Que muchas otras veces, Santiago Juarros también cantó la Salve acompañado por Isidoro al órgano. Que los colegiales, entonces, se peleaban por dar a la palanca del fuelle para que Isidoro pudiera interpretar, entre otras, la "Alborada Gallega", que gustaba mucho en el pueblo.


Entrada a la iglesia


Cuenta que los del pueblo siempre fueron conscientes del valor del órgano y que en el año 1.942 se incendió la Colegiata, y las grandes campanas del lado norte del campanario se desprendieron. Una cayó en el centro de la iglesia y hundió la bóveda. La otra quedó sobre el coro, y todos dieron gracias a Dios porque se hubiera salvado el órgano.


Pasarela de acceso al órgano, sobre la entrada


En otro número de la revista, Antonio Mediavilla Ruiz, natural de Quintanar de la Sierra, escribe que el verdadero "redescubrimiento" del órgano de Covarrubias tuvo lugar en agosto de 1.958 por Francis Chapelet y él mismo, y que ese año se hizo la primera afinación.


Interior de la Colegiata de San Cosme y San Damián, Covarrubias, siglo XV


Dice también que el primer disco de Francis Chapelet en el órgano se grabó en 1.963, y dio a conocer el pueblo a muchos aficionados que acudieron a Covarrubias para ver el órgano y el pueblo.


Capilla del Santísimo, atribuida a Juan de Colonia


Cuenta que en la primera mitad del siglo XX se habían hecho algunas reformas poco afortunadas, como la del teclado, que era de armonio de 4 octavas completas, y que los tirantes de los juegos tenían botones de cerámica, que eran muy feos. Parece ser que todos los órganos pequeños de Castilla anteriores al siglo XIX son de octava corta y de 45 teclas y por eso, cuando a principios del siglo XX se puso el teclado de armonio al de Covarrubias, los 4 primeros sostenidos estaban acoplados a los sostenidos de la octava superior.


Vista de las naves, desde el lado del evangelio


También cuenta que en 1.965 Francis Chapelet compró, con su propio dinero, un ventilador eléctrico de órgano que aún funciona, con su caja de regulación y los dos primeros grandes tubos Do y Re de la trompeta real bajo que faltaban de dicho juego.


Capilla del Carmen


Luego, en 1.967, el párroco de entonces, don Rufino Vargas, decidió hacer una restauración parcial del órgano: tubería y teclado. Se puso en contacto con Francis Chapelet y ambos decidieron que fuesen los organeros Pierre Cheron y Patrice Bellet los que realizarían las obras.


Pila bautismal, románica, siglos XI-XII


También se restauraron todos los tubos interiores y los de la fachada, flautado y trompetería exterior, se añadieron tubos nuevos para completar los desaparecidos de la címbala izquierda, y se restableció la fila de tercera de corneta, la que da el sonido propio de una corneta.


Sepulcros, estilos gótico y plateresco.


Acaba contando que el órgano de Covarrubias se había construido a mediados del siglo XVII. En 1.700 el organero Diego de Orio Tejada restauró el instrumento, añadió 3 canales más al secreto, que constaba sólo de 42 notas, y colocó la trompetería horizontal, una de las más completas de Castilla en su época, y tal vez la más completa.


Detalle: Anunciación, estilo plateresco


El secreto, con sus 350 años, nunca ha sido restaurado y está muy deteriorado. La restauración siempre ha estado prevista y anunciada, pero siempre ha sido diferida. 


Leyenda del sepulcro


Cuya ánima esté en gloria.


Finaliza su escrito diciendo que durante el período que transcurre entre 1.959 y 1.995, Francis Chapelet mantuvo él solo este órgano: mecánica y afinación general, llenos y trompetería, al menos una vez al año, y a veces dos. Su tono parece de enfado.


Sepulcro gótico 


El último escrito de interés sobre el órgano es de 2.008, lleva la firma de Venancio Díaz, y cuenta lo siguiente:


Detalle.


Dice que el órgano de Covarrubias había ido languideciendo lentamente desde el siglo XVIII, pero en 1.963 comenzó una segunda vida. Cuenta que fue entonces cuando Fracis Chapelet visitó Covarrubias y se dio cuenta de que estaba ante una obra maestra de la organería. Sólo le faltaba una reparación a fondo para que sonara casi como en los viejos tiempos. Fue él quien acometió la reparación, que no una restauración, ayudado por amigos y vecinos, y por don Rufino, el párroco de entonces. Deja claro que no fue una restauración, ni tampoco supuso un gran coste.


Leyenda del sepulcro


Cuyas ánimas estén en gloria.


La reparación consistió básicamente en la eliminación de las fugas de aire, ajustes mecánicos, armonización y afinado, y retoques en el mueble. Esto fue suficiente para que Chapelet pudiera grabar un disco con música de autores españoles de la época en la que fue construido el órgano, como Antonio de Cabezón. La calidad del disco fue tan alta que ganó el Gran Premio Europeo de la Academia Charles Cros de 1.964. Fue el primero que se realizó con un Órgano Ibérico Castellano, y supuso un gran empujón para el conocimiento de la historia de nuestra música.


Sepulcro plateresco


Poco a poco, en casi una década, se fueron añadiendo pequeños retoques, como un nuevo teclado, hasta que quedó el órgano en muy buena forma.


Detalle


El campanazo del disco y del premio hizo que muchos músicos, técnicos y entendidos del órgano de muchos países acudieran a Covarrubias a partir de esos años a los conciertos de Chapelet y de otros muchos organistas. Hubo un gran ambiente en aquellos conciertos, que se prolongaron durante muchos años, y que se llenaban siempre de un público entusiasta.


Detalle


Pero hace ya bastantes años, cuando aún era párroco don Javier Gómez Oña, al finalizar un concierto, Chapelet dijo que el órgano estaba comenzando su declive, y que de no restaurarlo agonizaría lentamente.


Leyenda del sepulcro


Cuya ánima Dios tenga en la gloria.


La Junta de Castilla y León intentó incluirlo dentro de las restauraciones del año 2.000, pero no lo terminó haciendo entonces, ni tampoco después. La enorme flojedad del órgano quedó reflejada para el articulista de un concierto, el 7 de Julio de 2.006, donde el pobre órgano aguantó muy mal un tema a cuatro manos, porque al parecer ya no podía casi ni con dos. 


Vista de las naves desde el lado de la epístola


De todas formas nuestro organista, Nicolás, que tan bien conoce el órgano, no se ha rendido, y ha podido, salvando todos los obstáculos, seguir tocando en las misas mayores.


Sepulcro de Fernán González, primer Conde independiente de Castilla, en el lado del evangelio del presbiterio.
El de su esposa doña Sancha se dispone simétrico, en el lado de la epístola.


En mayo de 2.006 el párroco de entonces, don Emiliano García Esteban, se hizo eco de la inquietud de muchos aficionados a la música de órgano, y escribió una carta al Director Social de Caja Burgos, reclamando su ayuda para que la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León programara una restauración completa del órgano. En esa carta hablaba de los graves problemas técnicos del instrumento, de su importancia en el mundo de la música y de la repercusión social que su restauración tendría en el pueblo.


Vista del coro desde el presbiterio


El 12 de abril de 2.007 la Comisión Ejecutiva de la Fundación del Patrimonio dio luz verde a la restauración del órgano, con un convenio previsto con la Colegiata en la que ésta correría con un porcentaje de los gastos.


Coro y órgano


En su artículo, Venancio Díaz llamaba a los vecinos a hacer un esfuerzo económico para recaudar entre todos parte del dinero. Esperaba la reinauguración del órgano con un magnífico concierto lleno de gente, con Francis Chapelet, con Nicolás Renes y con Patxi García, todos felices con el resultado de la restauración. Proponía también conseguir que Chapelet grabara otro disco una vez estuviera restaurado.


Órgano y rosetón


Finalizaba el artículo contando que el 13 de julio de 2.008, en Misa Mayor, se volvieron a escuchar las notas, sonidos y registros del magnífico y maltrecho órgano, mantenido gracias a los desvelos de Nicolás y Patxi, y que a pesar de los siglos transcurridos, aun se esforzaba por complacerle en agradecimiento a quien hace 50 años le rescatara del olvido, consiguiendo que este excepcional instrumento recuperase el esplendor que tuvo en tiempos pasados; mostrando sus virtudes por todo el mundo, y consiguiendo con él varios discos de oro.


Nicolás Renes al órgano. Aún lo toca, y lo mantiene.


Era Francis Chapelet, que había venido a recoger la cereza de oro que le había concedido ese año el Centro de Iniciativas Turísticas de Covarrubias. Chapelet agradeció la distinción que recibía con orgullo, y que admitió que no se lo esperaba, por lo que le supuso una grata sorpresa, y anunció que en breve se procedería a la total restauración del órgano. Ese era el final del artículo.


Esperando al organista


Todas esas esperanzas que planteaba Venancio en su artículo se fueron al traste con la crisis, y no volvieron. El órgano sigue languideciendo lentamente.


Cassette de un disco de Francis Chapelet grabado en el órgano de Covarrubias, copyright de 1966, que tenían en su casa de Barcelona los padres de mi pareja,
y que amenizó nuestra cena de Navidad el año pasado, a petición mía.


Y ahora, por fin, me explico aquel tono de enfado de Chapelet en el concierto del 12 de octubre del año pasado.


No me digan que los títulos de los temas no resultan evocadores.


Y también me explico ahora por qué en Covarrubias todos los mayores saben cantar, y lo hacen tan bien, y les gusta tanto la música, y el baile. Es algo que viene de lejos, de muy atrás, seguramente, pero también de ese órgano del siglo XVII y de toda su trompetería, de los conciertos y coros que se celebraron con él, de todos los que lo han tocado desde entonces, y de su descubridor al resto del mundo, el que le dio su fama moderna, el maestro organista Francis Chapelet.


¿Dónde se ha ido?


Finalizo esta entrada con el comienzo de la leyenda de Maese Pérez, el Organista, de Gustavo Adolfo Bécquer, que ya comenté que había leído a los veinte años, deseando que sus palabras no lleguen nunca a pronunciarse a la salida de la Colegiata de Covarrubias, refiriéndose a su órgano, y a su organista:


Atrio de la Colegiata de San Cosme y San Damián


(...)
Nada menos prodigioso, sin embargo, que el órgano de Santa Inés, ni nada más vulgar que los insulsos motetes que nos regaló su organista aquella noche.
Al salir de la Misa, no pude por menos de decirle a la demandadera, con aire de burla:
–¿En qué consiste que el órgano de Maese Pérez suene ahora tan mal?
–¡Toma! –Me contestó la vieja–, en que ese no es el suyo.
–¿No es el suyo? ¿Pues qué ha sido de él?
–Se cayó a pedazos de puro viejo, hace una porción de años.
–¿Y el alma del organista?
–No ha vuelto a aparecer desde que colocaron el que ahora le sustituye.


¿Y el alma del organista?






lunes, 22 de junio de 2015

De Flandes a Extremadura. El Retiro Español de un Emperador Germánico.


El 25 de Octubre de 1.555, pocos meses después de la muerte de su madre Juana, encerrada y sola en Tordesillas, Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, abdicó en una grandiosa ceremonia celebrada en la Gran Sala del Palacio Coudenberg de Bruselas. En el discurso que pronunció ese día en francés, apoyado en Guillermo de Orange, precisamente el noble flamenco que encabezaría años después una rebelión permanente en Flandes contra su hijo Felipe II, hizo un resumen de su vida en el que destacó que había viajado nueve veces a Alemania, seis a España, siete a Italia, diez a Flandes y dos a África, y que había navegado cuatro veces por el Atlántico y ocho por el Mediterráneo. 

No contó, en esa ceremonia, que aún haría un viaje más, su último viaje.


Habitaciones de Carlos V en el Monasterio de San Jerónimo de Yuste, en la ladera sur de la Sierra de Gredos, en Extremadura.
¿Por qué un hombre tan poderoso y cosmopolita eligió este lugar tan retirado, donde nunca había estado, para su retiro?


Carlos de Habsburgo había nacido en Gante, Flandes, en 1.500, como heredero del archiducado de Austria, los ducados de Estiria, Carniola y Carintia y el condado de Tirol (más o menos las actuales Austria y parte de Eslovenia) por parte de su abuelo paterno Maximiliano I de Habsburgo, y de los ducados de Borgoña, Brabante, Limburgo y Luxemburgo, y los condados de Flandes, Henao, Holanda y Zelanda (más o menos las actuales Borgoña, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo) por parte de su abuela paterna, María de Borgoña, la única hija de Carlos el Temerario, el duque que había llevado a su apogeo a la Casa de Borgoña, y por el que le pusieron su nombre. 


Aún faltan los territorios castellanos en las Antillas


Por parte de su ascendencia materna no se esperaba que heredase soberanía sobre ningún territorio, pero una sucesión de muertes de los que le precedían en la sucesión, primero la del único hijo varón de los reyes Católicos, el príncipe don Juan, luego la de la hija mayor de éstos, la princesa Isabel, y después la del hijo de ésta, Miguel, que ya había sido jurado heredero en 1.501, convirtieron a su madre Juana en heredera de las coronas de Castilla y de Aragón, con sus respectivos territorios en América y en Italia. 


Place Royale de Bruselas, explanada en el lugar donde se levantaba el antiguo Palacio de Coudenberg, desaparecido tras un incendio en 1.731.
La preside una estatua ecuestre del XIX que representa a Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena (Países Bajos), uno de los líderes de la Primera Cruzada y primer Señor de Jerusalén con el título de Protector del Santo Sepulcro ya que, por humildad, no quiso ser coronado Rey en la ciudad de Cristo.
Al fondo se puede ver, iluminada por el sol, la torre gótica del Ayuntamiento de Bruselas, en la Grand Place.


Esta sorprendente carambola dinástica anunciaba la concentración de un inmenso poder en Europa en una sola persona, algo nunca visto desde Carlomagno. Fue algo que asombró a todos sus contemporáneos.


Godofredo de Bouillon fue idealizado, con el tiempo, como modelo de caballero cristiano medieval.
A su muerte, su hermano Balduino le sucedió en Tierra Santa, sin ningún problema moral, con el título de Rey de Jerusalén. 
Después de las cruzadas, el título quedó ligado al Reino de Nápoles.


Antes de que cumpliera un año su padre le nombró duque de Luxemburgo y Caballero de la Orden borgoñona del Toisón de Oro. A los 6 años, muerto su padre, se convirtió en conde de Flandes, y señor de los Países Bajos. Diez años después, la muerte de su abuelo Fernando el Católico y la locura de su madre le hacen entrar en posesión de las coronas de Castilla y de Aragón. Fue entonces cuando dispuso su primer viaje a la península ibérica, acompañado de su hermana Leonor, que le llevaba dos años, y de un alegre cortejo de palatinos flamencos, ávidos de lanzarse sobre la herencia española, convenientemente dirigidos por el señor de Chievrès, Guillermo de Croy.


Vista nocturna y nublada de la ciudad vieja de Bruselas desde el Monte de las Artes, entre el barrio real y el centro histórico.
El rey Leopoldo II de Bélgica, explotador personal y genocida del Congo (ríanse ustedes de los conquistadores españoles), compró los edificios antiguos de toda la zona y los hizo demoler con el fin de convertirla en un gran complejo cultural, a la manera de la Isla de los Museos de Berlín. El ambicioso proyecto urbanístico no se llegó a completar, pero sí se trazaron estos jardines, en principio provisionales, para lucir en la Exposición Universal de 1.910.


Ya en España, tras la muerte de su abuelo paterno, Maximiliano I de Habsburgo en 1.519, se convertirá en archiduque de Austria. La corona imperial no la heredó, pues era electiva. La conseguirá tras ganársela al otro pretendiente, Francisco I de Francia, con mejores y enormes donativos a los príncipes electores, a crédito de las saneadas rentas de Castilla y no tanto, entonces, con su cargamento de Indias. Fue coronado Emperador como Carlos V en Aquisgrán, en 1.520.


Luna sobre la Grand Place de Bruselas, Patrimonio de la Humanidad.
Formada por las Casas de los Gremios, el Ayuntamiento y la Casa del Rey, en 1.695 fue bombardeada por las tropas francesas.
La mayoría de madera entonces, fueron reconstruidas en piedra, de ahí su estilo barroco y profusamente decorado.


Carlos crece como un huérfano, primero por la marcha de sus padres a España en 1.501, para jurar como herederos ante las cortes castellanas, después por su segunda partida para reclamar la corona de Castilla en 1.506, y finalmente por la muerte de su padre el mismo año, y la posterior locura y reclusión de su madre, al siguiente. No volverá a vivir nunca con ella, y sólo la visitará muy de tarde en tarde. 


Ayuntamiento de Bruselas, iluminado con motivo de las fiestas navideñas de 2012. Edificio civil del siglo XV, de estilo gótico.
Su alta torre de 96 metros refleja la pujanza económica de la ciudad y de sus gremios artesanos y mercantiles de entonces.


Durante todos esos años permanece en la corte de su tía Margarita en Malinas, cerca de Bruselas, con sus hermanas Leonor, Isabel y María. Mientras, en España se crían los dos hermanos pequeños que habían nacido en Castilla. Uno es Fernando, el preferido de Fernando el Católico, nacido y educado en Alcalá de Henares y con muchos partidarios en el país, que lo consideraban, por su educación española, el auténtico Príncipe nacional. La otra era Catalina, la hija póstuma de Felipe el Hermoso que Juana retiene junto a ella, sin dejar que nadie se la arrebate.


Gante. Puente de San Miguel. Entonces ya una próspera ciudad, los padres de Carlos se trasladaron aquí en 1.500 buscando tranquilidad, pues su madre Juana estaba aquejada de nervios, debido a sus celos enfermizos. Carlos de Habsburgo nació en esta ciudad, 
durante la celebración de un baile en el Palacio Prinsenhof (literalmente Corte de los Príncipes), actualmente desaparecido. 
Su madre Juana comenzó a sentir fuertes dolores en la tripa, se fue sola al retrete y allí, sin ayuda de nadie, nació el pequeño Carlos. 


Toda su educación se desarrolla en Flandes y consiste en cultura flamenca. Su fuerte sentimiento religioso no se lo transmiten los castellanos, sino su maestro flamenco Adriano de Utrecht. 


Retrato de Carlos de Habsburgo a los 20 años, atribuido a Conrad Meit, que se conserva en Brujas.
Cuando llegó a España, Carlos era un adolescente no muy agraciado, de fuerte voluntad y celoso de su autoridad, con espíritu de cruzado medieval y sentimientos renacentistas y cosmopolitas. Comía y bebía en exceso y, debido al constante halago de los cortesanos y a su inesperada acumulación de poder, se había impregnado de un fuerte sentimiento providencialista, hasta hacerle creer que Dios le había elegido para hacer cumplir sus planes. 


La reina Isabel de Castilla muere en 1.504, y el rey Fernando de Aragón intenta entonces remediar en lo posible lo que se les viene encima a los territorios que gobierna. Primero, como regente de Castilla, envía al humanista Luis Cabeza de Vaca a Flandes, para que enseñe a Carlos la lengua y las costumbres castellanas. Éste no debió hacerle mucho caso, porque doce años después, cuando llega a España, ni siquiera habla la lengua. 


Vista de Gante desde el Puente de San Miguel.
Durante la tercera guerra con Francia, Gante se había enfrentado a la gobernadora María de Hungría, hermana de Carlos, por los impuestos exigidos en 1537, cuando la amenaza de una invasión francesa se había hecho sentir en todo el país. Las negociaciones posteriores fracasaron, y el partido radical se impuso. La ciudad se declaró en rebeldía, ejecutaron a personalidades relevantes afines al emperador, y solicitaron la alianza con Francisco I de Francia.
Tres años después Carlos entró en su ciudad natal con un ejército de cinco mil mercenarios alemanes, y llevó a cabo una cruel represión.


Luego Fernando, se casa, a los 53 años, con Germana de Foix, sobrina del rey de Francia, de 18. Éste la había cedido los derechos dinásticos del Reino de Nápoles (aunque había perdido ese territorio a manos del Rey de Aragón y con ayuda castellana, no había renunciado a sus derechos), y el título de Rey de Jerusalén. A cambio, Fernando se compromete a nombrar como heredero de su reino al posible hijo del matrimonio. Esto levanta las iras de los nobles castellanos, que lo ven como una maniobra para impedir que Juana la Loca y Felipe el Hermoso hereden la corona de Aragón.  


Carlos ajustició a los acusados del delito de rebelión armada con los tormentos propios de la época, demolió el principal edificio religioso de la ciudad para construir una impresionante fortaleza, eliminó sus privilegios y libertades, y descolgó de su torre la mítica campana Roeland que las simbolizaba.
Nunca antes nadie había sido tan cruel con esta ciudad, ni lo sería después, y tuvo que ser precisamente un gantés el que lo hizo.
La fotografía muestra a Carlos V como emperador, en la esquina de la fachada gótica del ayuntamiento de Gante. El tono de la piedra parece diferente.


Fernando y Germana tienen en 1.509 un niño que se llama Juan de Aragón y Foix, lo que supone de hecho la separación de las coronas de Castilla y Aragón, pero el niño muere a las pocas horas de nacer. No vuelven a tener descendencia, aunque Fernando el Católico lo sigue intentando y, años después, se decide a tomar unos brebajes afrodisíacos que le provocan serios problemas de salud durante dos años, y que terminan por llevarle a la tumba en 1.516.


Plaza Van Eyck, en Brujas, entonces un importante centro comercial de Flandes.
Desde este muelle partían los barcos hacia el mar, a lo largo del canal Spiegelrei, que se abre detrás.


En su última carta a su nieto Carlos, Fernando el Católico le pide que no abandone a su viuda, "pues no le queda, además de Dios, otro remedio sino sólo vos...", y que le sean satisfechas las rentas que le habían sido asignadas.


Muelle del Rosario, en Brujas, con luces de Navidad, Este escenario es lo más fotografiado en la ciudad. 
A la derecha, la alta torre gótica del ayuntamiento.


Cuando Carlos llega a España su hermano pequeño, el infante Fernando, ya ha salido para Flandes, algo que ya habían pactado Adriano de Utrecht y Fernando el Católico para que, a la muerte de éste, se evitara el enfrentamiento entre los dos hermanos, igual que habían pactado antes el reconocimiento de Carlos como heredero de Fernando el Católico, a cambio de una generosa ayuda económica a éste, y de su reconocimiento como regente de Castilla mientras viviera.


En el siglo XVI los sedimentos fueron cerrando el canal que comunicaba a Brujas con el mar, y la ciudad empezó a perder importancia en favor de Amberes, que tenía un puerto mucho más amplio y adecuado para los grandes barcos que requería navegación transatlántica.


Fernando es nombrado archiduque de Austria por Carlos en 1.520 y, tras su boda con Ana de Bohemia y Hungría y la muerte de Luis II de Hungría, sin descendencia, en la batalla de Mohács frente a los turcos, se convertirá también en rey de Bohemia y Hungría. A lo largo de su vida ejerce de representante y defensor de su hermano Carlos en las Dietas imperiales, como presidente del consejo del gobierno imperial, y como mediador entre los príncipes y el Emperador. Nunca volvió a España.


Ayuntamiento de Amberes, Patrimonio de la Humanidad, levantado en 1.565, de estilo manierista, con influencias flamencas e italianas.
Presidiendo la portada, el escudo de Felipe II, hijo del emperador Carlos V. En la parte superior se pueden ver los castillos de oro de Castilla, los leones rampantes de León, las barras de Aragón, y las barras de Aragón flanqueadas por dos águilas negras, de Sicilia.  Huellas de un pasado común.


Después Carlos visita a su madre, prisionera en Tordesillas. Ese encuentro debe afectarle sentimentalmente, pero también puede hacerle pensar que esa mujer considerada como loca e incapacitada puede constituir un peligro para ser reconocido como su heredero, y quizá por eso escribe una carta al marqués de Denia, su guardián, en la que le pide que "ninguna persona hable con S.A., pues aquello no puede aprovechar sino dañar". En Tordesillas el señor de Chièvres obtiene de la reina Juana la firma de un acta en la que concede que su hijo gobierne en su nombre.


Virgen sobre la esquina de una calle, en Amberes, como en tantas esquinas de Andalucía. Huellas de una herencia común.


Carlos llega en 1.517 a Valladolid con su comitiva, y allí se encuentra con otra mujer de su familia, su abuelastra Germana de Foix, que entonces tiene 29 años. Se debe tomar muy en serio las palabras de su abuelo, porque enseguida surge entre los dos una apasionada relación amorosa de la que nace una niña, Isabel, que nunca se reconoce oficialmente.


Cuacos de Yuste. Plaza de España. 


Germana acompañará a Carlos hasta Barcelona donde, para acallar los crecientes rumores, éste decide casarla con el marqués de Brandemburgo, de su séquito personal, y la nombra virreina general de Valencia. Propensa a la viudez temprana, la vuelve a casar con otro Fernando, el duque de Calabria.


Algunos capiteles de la plaza fueron tomados prestados del monasterio por los vecinos, cuando estuvo abandonado,
tras la desamortización de Mendizábal.


La nobleza flamenca y la hispana chocan y rivalizan en Valladolid. El lujoso y abundante cortejo flamenco se aposenta en propiedades del clero por falta de alojamientos, y levanta una ola de indignación fomentada desde los púlpitos. Las cortes de Castilla no le hablan al joven Carlos de esa sacralidad del poder real de la que se revestía en Europa, sino de pacto entre rey y reino, de que el rey es una especie de mercenario que recibe un estipendio de sus súbditos, lo que le obliga a gobernar. 


Torre defensiva, aprovechada para la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en Cuacos de Yuste.


Las Cortes, además, le piden que aprenda castellano, que se respeten las leyes y costumbres del reino, que no salga dinero de Castilla, que no entren extranjeros en el gobierno, y que dé un trato más respetuoso a su madre. De esa manera lo reconocen finalmente como rey, junto a la reina Juana, con el nombre de Carlos I.


Pila bautismal de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en Cuacos de Yuste.


También tendrá dificultades con las cortes del reino de Aragón, que se muestran reticentes a jurarlo como rey estando viva doña Juana. Para conseguirlo tiene que permanecer ocho meses allí. Luego se traslada a Barcelona para ser jurado por las cortes Catalanas, y allí recibe una embajada enviada por los príncipes electores alemanes que le comunican su elección como Emperador. Entonces, sin haber sido jurado por las Cortes Valencianas, que no se lo toman muy bien, vuelve a Castilla, dispuesto a reunir cortes de nuevo para aprobar un subsidio extraordinario que le permitiera el apoyo económico necesario para el viaje a Alemania. Entre amenazas y sobornos, las cortes castellanas terminan pagando el impuesto, pero el descontento se generaliza.


Plaza Fuente de los Chorros, siglo XVI, en Cuacos de Yuste.


Las ciudades, la nobleza, el clero y los campesinos se sienten relegados y humillados. El arzobispo de Toledo, primado de Castilla, es ahora un joven extranjero. El gobernador es Adriano de Utrecht. El príncipe don Fernando ha salido de la península. Algunas ciudades reclaman la presencia de un monarca que sólo parece estar pendiente de reunir el apoyo económico necesario para marcharse, y cuyo regreso se ve muy problemático.


Casa tradicional de estructura de madera y adobes, en Cuacos de Yuste.


Mientras Carlos está fuera, ocupado en su coronación imperial, en Valencia y Mallorca surge la revuelta de las Germanías, relacionada con aspectos antiseñoriales, antimudéjares, y con reivindicaciones sobre el sistema tributario y de hacienda municipal. El movimiento fracasa, y la posterior postura represiva de la Corona supone el triunfo del sector nobiliario. Desde su posición de Virreina de Valencia, Germana de Foix ejerce un gobierno autoritario, de represión contra los agermanados valencianos, y de refeudalización.


Detalle de arquitectura tradicional, en Cuacos de Yuste.


Casi al mismo tiempo, en Castilla, se desarrolla la revuelta de los Comuneros, un movimiento generalizado al principio, que luego tomará tintes antiseñoriales, lo que hará que la alta nobleza se ponga de parte del Emperador. Tras buenos éxitos iniciales, los Comuneros empiezan a acumular errores, pierden apoyos entre la nobleza, y sus fuertes actitudes reformistas alarman a los elementos moderados. Tras recibir un fuerte préstamo de Portugal, los imperiales les infligen una tremenda derrota en Villalar el 23 de abril de 1.521. Toledo resiste unos meses más, pero acaba sometiéndose.


Plaza don Juan de Austria, en Cuacos de Yuste.
Nacido en Ratisbona, don Juan de Austria creció en Leganés, y en Villagarcía de Campos, en el castillo de don Luis de Quijada, mayordomo de Carlos V. 
La esposa de éste, Magdalena de Ulloa, se hizo cargo de su educación. Ya en el Monasterio de Yuste, Carlos V ordenó a Luis de Quijada que fuese a vivir allí, y éste se trasladó a Cuacos de Yuste con el pequeño don Juan. Poco después el niño fue presentado al Emperador, y alegró sus últimos días.


En 1.522 Carlos V regresa a España para aquietar tensiones, pero los primeros momentos están presididos por una fuerte represión. Las tensiones con las Cortes se vuelven a producir en 1.523, pero ya hay un cambio. El Emperador comienza a hablar castellano, hace suyos los ideales de los Reyes Católicos, y también un sector de la nobleza y del clero hace suyos los ideales europeos de Carlos V, y constituye lo que se llama el partido imperial.


Esta es la casa, en la plaza que ahora lleva su nombre, donde vivió Don Juan de Austria aquellos años en Cuacos de Yuste.
Tiempo después tendría la suficiente confianza de su medio hermano Felipe II como para ser capitán general en la guerra de las Alpujarras, 
capitán de la flota de la Liga Santa en la batalla de Lepanto, y gobernador de los Países Bajos. 
Apuesto y de trato afable, su victoria en Lepanto le hizo tener muy buena reputación en toda Europa. 
Felipe II nunca le concedió el trato de Infante de España, ni de Alteza. Según algunos historiadores, el motivo fueron los celos.


Buena parte de la alta nobleza castellana mantiene una postura crítica en relación a la política imperial, que está consumiendo a los reinos hispánicos, fundamentalmente a Castilla, y que la tiene apartada del poder. En Castilla se inicia un periodo interminable de peticiones de dinero por parte de la Corona, y de continuas quejas del reino porque el esfuerzo hispano no iba dirigido a solucionar problemas internos, sino a abordar cuestiones internacionales. La nobleza y el clero no están dispuestos a aceptar nuevos impuestos. Los representantes de las ciudades le recuerdan el problema que causan los piratas berberiscos y el drama de los cautivos. 


Puerta de acceso al Monasterio de San Jerónimo de Yuste. Estilo plateresco, primera versión española del renacimiento italiano, primera mitad del XVI.
Yuste era un lugar perdido, donde sólo había un convento de la orden Jerónima con una iglesia construida en la baja edad media con el patrocinio de los duques de Oropesa, y nada más. Vida monacal absoluta.


El Emperador inicia entonces un complicado sistema financiero basado en créditos, préstamos y anticipos, venta de cargos, de hidalguías y de tierras de la Corona, algo que permite mantener grandeza y poder en Europa, que hace a España más europea y la mantiene omnipresente en el ámbito internacional, pero que va agotando y esquilmando sobre todo a Castilla. Felipe II describirá a su padre, en 1.545, la penosa situación del campesinado castellano, acosado, entre otras cosas, por un impresionante sistema tributario, de esta forma: La gente del común está reducida a tan extrema necesidad y miseria que muchos dellos andan desnudos sin tener con qué se cubrir.


Patio gótico con arcos carpaneles, típicos del siglo XV, finales del gótico.
En el monasterio sólo se alojaron unas pocas personas del numeroso séquito que vino con el Emperador, el resto tuvo que buscar alojamiento en las poblaciones cercanas, sobre todo en Cuacos de Yuste. Ese séquito lo formaban 34 flamencos, 14 españoles, 2 italianos y 1 alemán. Para atender su vida religiosa y su pasión musical fueron cuidadosamente escogidos 38 frailes jerónimos de toda Castilla y llevados a Yuste.


En 1.526 se casa con Isabel de Portugal, una de las princesas más ricas de Europa, que enamoró con su dulzura no sólo a Carlos, sino a toda la corte. Este enlace había sido muchas veces sugerido por las cortes castellanas, para continuar la política de uniones matrimoniales con los reinos peninsulares iniciada por los Reyes Católicos. Con ella tuvo tres hijos, Felipe, que reinaría en España como Felipe II, María, que sería emperatriz tras su boda con Maximiliano II de Austria (el hijo de Fernando), y Juana, madre del rey don Sebastián de Portugal. 

Muy enamorado, cuando ella murió no quiso volver a casarse.


Fuente plateresca del patio gótico. Primera mitad del siglo XVI.
Uno de los miembros más interesantes del séquito de Carlos V en Yuste fue el matemático italiano Giannello Torriani (castellanizado Juanelo Turriano), 
su astrónomo, relojero e ingeniero hidráulico, conocido por todos los hombres de ciencia de su tiempo. 
Él fue el responsable de la canalización de las aguas del monasterio y de sus fuentes.


Aunque se le conocen muchos amoríos, todos los tuvo antes de casarse o después de enviudar. Hasta lo que se sabe, fuera del matrimonio tuvo 5 hijos con 5 mujeres distintas, incluida la niña que tuvo con Germana de Foix, y los más conocidos, Margarita de Parma, con la flamenca Juana Van der Gheinst, y don Juan de Austria con la bávara Bárbara Blomberg.


Patio renacentista del Monasterio de San Jerónimo de Yuste.
Los últimos monjes jerónimos que habitaban el Monasterio, pocos y muy mayores, se marcharon en 2.010 al Monasterio de Santa María del Parral, en Segovia, con sus últimos hermanos jerónimos. Actualmente en Yuste vive una pequeña comunidad de monjes paulinos polacos, que da servicio a los pueblos de la zona, y que se hospedan en una construcción moderna un poco apartada, lo que ha permitido abrir al turismo el monasterio.


A lo largo de su vida, Carlos llevó a cabo 4 guerras con Francia por el ducado de Milán y el reino de Navarra, con el ducado de Saboya, Borgoña y otros territorios del norte de Francia y el sur de los Países Bajos en juego. Ante la falta de soldada, sus tropas mercenarias saquearon Roma en 1.527. Ayudó a su hermano Fernando en la defensa de Viena frente a los turcos, y combatió a los berberiscos, aliados de éstos, en Túnez y Argel. Intentó detener la expansión del luteranismo, convocando Dietas en el imperio para llegar a acuerdos, y combatiendo a los príncipes alemanes protestantes en los campos de batalla. A pesar de su victoria en Mühlberg, se vio obligado a firmar la Paz de Augsburgo, por la que reconocía el derecho inalienable de los alemanes a elegir entre la confesión católica o el luteranismo.


Acceso a las habitaciones de Carlos desde el Monasterio.
Carlos V ordenó levantar su última morada adosada al lado sur de la iglesia del monasterio. El palacete tiene dos plantas, alta y baja, con una misma distribución: ocho piezas de diferente tamaño, separadas por un pasillo central.
La baja se pensó para ser habitada en verano, y la alta en invierno, pero finalmente sólo se utilizó la alta, y es la única que se visita.


Durante su reinado, Hernán Cortés conquistó el imperio Azteca, Pedro de Alvarado Guatemala, Francisco Pizarro el Imperio Inca y Francisco Jiménez de Quesada a los Chibchas, en Colombia. Sebastián de Benalcázar y Francisco de Orellana partieron de Quito en busca de El Dorado, y este último descubrió el río Amazonas. Juan Sebastián Elcano dió la primera vuelta al mundo, terminando el viaje iniciado por Fernando de Magallanes, y sentando las bases de la soberanía española sobre las islas Filipinas y las Marianas. 


En la distancia, el aspecto de las habitaciones de Carlos en Yuste semeja el de una villa de campo de la nobleza italiana de la época.
Entre el pasillo y la cabecera de la iglesia están la antecámara y la cámara imperial, con un balcón abierto al ábside de la iglesia, para que el Emperador pudiera asistir a los oficios desde la cama. Al otro lado del pasillo, dando al mediodía, el comedor y la sala de audiencias, más luminosas y con vistas al valle. Además, existen otras cuatro piezas menores, un retrete, una estufa, un reservado, y una última que sirvió de dormitorio a Felipe II cuando visitó el lugar.


Su Imperio fue desproporcionado, sin una estructura administrativa adecuada ni común, con muchos límites impuestos por las distancias espaciales y temporales. Resultaba difícil solucionar problemas y atender urgencias en el momento preciso, con aquellas infraestructuras. Hasta los mismos viajes del emperador se convirtieron en un factor negativo por la dificultad insuperable de atender conflictos coincidentes en el tiempo y alejados en el espacio. Su primera estancia en Alemania, si no lo desencadenó, alargó el conflicto comunero en Castilla. Los años que dedicó luego a Castilla dieron alas a la expansión del luteranismo alemán. Fracasó en Argel porque llevó a cabo la campaña en octubre, y la flota sufrió los temporales propios de esa época en el Mediterráneo. Más que fracaso, quizá habría que hablar de imposibilidad de la idea de una unión europea a esas alturas.


Juanelo Turriano es conocido sobre todo por haber diseñado y construido un famoso reloj astronómico capaz de indicar la posición de los astros en cada momento, y por el ingenio mecánico que construyó en Toledo para subir el agua del río Tajo al alcázar sólo con la energía generada por el río. 
Además de estos prodigios, construyó pequeños automatismos, colaboró en la construcción del Duomo de Milán 
y del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial,  y ayudó en la reforma del calendario Gregoriano. 


Carlos intentó dejar el Imperio en herencia a su hijo Felipe, lo que molestó a su hermano Fernando, que había sido nombrado Rey de Romanos en 1.531, título previo para ser nombrado emperador. 

A los 21 años el príncipe Felipe, nacido y educado en Castilla, que desea la corona imperial pero no ha salido aún de España, inicia un viaje con lo más granado de la aristocracia española para darse a conocer y seducir a los italianos, alemanes y flamencos. Su nulo don de lenguas, su fama de abstemio y sus excesos con las mujeres no le hacen caer muy simpático, en general, y los príncipes alemanes le comunicarán finalmente a Carlos que prefieren a Fernando como su sucesor. Después, en Bruselas, el príncipe Felipe se encuentra con su padre, al que nota muy avejentado, y ambos viajan juntos por los Países Bajos. 3 años después de su salida, el príncipe Felipe vuelve a España. Llamará a éste su "felicísimo viaje".


Dentro de sus trabajos hidráulicos en Yuste, Juanelo Turriano tuvo la idea de construir un estanque frente a las habitaciones de Carlos V,
algo que consiguió un bonito efecto estético, pero que no fue una buena idea para la maltrecha salud del Emperador.


Ningún gobernante abdica en esa época, por eso causa tanta sorpresa en toda Europa el hecho de que Carlos V tome esa decisión, movido por sus enfermedades y sus debilitadas fuerzas. Para su ceremonia de abdicación en Bruselas hace llamar a las personas más relevantes de sus reinos, entre ellos, por supuesto, a su hijo Felipe, entonces en Inglaterra como rey consorte por su matrimonio con María I de Inglatera e Irlanda, también conocida como Bloody Mary, María la Sanguinaria, por la persecución que hizo de los anglicanos durante su breve reinado. 


Carlos V pasaba largos ratos en esta amplia terraza cubierta y soleada, en el acceso a sus habitaciones. Fue aquí donde, mientras comía el último día de agosto de 1.558, sufrió la picadura de un mosquito Anopheles, que le contagió el paludismo o malaria, una enfermedad común en esa comarca entonces. Estos mosquitos se crían en el agua dulce de poca profundidad.


En esa ceremonia Carlos designa como sucesores a su hijo Felipe, al frente de sus reinos, y a su hermano Fernando, en el Imperio. Después de él habla Felipe para rendir homenaje a su padre, se disculpa por no hablar flamenco, y cede la palabra al cardenal borgoñón Granvela, su hombre de confianza. Ahora son los flamencos los que tienen un rey extranjero, que no habla su lengua, y que se marcharía pronto, para no volver.


Rampa de acceso a la planta alta de las habitaciones. No se construyó para subir a caballo, sino para que Carlos V pudiera bajar desde la terraza al jardín de la misma manera en que habitualmente se desplazaba en sus viajes, a causa de la gota: en silla de mano, o en litera.


Manuel Fernández Álvarez cuenta, en su libro Carlos V, el César y el Hombre, que Sánchez Loro, en su obra La inquietud postrimera de Carlos V, comenta un texto de fray José de Sigüenza sobre su historia de la orden jerónima en el que, a su vez, cuenta (esta vez sí) cómo el Emperador había ya ordenado en 1.542 que una comisión eligiese un sitio y un convento adecuados para retirarse del mundo y que, examinando varios, se decidieron por Yuste como el más apartado y de clima menos riguroso. Es posible, también, que Carlos V valorara las alabanzas que del lugar le debió hacer una de sus personas de máxima confianza, don Luis de Ávila y Zúñiga, marqués de Mirabel y vecino de Plasencia, donde tenía un palacio que todavía está en buen estado.


A pesar de que trajo preciosos muebles, vajilla de plata, y ricos tapices flamencos, el conjunto asombra por su sencillez


En sus últimos días sus colaboradores procuran silenciarle, por lo que le afecta, los sucesos más graves de la Monarquía, como su repliegue en el norte en África, la pérdida de Trípoli, la inminente pérdida de Orán, la de Calais, aunque se entera a través de sus criados. También le aflige enormemente la muerte de su hermana Leonor, la que le acompañó en su primer viaje a España. Pero lo que más le indigna de todo son los brotes luteranos en Castilla y Andalucía. Desde el primer momento en que le llega la noticia, pide el más severo de los castigos que la legislación de la época marcaba para los herejes, y también que todo el asunto se pusiera en manos del Inquisidor General. Desde este momento el conflicto luterano se convertirá en su gran obsesión, y escribe a su hijo Felipe II, entre otras, estas palabras: "para que los herejes sean pugnidos y castigados con toda demostración y rigor, conforme a sus culpas, sin excepción de persona alguna, ni admitir ruego ni tener respeto a nadie..."

Ahora se sabe que otro de los motivos de su retiro en Yuste fue el deseo de acabar sus días en una tierra libre de herejía.


Carlos V organizaba solemnes funerales por su propia alma, que presenciaba tétricamente en la iglesia del Monasterio.
Este cuadro que representa aquellas lúgubres ceremonias se conserva en el Monasterio Jerónimo de Santa María del Parral, en Segovia,
el único monasterio del mundo que aún mantiene una comunidad de monjes jerónimos, todos ya muy ancianos.


Para la memoria colectiva, algo escasamente histórico y que no tiene nada que ver con los análisis especializados, pocos monarcas son recordados por un talento tan europeísta como Carlos V. A pesar de las numerosas confrontaciones, su imagen internacional nunca suscitó las antipatías personales que despertó su hijo Felipe II. Los manuales de historia nacionales de los territorios donde estuvo presente lo consideran suyo: flamencos, alemanes, españoles y austríacos.


Cripta de la iglesia, bajo el presbiterio, donde descansó el cuerpo de Carlos I de España y V de Alemania, 
hasta que su hijo Felipe II se lo llevó al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, ya que Yuste no le parecía un lugar digno.
Su voluntad era reposar en el hueco de la izquierda, con la mitad de féretro sobresaliendo por fuera para ser así "pisado" desde arriba por el sacerdote durante la misa.
La tradición de los monjes mantiene que el ataúd que puede verse al fondo es el que contuvo su cuerpo durante ese tiempo. 
Nadie sabe por qué lo han sacado del hueco hace un par de años, donde se exponía cubierto con una bandera de España.


Carlos V sufría enormemente de gota, que le mantenía tullido, y también padecía hemorroides, pero lo que le lleva a la tumba es la malaria. El 20 de septiembre de 1.558 entra en agonía, pide que los monjes le lean los salmos, pide el crucifijo con el que había muerto su mujer, la Emperatriz Isabel, y ordena que enciendan las velas de los moribundos. Muere esa noche, a las dos de la mañana del día 21.


San Lorenzo de El Escorial, último enterramiento del emperador Carlos V, hecho construir por su hijo Felipe II de España como Monasterio, Colegio, Seminario, Palacio público, Palacio Privado, Basílica, Biblioteca y Panteón Real.
Estilo Herreriano, mezcla de renacimiento italiano y austeridad castellana.
Las habitaciones reales junto al presbiterio de la Basílica, con un balcón abierto a él por un lado para poder seguir la misa desde el dormitorio, y por el otro lado orientadas al sur y con magníficas vistas, siguen la misma disposición que las habitaciones construidas para Carlos en Yuste.
Las cubiertas muy inclinadas de pizarra, típicas de Flandes y muy del gusto de Felipe II, fueron construidas por maestros flamencos mandados venir por él, y se pusieron de moda en España con este estilo Herreriano. Son huellas en España de aquel pasado común.


Gracias a su recuerdo, desde 1.995 la Fundación Academia Europea de Yuste concede cada dos años, en su Monasterio, el Premio Europeo Carlos V a aquellos que "con su esfuerzo y dedicación han contribuido al conocimiento general y engrandecimiento de los valores culturales, científicos, sociales e históricos de Europa, así como al proceso de unificación europea. Hasta ahora han recogido aquí este galardón Jacques Delors, Felipe González, Mijaíl Gorvachov, Jorge Sampaio, Helmut Kohl, Simone Veil, Javier Solana, y José Manuel Durao Barroso.


El agua y la vida siguen corriendo en Cuacos de Yuste, todavía un lugar muy apartado y tranquilo, aunque ya no tan libre de herejías.
Entre la gente de la zona aún se pueden rastrear algunos apellidos de origen flamenco, llegados allí con las personas del séquito del emperador Carlos V.


Y ahora me van ustedes a permitir que, en un blog con este título, me tome la licencia de pensar que, en sus últimos delirios febriles, el Emperador Carlos V, obsesionado con la idea de ese Dios católico que le había elegido para hacer cumplir sus planes, ese que tanto había defendido dentro y fuera de los campos de batalla, creyera encontrarse con él finalmente, y le preguntara por qué acababa con él tan pronto, y de esa manera. Y que entonces, su Dios católico le dijera, acariciándole la cabeza, estas palabras: La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con mucha intensidad, Carlos.



Bibliografía:
- Carlos V. Cuadernos de Historia 16. Manuel Fernández Álvarez, Ana Díaz Medina, Teófanes Egido y Demetrio Ramos.
- Carlos V, el César y el Hombre. Manuel Fernández Álvarez.
- http://www.diomedes.com/carlosV.htm