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domingo, 1 de junio de 2014

El Pintor que vino del Este

Vista y plano de Toledo. Hacia 1.610-1.614.  Procedencia: http://miratoledo.blogspot.com.es.
Este cuadro abre la exposición El Griego de Toledo. Todo un homenaje a la ciudad que le acogió.
Hace 400 años murió El Greco en Toledo. Con este motivo han montado allí un amplio programa de actividades, y una magnífica exposición en el Museo de Santa Cruz: El Griego de Toledoque se promocionó en todos los telediarios del país en el momento de su inauguración. Yo fui a verla hace varias semanas, una tarde de abril. Me encantó.

Antes, por la mañana, para hacer boca, me pasé por el Hospital Tavera, donde se guardan algunas obras de El Greco, como El Bautismo de Cristo. Después, por el Museo del Greco, que aún no conocía.

Doble Patio del Hospital Tavera, de Alonso de Covarrubias, 1.541. Las obras fueron finalizadas por Bartolomé Bustamante.
Propiedad de la Casa de Medinaceli. En su Basílica se pueden contemplar algunas pinturas de El Greco.
Era una mañana de niebla. Apenas se veía la cubierta del cimborrio.
Acceso a la Iglesia. Adentro no se pueden tomar fotografías.
Paseo Merchán. Al fondo, la cubierta del cimborrio de la iglesia del Hospital Tavera.
Glicinias en flor, en abril, en la pérgola de fundición del Paseo Merchán.

Doménikos Theotocópoulos, El Greco, nació en 1.541 en la isla de Creta, que entonces formaba parte de la República de Venecia. En 1.563 se le menciona en un documento como maestro de la pintura de iconos ortodoxos.

Escaleras mecánicas de subida al casco antiguo de Toledo. 
Son de Elías Torres y José Antonio Martínez Lapeña. 2.000.

En el verano de 1.567 se encuentra en Venecia, donde inicia su asimilación de la pintura renacentista. Aprende el modo de trabajar de los pintores venecianos del momento, sobre todo de Tiziano, Tintoretto y Bassano. Renuncia a los fondos dorados, y coloca a sus figuras en espacios sometidos a las leyes de la perspectiva, que toma de tratados de arquitectura. 

En lugar de pintar al temple, comienza a trabajar con la técnica al óleo, que era la usual en occidente desde Jan van Eyck. No obstante, durante toda su vida seguirá comenzando muchas de sus obras con pinturas al temple. También comienza a preferir el lienzo, como soporte, a la habitual tabla usada en oriente. 

Acceso al Museo del Greco, Toledo. Reformado por Pardo + Tapia Arquitectos en 2.012
Plano de planta baja del Museo. Pabellón de acceso.
Plano de la planta primera del Museo. Pabellón de acceso.
Vista posterior del nuevo pabellón de acceso al Museo del Greco. Pardo + Tapia Arquitectos.

En Venecia la elección de los colores intensos, estridentes y expresivos, propios del manierismo cromático veneciano, y la configuración de la luz, su principal medio de expresión, con la capacidad de iluminar las escenas desde un foco determinado, adquirirán una impronta decisiva. Los formatos siguen siendo de dimensiones pequeñas, quizá por los pocos encargos recibidos.

El Greco, al igual que su maestro Tiziano, pintará alla prima, introduciendo directamente los personajes y los escenarios con sus pinceles, sin seguir un dibujo previo. Es la pincelada de color la que modela las figuras, distribuye las luces y las sombras, y sugiere los efectos desechos de los fondos.

Acceso a las famosas Cuevas del Museo. 
Son las bodegas, o almacenes abovedados, del antiguo palacio del adinerado e influyente sefardí Samuel Ha-Leví.
El Museo ocupa parte del antiguo palacio. La verdadera casa del Greco no estaba lejos.
El Greco se alojaba en unas estancias de las casas el Marqués de Villena, actualmente demolidas.
Sobre ellas se realizó el actual Parque del Tránsito

En 1.570 se marcha a Roma. La competencia que reinaba entre los artistas de Venecia ya había hecho abandonar esa ciudad a otros artistas que tenían más posibilidades que El Greco allí. En vida de Tiziano, sus competidores Tintoretto y Veronés frecuentemente sólo encontraban trabajo cuando el maestro ya estaba ocupado con algún encargo.

Patio del antiguo palacio de Samuel Ha-Leví.
La idea de realizar una Casa-Museo para El Greco en Toledo fue del Marqués de la Vega-Inclán, en 1.911.
Estaba ambientada con mobiliario de la época. Tuvo un enorme éxito, y se convirtió un un hito cultural de Toledo y de España.
El Greco había sido redescubierto por los pintores modernos, y despertaba entonces mucho interés en Europa.
Numerosos intelectuales de la época visitaron, entre ellos Albert Einstein.

En Roma se aloja en el palacio del Cardenal Alejandro Farnesio, uno de los mecenas más importantes de su tiempo. Doménikos esperaba encontrar un nicho en el mercado romano del retrato. En el siglo XIX, incluso los más vehementes críticos del artista, como el pionero de la investigación del arte español Carl Justi, estimarán siempre sus retratos. Sin embargo, el pintor deseaba obtener reconocimiento también en otros géneros.

El Greco aprovechó las oportunidades de formación que se le brindaron en su nueva residencia. Estudió las colecciones del cardenal y de su bibliotecario, el humanista Fulvio Orsini. Admiró la obra de Miguel Ángel, que le influyó especialmente, y de otros manieristas romanos, pero no adquiere reconocimiento a largo plazo en el palazzo Farnese, y tampoco puede destacar mucho en el competitivo mundo artístico romano, ni conseguir ningún encargo de importancia.

Apóstol Santo Tomás. 1.610. Museo del Greco.
El Salvador. Detalle. Museo del Greco.
El Salvador. Detalle. Museo del Greco.
Retablo de San Bernardino. 1.603. Museo del Greco.
Retablo de San Bernardino. Detalle.
Armadura de lazo instalada en la capilla de San Bernardino. Museo del Greco.
¿Andará Enrique Nuere detrás de esto?

¿Por qué se vino a España? No hay una respuesta clara. En esa época vivían en Roma unos 30.000 españoles, algo más de la cuarta parte de la población de la ciudad. Además, los Austrias españoles invertían mucho dinero en cada elección papal para conseguir que se eligiera un candidato favorable, y una de sus principales familias aliadas era la Farnesio, en cuyo palacio se había alojado El Greco. Fulvio Orsini, además, era amigo del humanista español Pedro Chacón quién, a su vez, se reunió por lo menos una vez en Roma con Luis de Castilla, joven clérigo e hijo del deán de la catedral de Toledo, que se convirtió en uno de sus amigos más íntimos y en defensor del artista durante toda su vida, hasta el punto de que se convirtió en el albacea de su testamento.

Fachada y jardines del Museo. Es una visita previa a la exposición muy recomendable.
Fachada y jardines del Museo. Adentro se pueden visualizar dos documentales divulgativos.
Cuentan la vida y la técnica pictórica del Greco, y la también interesante historia del Museo.
Torre de la iglesia de Santo Tomé, de camino al restaurante. 
En la calle, la cola para ver El Entierro del Conde de Orgaz era larguísima
En 1.576 se conoce ya la presencia de El Greco en España, donde se estaba construyendo El Escorial, en aquel tiempo la mayor construcción en obras de toda la cristiandad, y donde pretendía recomendarse a Felipe II. No tuvo éxito, y se afincó en Toledo, la capital religiosa de España y una de las más grandes de Europa en aquel momento. La ciudad le influyó especialmente. Allí desarrolló su inconfundible estilo personal, espiritual, colorido, estilizado, desproporcionado, fantástico, extravagante, caprichoso, fantasmagórico, idealizado..., que recogía todo el aprendizaje de su viaje vital por el Mediterráneo.

Entrada a la Exposición El Griego de Toledo. Museo de Santa Cruz.
Han traído obras de Copenhague, Nueva York, Washington, París, Atenas, Syros, Módena, Nápoles, Roma, Londres, San Petersburgo, Ginebra...
Adentro no se podían tomar fotografías. Una pena, porque había multitud pinturas con preciosos detalles y matices.
El Caballero de la Mano en el Pecho. Hacia 1.583-1.585. Icono del caballero español. Formaba parte de la exposición.
Fotografía tomada en el Museo del Prado, cuando aún se podían tomar.
Cristo crucificado con dos donantes. Hacia 1.590. Formaba parte de la exposición.
Fotografía tomada en el Museo del Louvre. París.
San Luis, rey de Francia. 1.592-1.595. También formaba parte de la exposición.
Fotografía tomada en el Museo del Louvre. París.

Antonio Palomino, tratadista de pintura español del XVIII, afirma que El Greco contribuyó en gran medida a que en España las artes plásticas se emanciparan de la artesanía. Francisco Pacheco, pintor y tratadista de arte, además de suegro de Diego de Velázquez, visitó su taller en 1.610, poco antes de su muerte, lo que para muchos quiere decir que la obra de El Greco se había hecho oír en España, ya en vida.

Alegoría de la Santa Liga. Detalle. Hacia 1.577-1.599. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Fotografía tomada sobre uno de los carteles de la exposición. 
Magdalena penitente. Detalle. Hacia 1576. Budapest. Szépmüvészeti Muzeum.
Fotografía tomada sobre uno de los carteles de la exposición. 

Entre los bienes que se encontraban en el taller de Velázquez en el momento de su muerte figuraban 3 retratos de El Greco. Parece ser que sobre su influencia en Velázquez hay distintas teorías. He leído referencias en internet que hablan de los siguientes estudiosos: Manuel Bartolomé Cossio ve en El Greco un antecedente necesario; Diego Angulo Íñiguez piensa que hay préstamos evidentes de él en la obra de Velázquez; el académico Fernando Marías Franco especula con la hipótesis de que Velázquez pudiera haber acompañado a Pacheco en su visita de 1.610, cuando tenía sólo 11 años. Otros, como Jonathan Brown y Enriqueta Harris, no ven ninguna relación entre ambos.

Palacio de Congresos de Toledo. Rafael Moneo. Saliendo de la ciudad vieja, al atardecer. 
La Puerta del Sol, al atardecer.
Puerta de Bisagra. Salida de la ciudad vieja.

Cuenta Michael Scholz-Hänsel, en su obra El Greco (Taschen), que fueron los intelectuales, los cartógrafos, los otros artistas, los clérigos, humanistas, etc., y no los nobles y sus cortes, los que promocionaron a El Greco en vida. Y fueron escritores, críticos de arte y una vanguardia artística internacional hacia 1.900, y no los historiadores de arte, los que impulsaron su redescubrimiento. 

El portavoz de este movimiento fue el artista vasco Ignacio Zuloaga (1.870-1.945), que obtuvo una gran fama por sus temas españoles, mucho más allá de la península ibérica. A él le siguieron Santiago Rusiñol, Rainer María Rilke (que viajó a Toledo en 1.912), y el crítico de arte alemán Julius Meier-Graefe (su viaje a España, en 1.910, es un canto de alabanza a El Greco). Pablo Picasso conoció la fiebre por El Greco en Madrid y Barcelona. Para pintar su escandaloso Las señoritas de Avignon recurrió a algunos motivos de La Apertura del Quinto Sello, de El Greco. 

Dice también Scholz-Hänsel que, según Meier-Graefe, El Greco obtuvo su fuerza de la falta de patria. Él, el pintor de iconos de formación bizantina, se labró una identidad propia al transformar, en un contexto occidental del arte, sus aparentes déficits en fuerza, al formar un estilo individual partiendo de una mezcla híbrida de diversas culturas, aunque este estilo tardara cuatrocientos años en encontrar realmente su público.

Fachada del Hospital Tavera, al atardecer, de camino al coche. Esta fachada es tardía, del siglo XVIII.
Huellas del paso del tiempo en el exterior de la Iglesia del Hospital Tavera.
Grandes manchas de humedades. Mansarda en mal estado. Piedra cediendo en el arco de la ventana termal.
El peso de la historia en Toledo es demoledor. Confío en que siga manteniéndose, como la obra de El Greco.

¿Por qué pintaba así El Greco? Mucha gente se lo pregunta. Muchos estudiosos se lo han preguntado. Algunos llegaron a decir, hace ya tiempo, que era porque tenía astigmatismo. Sin embargo, por lo que he podido entender en la visita de aquel día, y en lo que he leído después, El Greco pintaba así porque buscaba su ideal de belleza, igual que Miguel Ángel había buscado el suyo.

Estuvo buscando, a lo largo de toda su obra, una belleza idealizada, la belleza en la que él creía, muy alejada de la representación fiel y proporcionada de la realidad. Un concepto demasiado moderno para su época.

Vista de Toledo. Detalle. Hacia 1.597-1.599. Nueva York. The Metropolitan Museum of Art.
La torre de la catedral está cambiada de sitio, con el fin de mejorar la composición.
Se desconoce cualquier referencia sobre el edificio situado delante del alcázar.
Pudo haberlo cambiado de sitio igualmente, o haberlo inventado para la composición.
La fotografía está tomada sobre uno de los carteles de la exposición.


domingo, 12 de enero de 2014

Buscando la Belleza, en el Louvre, sin Ramón Trecet

Comencé a escuchar Diálogos 3, el programa de Ramón Trecet en Radio 3, cuando yo aún estaba en el instituto. Seguí escuchándolo mientras estudiaba Arquitectura, pero fue entonces cuando el horario me venía peor, y cuando empecé a escuchar otros programas de la misma emisora. Al principio fue El Ambigú, de Diego Manrique. Después, muchos otros: Peligrosamente Juntas, Una hora con Jazz, El Mono Temático, Cuando los Elefantes Sueñan con la Música, Videodrome, A todo Jazz, La Estación Azul, Flor de Pasión, El Trópico Utópico, Discópolis... Ya han quitado casi todos, y ahora apenas pongo Radio 3 aunque, si tengo la oportunidad, aún escucho Sonideros, o Melodías Pizarras.

Sin embargo, siempre me gustó la voz y el estilo de Trecet, entre espiritual, profundo y melancólico, y nunca olvidé la recomendación que repetía todos los días, al finalizar su programa: Buscad la belleza, que es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo.

Ramón Trecet, buscador de la belleza
Yo no soy tan radical, y sí más vitalista. Creo que hay muchas cosas que merecen la pena en este mundo no tan asqueroso. Pero como pose estética me parece una gran frase.

Pasó el tiempo. Aprendí a dibujar, a hacer fotografías, a apreciar la buena literatura, el buen cine, la buena arquitectura, el arte en general. A viajar, a disfrutar de la belleza, a buscarla.

En 2008 Trecet se marchó de Radio 3 por desavenencias con la dirección, y dejó de emitirse su programa. Dos años después viajé con mi novia a París, donde pasamos 10 días. Uno de ellos, entero, lo pasamos en el Museo del Louvre, buscando la belleza.

Había planeado ese día con todo detalle. Nos levantamos a las siete de la mañana. De vacaciones, sí. Nos duchamos, salimos del Hotel Internacional, donde nos hospedábamos, y tomamos un café con croissants en la cafetería La Fauvette, en la Avenida Parmentier. No estábamos en zona turística, sino a unas manzanas. Aquella era una cafetería sencilla, de barrio, donde desayunaban con nosotros a esa hora, en la barra, señoras y señores que se iban a trabajar.

Cogimos el metro en Goncourt y a las 8:35 ya estábamos haciendo cola en el acceso subterráneo al que se llega directamente desde la estación de metro Palais Royal - Musée du Louvre. Teníamos unas 30 personas delante. La visión del gran lucernario con forma de pirámide invertida y opuesto a otra pequeña pirámide de piedra sobre el pavimento presagiaba una visita interesante.

Acceso subterráneo al Louvre
Oposición de las dos pirámides
El objetivo nº 1 era ver a la Mona Lisa con el menor número posible de turistas alrededor, para poder contemplarla tranquilamente durante unos segundos, y poderle tirar una foto aceptable. Después, ver el resto del museo, hasta que cerraran.

Abrieron las puertas a las 9:00. Pasamos por debajo de la gran pirámide central y tomamos las escaleras de la derecha. Luego fuimos siguiendo todas las indicaciones hacia la pintura italiana que nos íbamos encontrando, sin correr, pero a paso de marcha. En lo alto de una enorme escalinata nos salió al paso la Victoria de Samotracia. No pude evitar detenerme unos segundos a hacerle unas fotos.

La Victoria de Samotracia, sobre la proa de un navío. 
Hacia 190 a. C.
Había dibujado esta otra vista de la Victoria cuando era estudiante, a carboncillo, y aún cuelga de la cabecera de mi cama, en casa de mis padres.


Ahora la están restaurando, con ayuda del crowdfunding, para devolver a los mármoles las tonalidades originales.

Nos habían adelantado un par de personas, pero continuamos nuestro paso ligero, siguiendo las indicaciones, hasta dar con la sala donde se expone la Mona Lisa, el cuadro más famoso de la historia. No éramos los primeros, pero apenas había 4 ó 5 personas contemplándola, alrededor de un cordón de seguridad de unos ¿5? metros de radio, detrás de un vidrio blindado. Realmente, no se podía percibir ningún detalle de la pintura a esa distancia. La miré unos segundos, e hice la mejor foto que pude, con mi modesta compacta Fuji f10, alargando el brazo. Después de recortar la imagen en casa, esta es la foto que puedo mostrar:

Mona Lisa. Leonardo da Vinci.
77x53 cm, a unos 5 metros de distancia, tras su vidrio blindado de 40 mm de espesor.
Empezaba a entrar cada vez más gente en la sala, y todos venían a ver la Mona Lisa. Enfrente de ella estaba Las Bodas de Caná, del Veronés, un cuadro enorme de casi 7x10 metros, con una composición muy compleja y hermosos colores venecianos, al que nadie prestaba mucha atención.

Las Bodas de Caná. El Veronés
Salimos al corredor, y no volvimos a esta sala hasta la tarde. Este era su abrumador aspecto a eso de las cuatro:


A las 9:20 aún, y ya fuera de la sala de la Mona Lisa, pero cerca de su entrada, había otras dos obras de Leonardo a las que sorprendentemente nadie estaba prestando ninguna atención. Pude contemplarlas de cerca, y apreciar su sfumato tranquilamente, sin nadie a mi lado. Todos estaban dentro, viendo a Mola Lisa.

La Virgen de las Rocas. Leonardo da Vinci
La Virgen, el niño Jesús y Santa Ana. Leonardo da Vinci.
Siempre que le he contado a alguien que estuve un día entero en el Louvre se ha quedado atónito. Me pregunto si esta reacción está tan extendida realmente, pero supongo que si vas a pasar sólo 3 ó 4 días en París, que puede ser lo habitual, no se te ocurre hacerlo. Nosotros, con nuestros 10 días, nos lo pudimos permitir. Pero además no se nos hizo nada pesado. Creo que para eso influyó mucho la combinación de pintura y escultura de tantas distintas culturas y períodos, y su enorme calidad. Voy a mostrar aquí sólo algunos ejemplos de nuestro recorrido de ese día en busca de la belleza, a modo de aperitivo, para tratar de animar a los escépticos.

Primero, un poco de pintura italiana, camino del arte egipcio, nuestro objetivo nº 2.

Salas de pintura italiana, en el Louvre
La Virgen y el niño con Santa Catalina y un conejito. Tiziano
Crucifixión. Andrea Mantegna
Virgen con niño y san Juanito. Botticelli.
Coronación de la Virgen. Fra Angelico
Estuvimos viendo arte egipcio hasta las 12:00. No había mucha gente allí. No sé a ustedes, pero a mí me fascina.

Horus, o el Halcón
La diosa Bastet, representada como un gato. XXVI dinastía (664 - 610 a. C.)
Los ojos son incrustaciones de vidrio de color

Aquí tienen a Osiris en medio de su hijo Horus y su esposa Isis. Figuras de oro, pilar de lapislázuli. Osiris lleva tiara. Horus, cabeza de halcón y la doble Corona Real (Alto y Bajo Egipto). Isis, cuernos de vaca y disco solar.

Osiris en medio de Horus e Isis. Dinastía XXII (874-850 a. C.)

¿Los Óscar egipcios?




¿Han oído hablar de Ramsés II? Aquí aún era un muchacho:

Placa votiva de Ramsés II. XIX dinastía (1279 - 1213 a. C.)
A éste le falta la peluca, que se labró como pieza independiente, pero se perdió:

Cabeza Salt, o cabeza roja. Periodo de Amarna


Estatua en diorita del dios Amón, protector de Tutankhamón.
XVIII dinastía (1.336-1.327 a. C.)

¿Quién no ha tenido esta imagen del escriba sentado en su libro de historia? 

Escriba sentado. Saqqara, IV Dinastía
No se sabe nada sobre su identidad, pero es de un realismo espectacular. La estatua es de piedra caliza, pero sus ojos están tallados en cristal de roca, cuarzo blanco y ébano. Aquí pueden ver un detalle:

Realizada entre 2.480 y 2.350 a. C. 53,7 cm de altura.
¿Y qué me dicen de este bigote? Es una de las más antiguas representaciones de un personaje adornado con uno.

Mayordomo Keti.
VI dinastía (2.350-2190 a. C.)
¿Y este enano simpático? Es un genio o dios familiar protector de la casa, del sueño y de la alegría de la danza, al parecer muy popular no sólo en Egipto, sino en todo el Mediterráneo, en la antigüedad. Se llama Bes, y parece ser que el nombre de Ibiza deriva de él.

Dios enano Bes.
Más animales. Viva la idolatría:




Toro sagrado Apis
Halcones embalsamados, en sus pequeños sarcófagos
¿Y esto les impresiona, o no? En directo, les aseguro que sí impresiona:

Momia cubierta. Época ptolemaica.
Más belleza egipcia:



Esta era la cola que se podía ver desde una de las ventanas del museo, a media mañana:


Más:

Barca que cruza al difunto al país de los muertos
Faraón representado como Dios Apis
El dios Horus entrega el Anj (vida) al Faraón
Horus. Oro y lapislázuli
Gran esfinge de Tanis. 2600 a. C. Cuerpo de león y cabeza de Rey
Poco después de las 12:00 fuimos a comer. Hay que adaptarse a los horarios del país, y no queríamos encontrarnos llenos los restaurantes que hay en el complejo, a la salida del museo. Por unos 12 euros pudimos comer un menú bastante aceptable, después de elegir entre varias opciones. A las 13:30 estábamos de vuelta, sin necesidad de pagar ningún suplemento o de volver a hacer cola.

De nuevo dentro del museo
Siguiente objetivo: Escultura grecorromana.

Este esconde una sorpresa por delante: 

Hermafrodita Borghese. Copia romana de un origial griego
Hermafrodita era hijo de Hermes y Afrodita, de quienes recibe el nombre. La escultura es una copia romana de un original griego. El colchón sobre el que descansa fue esculpido por Bernini en 1.619.

La siguiente es otra copia romana de una escultura helenística. Representa al viejo Marsias castigado por Apolo por haberle vencido en una competición musical. Remite a reflexiones griegas sobre la capacidad humana de equipararse a los dioses, y sobre el orgullo desmesurado. Es un referente de representaciones del Cristo crucificado:

Marsias despellejado por Apolo. Siglo II a. C.

A ésta supongo que la conocen. La descubrió un campesino en la isla de Milo, en las Cícladas, en 1820, y se la vendió a Francia. Aunque se conoce por su nombre romano, realmente representa a la diosa griega Afrodita:

Venus de Milo. 130-100 a. C.
La siguiente es la Venus de Arlés. La encontraron en 1.651, en el teatro romano de Arlés. La manzana y el espejo fueron añadidos en una restauración del siglo XVII. Probablemente es una copia de la Afrodita de Thespies, del clásico escultor griego Praxíteles.

Venus de Arlés. Obra romana, Siglo I d. C.
Al fondo de la Venus de Arlés se puede ver la expectación alrededor de la Venus de Milo. ¿No creen que esta otra se debía sentir un poco sola?

El que sigue es Ares, dios de la guerra. Es la estatua más completa y mejor conservada de una serie de réplicas romanas que reproducían un original griego desaparecido.

Ares. Siglo I-II d. C.
¿Han oído hablar de la sonrisa etrusca? Aquí están los esposos, sonriendo al visitante: 

Sarcófago de los esposos. Finales del siglo VI a. C.

Todavía más. Ahora, escultura del renacimiento:

Esclavo moribundo. Miguel Ángel
Esclavo rebelde. Miguel Ángel
Neoclásica:

Cupido y Psique. Antonio Canova.
Persa. Atención a este capitel de una de las 36 columnas de la sala del trono, o Apadana, del palacio de Darío I en Susa. Este es el capitel. ¿Se imaginan la columna? ¿Y la sala?

Capitel  de la sala del Trono. Susa, Irán. 510 a. C.
Asa de plata de una vasija en forma de Íbex saltando. 400 a. C.



Friso de los arqueros. Palacio de Darío I. Susa, Irán. 510 a. C.

Asiria:

Toro alado que guardaba las puertas del palacio de Khorsabad. Asiria. 721-705 a. C.
Detalle

Mesopotamia:

El rey Gudea de Lagash en oración.
Estatua de diorita. Hacia 2.200 a. C.
La siguiente está considerada una obra maestra por su conservación, calidad y estilo expresivo. Está hecha en alabastro, hacia el 2.400 a. C.

El superintendente Hebih-il, de Mari. 

Ahora uno de los conjuntos de leyes más antiguos que se han encontrado, y el mejor conservado: el Código de Hammurabi. Es un bloque de basalto de 2,50 metros de altura, tallado en 1760 a. C. La fotografía representa la parte superior del bloque, donde el dios sol de Mesopotamia, Shamash, con larga barba y sentado, comunica a Hammurabi, rey de Babilonia, las leyes que están inscritas más abajo, en caracteres cuneiformes acadios. El rey escucha las leyes de pie. ¿Antecedente de Moisés en el Sinaí? Fue restaurado en 2.003.

Código de Hammurabi
Estatua de león de cobre, con incrustaciones de piedra caliza en los ojos.
Templo de Mari. Hacia 2.000 a. C.

Estatuilla de Iddi-Ilum, príncipe-gobernador de Mari. 2.090 a. C.
Siglo XIX.


Retorno a la pintura. Belleza del renacimiento italiano:

La bella jardinera. Rafael
Retrato de Baltasar Castiglione. Rafael
Belleza española. También estamos allí:

Cristo en la Cruz, con dos donantes. El Greco
Niño espulgándose. Murillo
La Deposición de Cristo. José Ribera
La reina Mariana de Austria. Velázquez
Supongo que conocéis a la princesa Margarita, la de las Meninas. Es la que irrumpe en el salón del viejo Alcázar de los Austrias mientras Velázquez está pintando a sus padres, los reyes, que se reflejan en el espejo del fondo.

La princesa Margarita. Velázquez
Parece ser que hay un poco de polémica sobre la verdadera autoría de este último. Podéis echar un vistazo aquí: http://www.elmundo.es/elmundo/2006/12/25/cultura/1167052086.html

Mujer joven con abanico. Goya
Rusa.


Británica.

Confluencia del Sena con el Marne. Turner
Francesa. Este es otro clásico de los libros de Historia:
La consagración de Napoleón. Jacques-Louis David
Otro más: 

La Libertad guiando al pueblo. Delacroix
La muerte de Sardanápalo. Delacroix
Unas vistas desde lo alto de aquella ala del Museo:

Pirámide de Cristal, de Ieoh Ming Pei

Arco de triunfo del Carrusel. Al fondo, la Torre Eiffel

Holandesa:

Este que viene está considerado el maestro de la luz matizada de los países del norte:

La encajera. Johannes Vermeer.
Este otro no necesita presentación:
Filósofo meditando. Rembrandt
¿Qué creen que le estará pasando por la cabeza a Betsabé en este momento?
Betsabé recibe la carta de David. Willem Drost
Cerraban a las 18:00, pero a las 17:45 nos empezaron a echar de allí los de seguridad. Cogimos el metro y nos fuimos a cenar al hotel pero, antes de subir, nos tomamos unos vinos de Burdeos (unos 4 € el cuarto de litro, creo recordar, un vino bastante aceptable) en la terraza de la Fauvette, mientras mirábamos pasar a los parisinos por la acera y hablábamos de todo lo que habíamos visto. Ese momento fue sencillo, económico y humilde, pero también fue bello, aunque esto ya no lo pude captar en una fotografía.


Hace un año me registré en facebook y comencé a seguir a un grupo de esa red que se llama Diálogos 3 por Ramón Trecet, un club de fans donde se comparte el estilo de música, entre New Age y Músicas del Mundo, que se emitía en el programa. Algunos temas son buenos, algunos pocos muy buenos. Pero no está su voz, ni están sus comentarios profundos y pausados. Y no es lo mismo.


¿Me permiten que les diga una cosa? Creo que lo más importante no es buscar la belleza, sino saber encontrarla en nuestra vida más o menos rutinaria, y compartirla con las personas que la valoran y que nos hacen sentirnos bien. Aunque para darse cuenta de eso haya que irse muy lejos, y llegar a conocer muchas cosas.

En realidad buscar la belleza es otra manera de buscarse a uno mismo.